El náufrago del PRI
En la intimidad de su oficina en Palacio Nacional, Enrique Peña Nieto concedió una entrevista exclusiva a un medio de circulación nacional, quizá una de las últimas que conceda de esta naturaleza. Ahí, en ese espacio que cada vez se ve más solo, sus respuestas reflejan la huella que deja la peor derrota sufrida por el otrora partido hegemónico.
Concebido por Plutarco Elías Calles -tras el asesinato de Álvaro Obregón- como una forma de “consolidar el aparato estatal posrevolucionario”, el Comité Organizador del Partido Nacional Revolucionario (PNR) lanzó una convocatoria -el primero de diciembre de 1928- con el fin de unir a las distintas fuerzas “de tendencia revolucionaria”.
De entre los convocantes, donde figura Calles, hay uno que llamará su atención: Manlio Fabio Altamirano, personaje a quien seguramente debe su nombre el efímero presidente del PRI y ex gobernador de Sonora. Pasado este breviario cultural, continuamos.
Los trabajos para la fundación del PNR se desarrollaron a marchas forzadas, pero no era fácil conciliar con las distintas expresiones y los resquemores internos que incluso provocaron que Calles tuviera que separarse -al menos visualmente- del comité organizador, a pesar de que, como apunta Luis Javier Garrido (El partido de la Revolución institucionalizada, 1986), “desde antes de su constitución… el PNR se presentaba como el representante de la nación y el legítimo heredero de la Revolución”.
A fines de enero de 1929 fueron dados a conocer los documentos básicos del nuevo partido (estatutos, declaración de principios y programa de acción). En el artículo noveno de los estatutos se plasmó lo que ha sido clave en la fortaleza del PRI: la organización sobre una base territorial.
Y si el naciente partido ya se había apropiado del movimiento revolucionario, tampoco tuvieron empacho en apropiarse de la bandera nacional: decidieron que su emblema sería “un círculo dividido en tres secciones verticales que se destacarían en verde, blanco y rojo”, en las que se imprimirían las letras PNR.
Los trabajos de la Convención Constituyente iniciaron el primero de marzo de 1929, con un férreo control de los grupos afines a Calles, y concluyeron tres días después, el cuatro de marzo, “a las doce horas con veinte minutos”, en que se declaró “formal y legalmente constituido” el Partido Nacional Revolucionario. Calles había logrado su propósito: crear un partido que legitimara “la nominación de los candidatos a puestos de elección popular y disponer al mismo tiempo de una base social organizada”.
Al control total que ejerció Calles durante el periodo 1929-1934, los historiadores le han dado un nombre: el “maximato”, etapa que se vio superada por el ascenso al poder del general Lázaro Cárdenas, quien asumió la presidencia con un importante respaldo de las organizaciones campesinas que se sintieron olvidadas por el callismo.
A diferencia de sus predecesores, el general Cárdenas tenía un proyecto definido y propio de lo que quería hacer en su gobierno, además de que contaba con un verdadero respaldo popular, pero no con el apoyo de los grupos identificados con Calles, a quien seguían considerando el “Jefe Máximo de la Revolución”.
En junio de 1935 se desató una crisis política: Calles quiso poner a prueba al general Cárdenas. En una entrevista, el sonorense “atacaba la actitud de las organizaciones obreras y campesinas y las orientaciones de la política presidencial”. Cárdenas se condujo con mucha habilidad política, de tal suerte que la autoridad presidencial se fortaleció y Calles terminó por ser expulsado del país en abril de 1936.
El general Cárdenas decidió que había que transformar al PNR para convertirlo en un partido de masas, incorporar a nuevos sectores y darle una nueva orientación. Bajo estas líneas el partido transmutó en PRM (Partido de la Revolución Mexicana) el 30 de marzo de 1938, nombre que conservó hasta el 18 de enero de 1946, en que asumió su actual denominación, PRI.
Las elecciones del primero de julio de este año marcan una etapa nunca antes vista para el PRI: en la Cámara de Diputados es la quinta fuerza política y en la Cámara de Senadores sólo tendrá 14 escaños. Quizá por eso, sensatamente, Peña Nieto afirmó en la entrevista referida al principio: “el PRI tendrá que redefinirse”, incluso cambiar “de nombre y de esencia”. Aunque lo dudo, veo a muchos callistas.