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La Verdad del Sureste

NEME, GRANIER Y …


La buena Administración pública es un derecho fundamental de los ciudadanos, y un principio de actuación administrativa. La calidad en el servicio objetivo al interés general debe presidir toda su actuación. Gobierno que no obedece este apotegma se enrumba al fracaso y en no pocas ocasiones estrepitoso. Los tabasqueños tenemos experiencia en -al menos dos administraciones- de rotundos fracasos, de gran trabazón y pronunciado atraso porque sus titulares no atendieron este severo axioma.
     Designar un gabinete en atención a la cuota de poder -o de la tajada- que le quiere otorgar el que decide a cada grupo de poder que le rodea- y sostener a los designados, aunque haya notoria incompetencia, visible ineficiencia y evidentes actos de corrupción, es simplemente un acto de suicidio político o de abandono del mando. Y cuando se abandona el mando, otro lo asume para sí.
    Como si éste apotegma no tuviese valor ni importancia, proliferan gabinetes de cuarta y quinta calidad. Cuando desde su origen la forma que se utilizó para designar a quienes van a venir a formar parte del gabinete está basada en darle a los grupos de poder -o a los grupos que el titular cree que le han apoyado y ayudado a llegar al cargo- un espacio o tajada de la administración (cual si fuera una cuota de botín), el resultado se torna desastroso.
    Quienes vivimos en Tabasco durante el bienio obscuro y opaco del gobierno de Salvador Neme Castillo, y en el sexenio nefasto y negro de Andrés Granier Melo, sabemos a ciencia cierta lo que es padecer una administración pública ineficaz, inoperante, incompetente, sin rumbo y sin fines, plagada de ocurrencias, de corruptelas e impunidad. Los resultados estuvieron a la vista: Neme sólo duró dos años; Granier hundió al Estado y terminó en la cárcel.
    A toda costa hay que evitar que experiencias tan negativas, turbias y obscuras, sucedan nuevamente.
    Neme Castillo, escogió para ocupar los puestos claves de su administración a sus “cuates”, amigos y socios –independientemente de que tuviesen o no el perfil académico, profesional o de capacidad-. El resultado lo resintió el ciudadano; la opinión de la población acerca de las políticas nemistas, fue generalizada: no sirve; es puro perder el tiempo; ¡que se vayan! Y ¡se fueron! El daño que se hizo al Estado se calculó en más de 11 mil millones de pesos y en un atraso de más de 50 años. Ese fue el saldo de que un político pueblerino –habilidoso y marrullero sí, pero pésimo administrando-, hubiese designado a sus “cuates” en puestos claves sin que dieran el ancho ni tuviesen el perfil para ocuparlos.
    Neme Castillo se aferró en sostener a sus “cuates” por encima de la buena administración que los ciudadanos requerían. Fueron pésimos como gabinete y un desastre como políticos: en consecuencia, también un desastre como amigos o “cuates”; prefirieron hundir a su “cuate” –el Gobernador- que abandonar el negocio.
    Granier Melo, otro político pueblerino, fue peor, y el daño que perpetró fue mayúsculo. Designó a un gabinete como cuota de poder o dándole tajadas a los grupos políticos de operaban en el Estado. Súmele a ello que la mayoría padecían -y padecen- la pavorosa enfermedad de la corrupción y obtendrá el resultado. Empoderó a dos bandos, y esos bandos esparcieron a sus subalternos y familiares -o socios- en otros cargos de mediana y alta envergadura, para al final, enfrentarse a muerte, -y no es un eufemismo coloquial-, que terminó por hundir al Gobierno de Granier Melo y hundir en el fango del desastre y la corrupción al Estado.
    A cada grupo o grupúsculo (representara algo o sólo fuese un membrete), Granier Melo le dio una cuota –obviamente a cambio, para sí, de alguna parte de esa tajada- y luego de que se demostró que eran inútiles, incompetentes e ineficaces -y que la población los calificaba así (además de corruptos y les decían aborrecibles), Granier Melo los sostuvo. No le dieron ningún resultado positivo o favorable a la población. Varios de esos grupos y miembros de esos grupúsculos, perviven en la administración, otros huyen –y se esconden hoy- de la acción de la justicia.
    El resultado todos lo sabemos: Granier en la cárcel; quienes lo hundieron siguen en áreas de poder. El Estado, en bancarrota y con un atraso ahora de más de 90 años. Granier Melo mismo ha declarado que esos dos grupos lo enredaron, lo hundieron, lo traicionaron y le quitaron el poder. La moraleja es: casarse con uno o dos grupos, que además demuestran no ser eficientes, es terminar arrastrado por sus miembros al fango de la ignominia.
    Por eso hay que repetir, hasta que se entienda el apotegma: la buena Administración pública es un derecho fundamental de los ciudadanos, y un principio de actuación administrativa. La calidad en el servicio objetivo al interés general debe presidir toda su actuación. Gobierno que no obedece este apotegma se enrumba al fracaso.  

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