NEOLIBERALISMO CRIMINAL CONTRA POPULISMO MAYORITARIO
El Gregueriano: ¡Qué descaro y desvergüenza! Acá, dicen ¡Trump está loco! Pero se arrodillan ante él y con la palma de la mano piden: dame dólares. La ponzoña neoliberal de la seguridad pública como negocio.
Un Informe de la consultoría Etellekt, publicado el 21 de abril, detalla que de octubre de 2017 a abril de 2018 -7 meses-, una vez iniciado el proceso electoral, 82 políticos han sido asesinados. Exfuncionarios, alcaldes, aspirantes y candidatos locales son el sector más vulnerable a los ataques del crimen organizado, según ese conteo. Puro político local o municipal. Ni un “empresario” o gobernador. Además, en ese lapso, se habían perpetrado, contra políticos, 173 agresiones o atentados.
Del 21 de abril a la fecha, otros 9 asesinatos de políticos rurales y municipales han acaecido –uno reciente fue el asesinato del candidato de Morena a la alcaldía de Tenango del Aire, Estado de México, Adiel Zermann Miguel, el 3 de mayo-.
El dato genera suspicacia ¿Por qué los crímenes se perpetran sobre la humanidad de políticos rurales, locales o municipales y de personas no vinculadas al negocio del narcotráfico? ¿Por qué no terminan abatidos por las balas de los narcotraficantes ni disueltos sus cuerpos en los tambos con ácidos los “empresarios”? ¿Habrá pacto? ¿Quiénes controlan a quienes? Traen con el negocio ganancias juntos.
Peor: de los más de 102 mil muertos en el sexenio del panista FeCal por la supuesta “guerra contra el narcotráfico”, ni siquiera el uno por ciento de tales muertos son “empresarios”. Ni que decir en -el nefasto para el pueblo-, sexenio de Peña, donde, de esos más de 104 mil muertos ni siquiera el 0.05 por ciento de ellos son “empresarios”.
Los datos aquí servidos son muestra de cómo el neoliberalismo castiga arteramente a la población común y protege a la reducida plutocracia del país.
La aterradora cifra de que en el sexenio del panista FeCal hubo 102 mil 859 homicidios atribuidos a la llamada “guerra contra el narcotráfico” y que en lo que va del de Peña -5 años y 5 meses-, la cantidad de homicidios llegó a 104 mil 583 homicidios en el mismo marco, demuestra que, la “estrategia” de los gobiernos neoliberales para detener la violencia y proveernos de seguridad pública es un fracaso mundialmente atronador.
No es nada más que las bandas delictivas se matan entre ellos por posesionar un territorio, es también que las fuerzas “del orden”, asesinan y perpetran homicidios a diestra y siniestra, sin saberse a ciencia cierta si los muertos eran o no delincuentes (los muertos no hablan y nunca fueron sujetos a juicios donde se pudiese probar su culpabilidad y nunca se les dio el beneficio de presunción de inocencia, simplemente fueron asesinados); unos y otros, además, asesinan a civiles no vinculados en el negro negocio del tráfico.
El asesinato de 3 jóvenes cineastas en Jalisco, horrorosa realidad –más pavorosa si se suma que sus cadáveres fueron disueltos en ácidos-, aunque se afirma fue perpetrada por un grupo del crimen organizado, no se dio en enfrentamiento entre bandas delictivas, tampoco en una confrontación entre cártel y fuerzas del orden (que siempre dejan homicidios “colaterales” de personas no inmiscuidas en tales confrontaciones), se dio por una “confusión”; igual pasó con el ya añejo y no esclarecido artero asesinato de los 43 normalistas de Ayotzinapa –ya escribí al mes siguiente de su desaparición, fueron desaparecidos y asesinados por una banda delictiva por “confusión” (la droga rumbo a Chicago en el “quinto camión”-.
Cifras aterradoras. Son un índice de barbarie; no estamos en guerra –como lo estuvo Irán o Siria- y acá hay más homicidios que si estuviésemos inmiscuidos en un conflicto bélico; no existe guerrilla en el país, como durante más de 40 años la hubo en Colombia, pero acá hay el quíntuple de homicidios que los que hubo en 4 décadas de guerrilla en Colombia.
Ejemplo de que las ordenes aplicadas por el gobierno neoliberal federal son de carácter castrense, represivo y que linda en las orillas de la dictadura, y las permanentes violaciones de los Derechos Humanos, es que, a esa política le llaman “estrategia”. Término siempre relacionado al ámbito militar.
Datos contundentes de una realidad apabullante. Aún insisten personajes de toda laya a seguir aplicando la misma “estrategia” para detener la delincuencia y la violencia. Siguen comprando patrullas y uncidos al carro de Estado Policiaco de un gobierno –como el de EEUU- que los humilla, los bacalea y al cual le siguen pidiendo chiches para mamar. Su visión de la seguridad como negocio es la ponzoña que les inoculó el neoliberalismo privatizador.
Estúpidos de gran calado aquellos se oponen a la convocatoria de AMLO a una consulta nacional para un Acuerdo por la Paz.