Nos han robado la primavera
La cuarentena Corona ha servido para leer; para volver a los clásicos de la literatura sobre el tema de las catástrofes y el encierro (que, tanto en las novelas como en la realidad, a veces lleva a la muerte y otras a la soledad).
Tomé un manojo de mis libros y ya desfilaron Liber Novus (publicado en 2010 con el título Libro Rojo) del padre del psicoanálisis, Carl Gustav JUNG, La Peste de Albert CAMUS (primordial exponente, al lado de Jean Paul SARTRÉ, del existencialismo en la literatura), Muerte por Agua, de nuestra paisana -por parentesco político-, Julieta CAMPOS (de González Pedrero), y ya le devoré 25 años -digo: una cuarta parte- a Cien años de Soledad de Gabriel GARCÍA MARQUEZ (donde la cuarentena se vive no en una casa sino en todo un pueblo y en todas las casas de una comunidad sin atractivos ni metas; donde la monotonía y la rutina se transforma en soledad -una soledad sui generis: donde el coronel Aureliano Buendía, en Macondo, está rodeado de personas y a la vez está solo-).
Un amigo perspicaz que a todo asunto le aplica el ingenio y le saca raja, juntando el origen chino del Coronavirus y la intervención de la serpiente en la expulsión del jardín del Edén de Adán y Eva, dice que tuvo suerte la culebra de que Adán y Eva no fuesen chinos y no se la comieran. Le sugerí explorara la otra vertiente del asunto: sabedora la serpiente de que Adán y Eva eran chinos y que pesaba sobre ellos una prohibición que de violentarse implicaba la expulsión del jardín del Edén y ya sospechaba que se la iban a comer, urdió su plan anticipándose.
Considero que volveré a leer el Primer libro del Pentateuco (libro de Génesis primero de La Biblia), ya que no es otra cosa mas que una cuarentena la que el Creador les había impuesto a sus criaturas (Adán y Eva) con la prohibición tajante de no comer del árbol prohibido. Aunque, si de catástrofes hablo, catástrofes naturales se narran al por mayor en los libros de La Biblia. Cualquier versión de Génesis narra que tomó, al hombre y le dejó en al jardín del Edén, para que lo labrase y cuidase y le impuso al hombre este mandamiento: "De cualquier árbol del jardín puedes comer, 2:17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, morirás sin remedio". Pero… en aquel octavo día cuando se dictó ese mandamiento no estaba aún creada Eva, aunque si la culebra y la catástrofe (me refiero a la expulsión del jardín del Edén, no a Eva), que fueron creadas, según narra el cronista Moisés, el quinto día, incluso antes que el hombre.
Como el reloj supone el relojero, el universo implica la existencia de un «eterno geómetra»; en la primavera de 2020 como en el octubre de 2007, este “gran geómetra”, ya causó muertes. Y nos mandó un virus muy perverso. Este virus, como afirmase el jefe de hospitales de Galicia, es un virus muy cabrón ya que no contagia ni enferma a los otros animales sino solamente al hombre y el muy cabrón se ceba contra los mayores de edad que, han sido los pilares de construcción de la sociedad y comunidad actual y contra los humanos en edad más productiva.
Le referí este comentario del jefe de hospitales gallego respecto a que este era un virus cabrón a mi amigo que siempre le saca raja a todos los asuntos que le planteo y de nueva cuenta me hizo fijarme en algo. Dice, que efectivamente es un virus muy cabrón pero no pendejo, porque no hay virus vivo que se atreva a pisar los suelos de Macondo para morir de calor. Exclamó el amigo: “¡No está pendejo ese Corona! Viene a Tabasco y se muere”.
Respecto a la emergencia sanitaria en Tabasco, hoy es mínima. De 2 millones 200 mil habitantes que somos, las defunciones se pueden contar con los dedos de las manos y nos sobran dedos. Presumo que estos resultados positivos se deban acreditar a la temperatura primaveral dominante: es decir, por el calor imperante acá, porque por la conducta del tabasqueño -rebelde y poco dado a reconocer autoridad y cumplir restricciones- no creo. Por referencia de los lugares donde más fuerte se ha presentado el Corona, incuba más y con mayor virulencia en lugares de temperaturas de entre 5 y 18 grados centígrados y en el Macondo mexicano mantenemos temperaturas de entre 28 y 36 grados.
“Indiscutiblemente que es un virus muy cabrón”, puntualizó mi amigo aquel que a todo asunto que le comparto le saca raja y le mete ingenio. “Nos tiene paralizados. Estoy en peligro de enfermarme y morir si hago las actividades que normal y cotidianamente hago, pero a la vez estoy en peligro de enfermarme y morir por no hacer lo que nunca he hecho. Al muy cabrón no le bastó robarnos la primavera, también nos ha robado nuestra libertad de circulación”. Y concluía con una frase lapidaria: “Se ha pasado por sus virulentos testículos el Artículo 11 de la Constitución”.
Yo me pregunté: ¿Qué tiene que ver aquí, en el asunto del virus, la Constitución?
Acertado como siempre dentro de su contrastante luminosidad, me había hecho ir al texto constitucional: “Toda persona tiene derecho para entrar en la República, salir de ella, viajar por su territorio y mudar de residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto u otros requisitos semejantes”. Al Corona virus le importaba un bledo esa disposición.
De una parte de Libro Rojo de Jung, extraigo la frase que el Capitán del buque da como respuesta y colofón al atolondrado marinero del navío al que en primavera se le impone cuarentena en altamar pues deben evitarse contagios de peste y consecuentemente la tripulación no puede arribar a tierra. Allí, el Capitán le dice -a un marinero que asolado por el tedio del encierro, se duele ante él en estos términos: "Capitán, no soporto no poder bajar a tierra y no poder abrazar a mi familia ...me siento privado de mi libertad, me han privado de algo"-, y entonces el Capitán responde a la pregunta "¿Os privaron de la primavera entonces?" del marinero, con oración aleccionadora... Pero, como acertadamente afirmase aquel “fogoso que va y viene, destella y te deslumbra” que ocupó el asiento número 33 de la Academia Francesa y fuera protagonista principal del movimiento de la Ilustración -donde se enfatiza el poder de la razón humana y de la ciencia-, Voltaire: "El secreto de aburrir a la gente consiste en decirlo todo" y mi intención no es causar tedio con mi escrito, hasta ahí dejo la narración de Jung. Un poco de misterio, de lo incierto, hará bien en momentos de encierro cierto. Y Voltaire concluye su Cándido, invitando a cada uno a "Cultivar el propio jardín".
La naturaleza –o el «eterno geómetra»- se atreve a castigar a Tabasco: como si envidiara que lo haya dotado de mucho o como si quisiera reducir nuestra abundancia y feracidad desperdiciada a diario por nosotros. Hace 12 años propicio una catastrófica inundación que dejó centenas de muertos (personas ahogadas unas, ahorcadas otras, apuñaleadas varias) -muertes que, hasta hoy, no han sido reconocidas ni admitidas oficialmente-, más de los muertos que hasta la fecha ha causado Coronavirus. Los efectos de esa inundación en nuestra economía doméstica y en nuestras costumbres y rutinas diarias fueron desastrosos para aquella y abrumadores para éstas.
No obstante aquella catástrofe parece haber sido borrada de nuestra memoria y no nos ha servido como lección. Si bien es cierto que a la inundación de octubre de 2007 en sí no se le puede achacar directamente esas muertes como si se culpa con precisión a Coronavirus de las de ahora, lo real fue que hubo muertos !porque aquellos, vivos, no quisieron abandonar ni salir de sus casas! Hoy, en los días de Coronavirus, todo lo contrario: el tabasqueño se rebela porque se le obliga a no salir de sus casas ante el peligro de terminar contagiados del virus y poner en riesgo sus vidas.
En 2007, muchos, vivos, no quisieron salir de sus casas y terminaron muertos, hoy en la primavera del año, algunos, vivos, prefieren abandonar sus casas, romper la cuarentena impuesta y ponerse en riesgo vital pues !no soportan el enclaustramiento! A aquellos la inundación les sirvió de mortaja, a estos el encierro les impele a tomar el camino de la morgue. Un literato de lo trágico escribiría un epitafio en estos términos: a unos el agua como féretro y a otros el encierro como sarcófago; y un kafkiano, podría apuntar, sin asombro: !aquellos murieron por no salir de sus casas y estos pueden morir por salir de sus casas!
Pero me pregunto si estos dos acontecimientos se salvan de lo inédito como para estar en una obra histórica de Tabasco o del país, y me respondo: como no llevaron a cabo profundas transformaciones ni han sido retratados por grandes escritores, no pasan de ser anécdotas.
Con relación a lo comercial y efectos en la economía doméstica ha sido severo el daño pero en nada comparable a 2007-2008 con la gran inundación que fue catastrófico. No debemos perder de vista nuestro pasado mucho menos en momentos de crisis. Ya nos privaron de la primavera, que nunca más nadie nos la vuelva a arrebatar. 15 de abril de 2020.
Tomé un manojo de mis libros y ya desfilaron Liber Novus (publicado en 2010 con el título Libro Rojo) del padre del psicoanálisis, Carl Gustav JUNG, La Peste de Albert CAMUS (primordial exponente, al lado de Jean Paul SARTRÉ, del existencialismo en la literatura), Muerte por Agua, de nuestra paisana -por parentesco político-, Julieta CAMPOS (de González Pedrero), y ya le devoré 25 años -digo: una cuarta parte- a Cien años de Soledad de Gabriel GARCÍA MARQUEZ (donde la cuarentena se vive no en una casa sino en todo un pueblo y en todas las casas de una comunidad sin atractivos ni metas; donde la monotonía y la rutina se transforma en soledad -una soledad sui generis: donde el coronel Aureliano Buendía, en Macondo, está rodeado de personas y a la vez está solo-).
Un amigo perspicaz que a todo asunto le aplica el ingenio y le saca raja, juntando el origen chino del Coronavirus y la intervención de la serpiente en la expulsión del jardín del Edén de Adán y Eva, dice que tuvo suerte la culebra de que Adán y Eva no fuesen chinos y no se la comieran. Le sugerí explorara la otra vertiente del asunto: sabedora la serpiente de que Adán y Eva eran chinos y que pesaba sobre ellos una prohibición que de violentarse implicaba la expulsión del jardín del Edén y ya sospechaba que se la iban a comer, urdió su plan anticipándose.
Considero que volveré a leer el Primer libro del Pentateuco (libro de Génesis primero de La Biblia), ya que no es otra cosa mas que una cuarentena la que el Creador les había impuesto a sus criaturas (Adán y Eva) con la prohibición tajante de no comer del árbol prohibido. Aunque, si de catástrofes hablo, catástrofes naturales se narran al por mayor en los libros de La Biblia. Cualquier versión de Génesis narra que tomó, al hombre y le dejó en al jardín del Edén, para que lo labrase y cuidase y le impuso al hombre este mandamiento: "De cualquier árbol del jardín puedes comer, 2:17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, morirás sin remedio". Pero… en aquel octavo día cuando se dictó ese mandamiento no estaba aún creada Eva, aunque si la culebra y la catástrofe (me refiero a la expulsión del jardín del Edén, no a Eva), que fueron creadas, según narra el cronista Moisés, el quinto día, incluso antes que el hombre.
Como el reloj supone el relojero, el universo implica la existencia de un «eterno geómetra»; en la primavera de 2020 como en el octubre de 2007, este “gran geómetra”, ya causó muertes. Y nos mandó un virus muy perverso. Este virus, como afirmase el jefe de hospitales de Galicia, es un virus muy cabrón ya que no contagia ni enferma a los otros animales sino solamente al hombre y el muy cabrón se ceba contra los mayores de edad que, han sido los pilares de construcción de la sociedad y comunidad actual y contra los humanos en edad más productiva.
Le referí este comentario del jefe de hospitales gallego respecto a que este era un virus cabrón a mi amigo que siempre le saca raja a todos los asuntos que le planteo y de nueva cuenta me hizo fijarme en algo. Dice, que efectivamente es un virus muy cabrón pero no pendejo, porque no hay virus vivo que se atreva a pisar los suelos de Macondo para morir de calor. Exclamó el amigo: “¡No está pendejo ese Corona! Viene a Tabasco y se muere”.
Respecto a la emergencia sanitaria en Tabasco, hoy es mínima. De 2 millones 200 mil habitantes que somos, las defunciones se pueden contar con los dedos de las manos y nos sobran dedos. Presumo que estos resultados positivos se deban acreditar a la temperatura primaveral dominante: es decir, por el calor imperante acá, porque por la conducta del tabasqueño -rebelde y poco dado a reconocer autoridad y cumplir restricciones- no creo. Por referencia de los lugares donde más fuerte se ha presentado el Corona, incuba más y con mayor virulencia en lugares de temperaturas de entre 5 y 18 grados centígrados y en el Macondo mexicano mantenemos temperaturas de entre 28 y 36 grados.
“Indiscutiblemente que es un virus muy cabrón”, puntualizó mi amigo aquel que a todo asunto que le comparto le saca raja y le mete ingenio. “Nos tiene paralizados. Estoy en peligro de enfermarme y morir si hago las actividades que normal y cotidianamente hago, pero a la vez estoy en peligro de enfermarme y morir por no hacer lo que nunca he hecho. Al muy cabrón no le bastó robarnos la primavera, también nos ha robado nuestra libertad de circulación”. Y concluía con una frase lapidaria: “Se ha pasado por sus virulentos testículos el Artículo 11 de la Constitución”.
Yo me pregunté: ¿Qué tiene que ver aquí, en el asunto del virus, la Constitución?
Acertado como siempre dentro de su contrastante luminosidad, me había hecho ir al texto constitucional: “Toda persona tiene derecho para entrar en la República, salir de ella, viajar por su territorio y mudar de residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto u otros requisitos semejantes”. Al Corona virus le importaba un bledo esa disposición.
De una parte de Libro Rojo de Jung, extraigo la frase que el Capitán del buque da como respuesta y colofón al atolondrado marinero del navío al que en primavera se le impone cuarentena en altamar pues deben evitarse contagios de peste y consecuentemente la tripulación no puede arribar a tierra. Allí, el Capitán le dice -a un marinero que asolado por el tedio del encierro, se duele ante él en estos términos: "Capitán, no soporto no poder bajar a tierra y no poder abrazar a mi familia ...me siento privado de mi libertad, me han privado de algo"-, y entonces el Capitán responde a la pregunta "¿Os privaron de la primavera entonces?" del marinero, con oración aleccionadora... Pero, como acertadamente afirmase aquel “fogoso que va y viene, destella y te deslumbra” que ocupó el asiento número 33 de la Academia Francesa y fuera protagonista principal del movimiento de la Ilustración -donde se enfatiza el poder de la razón humana y de la ciencia-, Voltaire: "El secreto de aburrir a la gente consiste en decirlo todo" y mi intención no es causar tedio con mi escrito, hasta ahí dejo la narración de Jung. Un poco de misterio, de lo incierto, hará bien en momentos de encierro cierto. Y Voltaire concluye su Cándido, invitando a cada uno a "Cultivar el propio jardín".
La naturaleza –o el «eterno geómetra»- se atreve a castigar a Tabasco: como si envidiara que lo haya dotado de mucho o como si quisiera reducir nuestra abundancia y feracidad desperdiciada a diario por nosotros. Hace 12 años propicio una catastrófica inundación que dejó centenas de muertos (personas ahogadas unas, ahorcadas otras, apuñaleadas varias) -muertes que, hasta hoy, no han sido reconocidas ni admitidas oficialmente-, más de los muertos que hasta la fecha ha causado Coronavirus. Los efectos de esa inundación en nuestra economía doméstica y en nuestras costumbres y rutinas diarias fueron desastrosos para aquella y abrumadores para éstas.
No obstante aquella catástrofe parece haber sido borrada de nuestra memoria y no nos ha servido como lección. Si bien es cierto que a la inundación de octubre de 2007 en sí no se le puede achacar directamente esas muertes como si se culpa con precisión a Coronavirus de las de ahora, lo real fue que hubo muertos !porque aquellos, vivos, no quisieron abandonar ni salir de sus casas! Hoy, en los días de Coronavirus, todo lo contrario: el tabasqueño se rebela porque se le obliga a no salir de sus casas ante el peligro de terminar contagiados del virus y poner en riesgo sus vidas.
En 2007, muchos, vivos, no quisieron salir de sus casas y terminaron muertos, hoy en la primavera del año, algunos, vivos, prefieren abandonar sus casas, romper la cuarentena impuesta y ponerse en riesgo vital pues !no soportan el enclaustramiento! A aquellos la inundación les sirvió de mortaja, a estos el encierro les impele a tomar el camino de la morgue. Un literato de lo trágico escribiría un epitafio en estos términos: a unos el agua como féretro y a otros el encierro como sarcófago; y un kafkiano, podría apuntar, sin asombro: !aquellos murieron por no salir de sus casas y estos pueden morir por salir de sus casas!
Pero me pregunto si estos dos acontecimientos se salvan de lo inédito como para estar en una obra histórica de Tabasco o del país, y me respondo: como no llevaron a cabo profundas transformaciones ni han sido retratados por grandes escritores, no pasan de ser anécdotas.
Con relación a lo comercial y efectos en la economía doméstica ha sido severo el daño pero en nada comparable a 2007-2008 con la gran inundación que fue catastrófico. No debemos perder de vista nuestro pasado mucho menos en momentos de crisis. Ya nos privaron de la primavera, que nunca más nadie nos la vuelva a arrebatar. 15 de abril de 2020.