NÚMEROS ROJOS
EL PRI DE CAPA CAÍDA Y EN EL TOBOGÁN
Las siglas del PRI por fin pueden escribirse como RIP, ya sin tener que acudir al juego o a la broma, pues el partido que gozó de un dominio casi total en México, hoy se desmorona sin que haya poder que pueda reedificarlo.
Errores, deslices y escándalos del priísta mayor, Enrique Peña Nieto, han marcado la era de un instituto político, al grado de que Manlio Fabio Beltrones se deslindó de su Presidente pues se percató de que la excesiva demagogia ya no les funciona, la misma demagogia que Enrique Ochoa Reza recibe con un afán de triunfalismo y con los brazos abiertos en agradecimiento al nuevo puesto de jerarca del tricolor que le otorgó su “amigo” el jefe supremo del país.
Las cabezas del gabinete peñaniestista caen, se debilitan cada vez que se oye un discurso, una diatriba, una arenga que intenta salvar lo insalvable con la cantaleta de que las cosas buenas no se cuentan porque esta es la era de los políticos light, de buen porte televisivo, los reyes de la elegancia, y sin embargo poco efectivos.
Ahí tenemos de prueba fehaciente a personajes como Alfredo Castillo –quien de haber sido comisionado especial en Michoacán pasó a la desdichada Comisión Nacional de Deporte (Conade) con más sombras que éxitos.
O de situaciones como el insólito caso de la niña Paulette cuando Peña Nieto era gobernador del Estado de México-; la falta de efectividad de los ocupantes de la PGR que se han estancado en el esclarecimiento de la muerte de los 43 normalistas de Ayotzinapa y miles de crímenes que incluyen la violación de los derechos humanos.
Pero como dice el dicho: en todos lados se cuecen habas. La hecatombe tricolor no sólo ha alcanzado a gobernadores aún en función, a ex gobernadores ligados al crimen organizado y ex candidatos perdedores del PRI, sino también a huestes como las que hoy se dedican a despedazarse entre ellas en el trópico choco.
¿Y EN EL PRI TABASQUEÑO?
Pues aquí tenemos ni más ni menos que al ex gobernador y hoy diputado local Manuel Andrade Díaz, coordinador de la bancada tricolor en el Congreso del Estado, quien a duras penas puede sostener lo que le va quedando, pues ni con sus exabruptos y bravuconadas ha podido evitar la renuncia de sus correligionarios.
Hoy, el diputado que pregonaba autoridad y que se ganaba a la gente a base de chistes y bromas, al igual que su partido ha caído en la desgracia, y no ha tenido más opción que desdecirse de sus alardes de una manera burda, pues hoy alega que las diputadas renunciantes fueron “maiceadas”.
Desde la esquina de la derrota, al gris diputado (¿cuáles son los beneficios que ha gestionado para Tabasco desde que ocupa su curul?) le debe venir a su rechoncha mente la manera en que operaba políticamente cuando ocupaba la Quinta Grijalva.
Quizá también le aflore el recuerdo de sus amores comprados, cuando una que otra belleza choca estaba a su alcance. Hoy el pasado alegre le ha traer rencor y coraje, y pues como sea se ve en la necesidad que echar fuera sus frustraciones desde el reducido gabinete que apenas sostiene en el recinto congresista.
Aunado a esto, el gordo ex emperador se lanza como fiera herida contra los delegados federales, a quienes le ha dado por llamar “zalameros”, entre ellos al ahora ex funcionario Máximo Moscoso Pintado, a quien ha denostado hasta el cansancio. Que los dioses le presten fuerzas para soportar la inevitable caída estrepitosa de todo cuanto construyó con ayuda de tantos enemigos de Tabasco.
RIP RIP RIP
La corrosión del priísmo tabasqueño no se detiene. Son más los que huyen que los que llegan. Peor aún, son más los que desconfían de todo lo que concierne al Revolucionario Institucional. Perdida su disciplina y filosofía a falta de autocrítica y una verdadera renovación, el PRI se hunde cada vez más en las aguas turbias donde gente como Chucho Alí ya camina en busca de la gubernatura sin importarle el choque que seguramente tendrá por esa candidatura con la diputada federal Georgina Trujillo, quien ya está más que encarrerada en su afán de ser la primera gobernadora tabasqueña.
El agua del trópico lo destruyó todo desde las inundaciones del 2007. A menos que quienes aspiran a puestos populares se vistan de otros colores no tendrán posibilidad alguna de triunfo con camiseta tricolor.
El tiempo no perdona y las nuevas generaciones de ciudadanos cada vez abren más los ojos gracias a la tecnología que ha sido la cuña que aprieta en el derrumbe priísta.
La corrupción no ha podido contra el mundo virtual de los milennials y se exhiben a diario los desmanes de los funcionarios públicos –advertencia no sólo para priístas-, la crisis es general, irónicamente creada por un partido político que dice haber traído estabilidad a nuestro país después de las revueltas de 1910. Los alcaldes ofrecen vítores a sí mismos, han perdido la compostura.
Hasta las chocarrerías de Manuel Andrade Díaz han sido rebasadas por aquellas del filósofo de la pala y la cuchara que defendió su pluri en morena como gato bocarriba, aunque ahora se la haya llevado al mercado. Ha disminuido el folklorismo andradista en señal de que la decadencia priísta no perdona absolutamente nada.