NÚÑEZ: ¿PASARÁ DEL GOBIERNO ABIERTO?
Los ciudadanos suelen movilizarse y convertirse en actores políticos cuando sus intereses son afectados, sus derechos desconocidos o sus valores conculcados. De otro modo, la tendencia natural de los ciudadanos es al free riding. Para sacarlos de ese statu quo, se requiere una firme decisión política, tanto de los gobiernos honestamente comprometidos con valores de transparencia, participación y colaboración de la ciudadanía, como de las propias organizaciones sociales, que deben imaginar e implementar mecanismos que promuevan el interés de los ciudadanos por un mayor involucramiento en la gestión de lo público.
El “gobierno abierto” implica la posibilidad de que los ciudadanos adquieran nuevos roles en su relación con el Estado.
Pasen de ser usuarios de servicios del Estado, o de algunos programas gubernamentales, a actuar en un triple rol: a) en el proceso de definición de políticas públicas, b) en la coproducción de bienes y servicios junto con el Estado y c) actúen como monitores o evaluadores de la gestión pública.
Pero hay que preguntarse ¿Por qué no hablar de Estado Abierto? ¿Por qué no abrir los demás poderes del Estado? incluso todo el sector paraestatal, las Organizaciones No Gubernamentales, u organizaciones reconocidas por el Estado, y empresas en las que el Estado tenga participación accionaria; la Legislatura y el Poder Judicial deben ser poderes abiertos. Es muy limitado hablar de “gobierno abierto”. Yo me decantaría por hablar de “Estado abierto”.
A unos días de que se emita el 4º Informe de Gobierno, es oportuno apuntar si la administración que encabeza Arturo Núñez ha buscado que se cumpla con la promesa de implementar en Tabasco un gobierno abierto. Es decir, que busque con herramientas idóneas: mejorar el bienestar de la gente y profundizar la institucionalidad democrática –como la que rige en las más adelantadas naciones; concretamente, inquirir si la administración del Gobernador Núñez ha logrado abonar en el terreno al que se refería Andrés Hofmann.
Esta búsqueda se debe procurar y propiciar dados los siguientes motivos: se desenvuelve mundialmente una crisis fiscal de los Estados sociales; crisis que obliga a implementar una rigurosa política de ajuste para reconstruir y asegurar sostenidamente el equilibrio de las finanzas públicas, y a la vez porque es notoria la crisis política de los regímenes autoritarios o totalitarios de buena parte de los Estados sociales.
De tal manera que el origen de la nueva gestión pública –que forzosamente se encamina hacia un gobierno abierto- es determinada por la política de ajustes en esas dos vertientes: las finanzas públicas y la economía política. Entonces, hay que valorar si el gobierno nuñista de Tabasco cumple con los estándares requeridos por los gobiernos abiertos de conformidad a la Declaración de Gobierno Abierto, surgida en septiembre de 2011 al interior de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en la que México es país fundador junto con Estados Unidos, Brasil, Indonesia, Noruega, Filipinas, Sudáfrica y Reino Unido.
Requerimos valorar si la administración del Gobernador Núñez privilegia el dar a conocer el quehacer y el dejar de hacer del gobierno y sus responsables, si alienta la responsabilidad de los servidores públicos, si reivindica el quehacer gubernamental como una tarea fundante y si genera un mensaje de confianza para la convivencia social, el desarrollo social y del Estado y si promueve la inversión privada.
Saber si el Gobierno en esta administración –que el domingo 13 rinde Informe-trabaja en la arquitectura legal para hacer oportuno el gobierno abierto, promueve y defiende que la ciudadanía pueda disponer de información pública y si combate frontalmente la corrupción o sólo se hace de la vista gorda.
En este aspecto, el Gobierno de Núñez ha entregado, hasta ahora, buenas cuentas: Pudo haber asumido la cómoda postura de dejar pasar corrupción y corruptelas –práctica arraigada en otros gobiernos sexenales o quinquenales-, y haberse convertido en cómplice y defraudador de la confianza ciudadana; contrario a esa nociva práctica, actuó con verticalidad, inspirándose en la ética de la responsabilidad como antídoto contra la corrupción. Efectivamente, la gestión de Núñez Jiménez, se ha caracterizado por buscar con denuedo la institucionalización de la transparencia, la rendición de cuentas, y la participación ciudadana; imponer la visión y el alcance de políticas públicas alineadas a los ejes de acción que permitan generar una sinergia palpable.
Así seguirá con absoluta certeza, para bien de Tabasco.