Núñez: la utilidad de la historia
Recibe reconocimiento por 48 años de vida pública: funcionario federal, diputado y senador, además Gobernador
Descifrándose a sí mismo como un servidor público que a lo largo de su vida ha puesto la mayor parte de su tiempo y sus capacidades a disposición de la sociedad mexicana en su conjunto, el Gobernador Arturo Núñez Jiménez, recibió la condecoración “Victoria de la República”, de parte del presidente de la Academia Nacional de Historia y Geografía, patrocinada por la UNAM, Luis Maldonado Venegas.
En su discurso, Núñez Jiménez señaló la importancia de rescatar y recrear la memoria histórica respetando la pluralidad y a la libertad, como un elemento primordial sin el cual no sería posible contar con una firme identidad nacional construida sobre la base de los valores democráticos y republicanos.
Retomó aquella frase del Maestro Jesús Reyes Heroles que decía que es en la historia donde podemos encontrar las causas del presente, porque en ella se conjuga conocimiento y utilidad social como una guía para la acción. La historia como el estudio del pasado nos indica cómo sortear los obstáculos y tomar los mejores atajos.
Sostuvo que sin referente histórico no hay brújula para nuestras estrategias, ni orientación para nuestras decisiones cotidianas, y abundó que asumiendo la historia en su sentido profundo, se reúne conocimiento, experiencia y voluntad de acción transformadora para el beneficio futuro de la sociedad en la que vivimos.
Porque es ahí, en esa relación de cercanía intelectual y afectiva con el pasado, donde encuentra su anclaje la política del presente”, e hizo referencia a la generación liberal de Benito Juárez, y más recientemente de aquélla que hace 50 años expresó de manera incipiente la necesidad de cambios democráticos en la vida de México.
LIBERALES CONTRA FACTORES EXTERNOS
Retomó el penoso episodio de la figura de Maximiliano de Habsburgo en el país, como la forma en la que poderes externos con considerable capacidad de presión influyen en los asuntos internos.
Subrayó que en esa coyuntura especialmente difícil, se expresó también a lo largo y ancho del territorio nacional lo mejor del valor y la inteligencia que tenía México para reivindicar simultáneamente su independencia y la vigencia de otro tipo de imperio: el imperio de la ley.
“En ese entonces, tuvo lugar en nuestra tierra un admirable trabajo político orientado a conjuntar la fuerza necesaria para derrotar al proyecto conservador. En la histórica jornada de 1862 a 1867 la lucha por la soberanía nacional se enlazó con la lucha por la democracia y las instituciones representativas. Defender a la nación era defender a la República. La victoria militar del gobierno liberal de los mexicanos fue acompañada, como sucede en todas las gestas históricas, de un triunfo ideológico trascendente”.
Como en otros discursos abundó en mantener a raya la persistencia del privilegio y las alianzas oligárquicas, el centralismo monárquico, las intromisiones del exterior y las conspiraciones golpistas. Y admitió que los retos actuales de México obligan a gobernantes y gobernados a fortalecer y enriquecer la vida de la República, como el espacio donde los mexicanos nos constituimos como una sociedad abierta.
Rememorando a Juárez y los liberales de su generación, advirtió que nos enseñaron que la política sólo vale la pena cuando se plantea y se acompaña de objetivos superiores; que el poder, cuando se vacía de contenidos, se convierte en escenario de una lucha sin legitimidad y sin escrúpulos.
Regresar hoy a la historia y honrar a la generación liberal contribuirá, seguramente, a darle al pueblo mexicano lo que tanto merece: libertad, justicia, paz e igualdad.