LA OBLIGACIÓN DE LA IZQUIERDA ES TENER UN SOLO CANDIDATO
Hace 47 años, en fechas de abril, Pablo Gómez (Álvarez) recuperaba su libertad; Presidente de la Sociedad de Alumnos de la Facultad de Economía de la UNAM (1967-1968), activo participante del Movimiento Estudiantil de 1968 terminó en la cárcel -preso político a causa del movimiento, desde el dos de octubre de 1968 hasta abril de 1971-. En 2006 fue electo Senador de la República por el DF, siendo el segundo candidato de izquierda más votado, sólo por debajo de Andrés Manuel (galardón que no cualquiera logra).
Aunque como el mismo Pablo afirma, algunas izquierdas o corrientes son más nominales que reales –incluida la de Gómez-, “la obligación de todas las izquierdas es tener un solo candidato”. Afirma: “Hay que concurrir, (…), a una gran confluencia de las fuerzas de izquierda con la candidatura de López Obrador a la Presidencia de la República (…) sin dejar de tener los pies sobre la superficie y, ante todo, jugársela con lealtad en los pantanosos terrenos de la lucha política. (…).
Atrae la mirada la posición que ya asumió el luchador social que ha sido Pablo Gómez (Álvarez): “El tiempo de una Presidencia de izquierda estaba definido en 2006, después del fracaso de Vicente Fox y su traición a la democracia (…). Ocurrieron, sin embargo, algunos imprevistos, y una parte del PRI se fue de plano a apoyar a Felipe Calderón (…), de tal manera que por cinco décimas de diferencia obtuvo la Presidencia (…).”
Si bien es cierto, la representatividad de Pablo en votos está menguada, Gómez es un ícono de la izquierda ideológica –resto de lo que fuese el Partido Comunista-, que formó una corriente de suficiente poder al interior de los grupos e la izquierda mexicana. Creador y Líder Nacional del Partido Socialista Unificado de México (PSUM), ya fue Presidente del Consejo Nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Presidente Nacional del PRD. Tiene una muy amplia experiencia y trayectoria parlamentaria.
Llama la atención su apoyo frontal a López obrador dado que en al menos 2 ocasiones Pablo no coincidió en apoyarle: en el 2000 que le compitió a AMLO la postulación del PRD para el DF –la perdió Pablo y el DF se consiguió con AMLO, al mejor Gobernador que en cinco décadas ha tenido - y en 2006 que se alió con Jesús Ortega en contra de la candidatura de Marcelo Ebrard que al final triunfó (apoyado por Andrés Manuel).
Esta definición de Pablo Gómez llega en el mismo momento en que Miguel Barbosa, renuncia al PRD para ir a apoyar a AMLO a la Presidencia y la candidata de Morena en el Estado de México, Delfina Gómez Álvarez: “(…) no puedo estar ajeno a lo que en el Estado de México ocurra bajo la lógica de apoyar a López Obrador en el 2018”. Esta renuncia considera la decadencia de un partido que ya no se ve como un partido de oposición y que ya no se ve como una alternativa de nación posible.}
Llega días después de que otro gran líder de la izquierda, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano afirmara atronadoramente: “Si no votamos por López Obrador, el país estará perdido; Andrés Manuel es un hombre honesto, derecho; lo respeto, además de que hemos sido amigos.” En cambio el gobierno de Peña –y Peña, obviamente-, es “corrupto, sumiso y entreguista.”
Sólo alguien “extraviado” cuestionará: ¿por qué un perredista puede apoyar la candidatura de López Obrador? Obviamente está tan extraviado que desconoce la historia reciente: en los últimos doce años todos los perredistas hicieron campaña política a favor de él. Ignora que, de acuerdo con diversas encuestas, más de 65% de quienes se sienten identificados con el PRD votarían por López Obrador.
Estos hechos muestran que políticos, militantes y simpatizantes ven al PRD como un partido que cada día se aleja más de su vocación opositora y de transformación nacional; ven que su dirigencia –y en consecuencia ese partido- renuncia a cualquier compromiso ético y de legalidad.
Estos fenómenos traslucen que, también, lo coloca como una fuerza política con un riesgo inminente de perder su masa crítica para seguir como una fuerza independiente. Esto implica que el pueblo mexicano puede perder un instrumento preciado que ha servido a una gran franja de mexicanos sin voz como herramienta para acceder al poder.