La victoria 3-0 sobre Chequia no solo significó el boleto a la siguiente ronda, sino también la confirmación de un equipo que fue creciendo partido a partido hasta completar una primera fase perfecta. Tres partidos, tres victorias y una defensa que terminó sin recibir gol son números que hablan por sí solos.
El conjunto de Javier Aguirre mostró paciencia para encontrar los espacios y contundencia para aprovecharlos. Cuando el partido lo exigió, aparecieron los goles y la diferencia entre ambos equipos quedó reflejada en el marcador. México nunca perdió el control y terminó imponiendo sus condiciones.
Ahora llega el momento donde realmente se miden las aspiraciones de los candidatos. La fase de grupos dejó buenas sensaciones, pero también elevó las expectativas alrededor de un equipo que ha sabido responder en cada compromiso. El reto será mantener la misma intensidad y el mismo orden cuando los márgenes de error desaparezcan.
Por lo pronto, México hizo lo que estaba en sus manos y lo hizo de manera convincente. Avanzó como líder de grupo, con paso perfecto y dejando la impresión de que todavía tiene más por ofrecer. La ilusión sigue creciendo y, por primera vez en mucho tiempo, parece respaldada por el rendimiento dentro de la cancha.