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La Verdad del Sureste

Pérame, pérenme


Una, dos, tres, cuatro… más de sesenta veces el economista formado en las prestigiadas escuelas del neoliberalismo repitió la expresión ‘pérame’ a sus entrevistadores. Palabra inexistente en el diccionario, ‘pérame’ se volvió un grito de súplica, clamor de auxilio o petición de clemencia hacia los periodistas que sacaban a José Antonio Meade del guión que llevaba aprendido para la entrevista que quiso resaltar sus cualidades de buen estudiante.  Ante el menor cuestionamiento de los comunicadores, Meade los atajaba con un ‘pérame’ que sería severamente calificado por cualquier maestro de español. La incorrección del uso del lenguaje no se explica en alguien que presume de títulos y grados académicos, salvo que lo único que le interese es la econometría, tal y como él mismo lo confirmó en una de sus recientes presentaciones ante las cámaras de televisión. Al ser interrogado sobre los magros resultados de la política económica aplicada por los últimos gobiernos, de los que Meade formó parte activa, el candidato del tricolor dijo -palabras más, palabras menos- que el neoliberalismo no se había aplicado correctamente pero que él sí sabía cómo aplicarlo. Confesión suficiente para mantenerlo en un lejano tercer lugar en las encuestas. El neoliberalismo, cuya vertiente histórica en la región latinoamericana se puede ubicar a partir de la dictadura de Pinochet en Chile, se encuentra asociado al llamado “Consenso de Washington”, entendido éste como una serie de medidas económicas sugeridas por John Williamson que se volvieron catecismo para nuestros gobiernos. La austeridad fiscal, la privatización y la liberalización de los mercados fueron los pilares fundamentales del “Consenso”. Sin embargo, tal y como critica Joseph Stiglitz, viejo defensor de la globalización: su efecto real “ha sido favorecer a la minoría a expensas de la mayoría, a los ricos a expensas de los pobres. En muchos casos los valores e intereses comerciales han prevalecido sobre las preocupaciones acerca del medio ambiente, la democracia, los derechos humanos y la justicia social” (Stiglitz, “El malestar en la globalización”). Somos el país más desigual y con mayores niveles de pobreza de la OCDE a pesar del paraíso prometido por la tecnocracia gobernante. Vamos, ni siquiera la reforma energética del actual sexenio ha dado los resultados ofrecidos. En las últimas horas de 2016, el entonces Secretario de Hacienda, José Antonio Meade, hacía malabares para justificar el “gasolinazo” de enero de 2017. Explicaba que era una medida para “ganar” en varios rubros. Por ejemplo, que al liberar el precio de las gasolinas éste bajaría por efecto de la competencia en el mercado. ¿Necesitamos más neoliberalismo? Si los gobiernos tricolores y azules nos han aplicado las recetas ordenadas por el “Consenso de Washington” y los organismos que rigen la globalización (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial), sin que las condiciones de pobreza y la gran brecha de desigualdad se hayan superado, ¿por qué tendríamos que seguir por la misma ruta? A nuestra tecnocracia le gusta poner como ejemplo de éxito a Corea del Sur, pero sin analizar a fondo lo ocurrido allá. Según Robert Wade (“Gobernando al mercado”), el sistema político coreano fue clave: dio ayuda y protección estatal a sectores fundamentales de la economía, pero exigiendo “resultados de eficiencia y de responsabilidad social”, al tiempo que combatió la corrupción.  Al contrario de la idea que ha diseminado nuestra tecnocracia, no fue la liberalización económica la pieza que detonó el desarrollo en Corea. Fue un cambio en las políticas públicas y una reorientación de la economía. Algo así como lo que necesitamos en nuestro país. Me queda muy claro que quienes proclaman el “terror” ante una nueva política económica lo hacen de mala fe o por desconocimiento. Escucho críticas en el sentido de que Ya Saben Quién no es prolífico en explicar tal o cual tema, y que sus propuestas carecen de sustento. A esas voces, cuando está a mi alcance hacerlo, les remito el Proyecto de Nación para que lo lean directamente. Adicionalmente, circula un documento que sintetiza la propuesta económica, algunos de cuyos ejes son: el incremento de la producción de contenido nacional en sectores estratégicos; la operación de diez sistemas agroalimentarios regionales; el aumento del turismo interno y la creación de programas con metas de inversión en desarrollo urbano, educación, agua, drenaje, alumbrado y vivienda. Nos urge un cambio.
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