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La Verdad del Sureste

Perderé


@UTufigno

El uso de las expresiones “izquierda” y “derecha”, empleadas para referirse a las posturas ideológicas de los partidos políticos, tiene su origen en los primeros días de la Revolución Francesa, mientras se discutía en la Asamblea Nacional el curso que seguiría el proceso revolucionario. El lugar en donde se ubicaron los asambleístas debatientes fue clave para ello.

A la derecha del presidente de la Asamblea se sentaban quienes favorecían la vigencia de los poderes del rey, y a la izquierda quienes estaban en contra. Aunque, en realidad, en ese momento se les identificaba como “de la gironda” y “de la montaña”, para referirse a quienes se situaban a la derecha o a la izquierda.

En sus inicios, el Partido de la Revolución Democrática surgió de la suma de fuerzas progresistas opuestas al sistema antidemocrático que mantuvo la hegemonía política en México durante la mayor parte del siglo XX. Su diferencia con el Partido Acción Nacional residió, principalmente, en que buscaba la reconstrucción del país -con orientación social- a partir de la gente y para la gente.

El antecedente inmediato al nacimiento formal del PRD fue el Frente Democrático Nacional que aglutinó a distintas organizaciones, partidos y ciudadanos en lo individual en torno a la figura de Cuauhtémoc Cárdenas como candidato presidencial en 1988. En ese año la movilización social cimbró al viejo régimen que tuvo que inventar nuevas formas de fraude para retener la presidencia (la famosa “caída del sistema”).

Las elecciones federales de 1991 y las presidenciales de 1994 fueron una dura prueba para el joven partido. El salinismo pretendió acabar con las aspiraciones de la izquierda que pintaba de amarillo, pero pudo sobrevivir a los embates, a pesar de que la contienda llegó a traducirse en algunos cientos de perredistas asesinados.

El primer gran momento electoral del PRD se vivió en 1997, cuando obtuvo una numerosa representación en el Congreso de la Unión y ganó la primera elección para Jefe de Gobierno del Distrito Federal. “La izquierda unida jamás será vencida”. Por cierto, en ese momento el presidente del PRD era Andrés Manuel.

Desde entonces, la capital del país se reafirmó como el principal bastión de la opción de izquierda (ya en 1988 las fuerzas de izquierda habían obtenido la mayoría en el Distrito Federal). Los primeros gobiernos electos democráticamente en la Ciudad de México se apartaron de las políticas neoliberales de los gobiernos federales e impusieron un sello propio.

Y aunque ambas versiones del neoliberalismo conservador, la que pinta de azul y la que pinta tricolor, fueron severas críticas de las acciones y programas de los gobiernos de izquierda en la Capital, han terminado copiando -mal copiadas- muchas de las acciones emprendidas en la Ciudad de México.

Las elecciones presidenciales de 2006, las más cerradas -documentalmente- en la historia del país, definieron el curso de los años posteriores.

Por un lado, quedó claro que el cambio debe construirse a partir de la gente, de abajo hacia arriba, como inicia cualquier construcción; por otro, está el grupo que se aferra a conservar los privilegios del poder, como “la gironda” lo hizo en tiempos de la Revolución Francesa.

Lamentablemente, hay quienes se conformaron con obtener migajas para consumo personal y se alejaron de los ideales que cristalizaron en el nacimiento del PRD. Hoy, un pequeño grupo controla las decisiones del partido que alguna vez fue de izquierda y llegó al cinismo de apostar por el gobierno de Enrique Peña mediante la suscripción del “Pacto por México”.  

Pero si lo anterior no fuera grave en sí mismo, también apostaron por tener un candidato propio, distinto de quien encabezó la lucha electoral en 2006 y en 2012, e incluso pusieron a su disposición el partido, a pesar de que el eventual candidato (el que dice “no tengo porqué rajarme”) ha reiterado su negativa a afiliarse al PRD. Mal negocio para el partido amarillo porque a dicho personaje poco le importa el destino del partido.

Al paso que va, no falta mucho para que el PRD entre a terapia intensiva, aunque es probable que pueda sobrevivir con el uso de aparatos que lo mantengan con vida artificial, pero tiene tan mala tino que no sería extraño que algún descuidado le corte la luz o le desenchufe los aparatos.

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