En los años cercanos a 1940 el Charrito Pemex era una persona que realmente existió y recibía además de muy buen salario, ropa y viáticos para promocionar el petróleo diáfano y a la empresa por todo el país. Este personaje se encontraba en calles y avenidas, pero se le recuerda particularmente por las zonas aledañas a la Avenida Juárez, en la ciudad de México, donde saludaba y sonreía a los paseantes.
El petróleo diáfano durante muchas décadas del siglo pasado fue indispensable entre los habitantes tanto de las grandes ciudades, como de pequeñas comunidades. Pemex vendía petróleo diáfano directamente a la gente, que lo utilizaba en sus estufas para cocinar, en “calentones” y en las famosas lámparas de petróleo para proporcionar luz por las noches. Hoy prácticamente ha desaparecido. El petróleo diáfano, en 1948 se expendía en todo el país a 15 centavos el litro, que si se compara con los precios que tenían en ese tiempo las gasolinas: Mexolina 45 centavos y Super Mexolina, 55 centavos, su costo representaba sólo una tercera parte, del combustible destinado para los automóviles. Para su mayor distribución, Pemex otorgaba concesiones o franquicias en todos los puntos del país, adonde llegaban periódicamente pipas de esa empresa para surtir los tanques de almacenamiento o en tambos de lámina de 200 litros. Estos a su vez revendían el producto a unos expendios más chicos o hasta para ser vendido en tiendas o misceláneas de poblaciones de las zonas urbanas y rurales.
Así, uno de estos expendedores de petróleo diáfano era el Charrito Pemex, que lo hizo famoso por todo el país. Ese fue el origen de la caricatura de “El Charrito Pemex”, un simpático charro, vestido de verde, de reducido tamaño, además de patizambo.
El emblema desapareció en la segunda mitad del siglo pasado. Si continúan gobernando los neoliberales entreguistas, pronto desaparecerá Petróleos Mexicanos para ser sustituido por compañías trasnacionales.
El petróleo diáfano durante muchas décadas del siglo pasado fue indispensable entre los habitantes tanto de las grandes ciudades, como de pequeñas comunidades. Pemex vendía petróleo diáfano directamente a la gente, que lo utilizaba en sus estufas para cocinar, en “calentones” y en las famosas lámparas de petróleo para proporcionar luz por las noches. Hoy prácticamente ha desaparecido. El petróleo diáfano, en 1948 se expendía en todo el país a 15 centavos el litro, que si se compara con los precios que tenían en ese tiempo las gasolinas: Mexolina 45 centavos y Super Mexolina, 55 centavos, su costo representaba sólo una tercera parte, del combustible destinado para los automóviles. Para su mayor distribución, Pemex otorgaba concesiones o franquicias en todos los puntos del país, adonde llegaban periódicamente pipas de esa empresa para surtir los tanques de almacenamiento o en tambos de lámina de 200 litros. Estos a su vez revendían el producto a unos expendios más chicos o hasta para ser vendido en tiendas o misceláneas de poblaciones de las zonas urbanas y rurales.
Así, uno de estos expendedores de petróleo diáfano era el Charrito Pemex, que lo hizo famoso por todo el país. Ese fue el origen de la caricatura de “El Charrito Pemex”, un simpático charro, vestido de verde, de reducido tamaño, además de patizambo.
El emblema desapareció en la segunda mitad del siglo pasado. Si continúan gobernando los neoliberales entreguistas, pronto desaparecerá Petróleos Mexicanos para ser sustituido por compañías trasnacionales.