Dos conos de perifoneo montados arriba del toldo de un automóvil Sentra, alertaron con anticipación a doña Ana Rueda, que a la colonia Francisco Villa, a donde vino a vivir hace apenas seis meses en busca de patio para sus animalitos, llegarían las Jornadas de Paz con servicios gratuitos.
Como no ha parado de hacer ‘talacha’ para rellenar su terreno, la espalda le duele infinitamente, por lo que decidió dejar la pala el martes 10 de febrero y caminar con su yerno e hija a una esquina de calles sin rotular, donde ya estaba instalada la enorme carpa que semejaba un tianguis popular.
Obviamente, bajo los toldos no había frutas brillantes, ni carne sanguinolenta a destajo, muchos menos moscas que volaran sobre los suculentos tocinos; doña Ana encontró en los stands cajas de medicinas, pruebas de glucosa alta, vacunas y un sin fin de folletos gubernamentales que ofrecían instrucciones para realizar trámites o acceder a programas de Bienestar. Una bendición en una colonia localizada a seis kilómetros de Villahermosa.
De inmediato, doña Ana buscó al terapeuta que el perifoneo había prometido, entre vecinos que recibían alguna respuesta en las mesas de atención, niños que se aplicaban la vacuna del sarampión y jóvenes estudiantes que se sacaban punta con un militar peluquero.
“Es muy bueno, que vengan aquí, a la Francisco Villa, porque hay mucha gente que requiere medicina y doctor, y son de bajos recursos, entonces no tienen para pagar una consulta o comprar, sobre todo, el medicamento, que está muy caro”, opinó.
Solo seis, de las 40 calles de la colonia, están pavimentadas, la mayoría tiene caminos de tierra amarilla, que en tiempos de lluvia se convierten en lodo, y en épocas de calor levantan polvaredas. Doña Patricia Mayo sobresale porque conoce la nomenclatura de las calles, ya que fue de las primeras en habitar los caseríos donde antes hubo popales.
Incluso, se ríe de la inexactitud de Google, que confunde la entrada principal de esta colonia con el nombre de una calle de Ciudad Industrial, la demarcación vecina. Es ella quien precisa la nomenclatura exacta donde se instaló hoy la histórica Jornada de Paz: calle Francisco Villa, entre Morelos y Niños Héroes.
“Estamos muy ilusionados porque siendo una zona marginada, es primera vez que se realiza un evento de estos, se han hecho en los alrededores, en Indeco, en Villa Las Flores, pero aquí es la primera vez. A veces por el pasaje, la gente no tiene las posibilidades de moverse. O no ubica el lugar de la dependencia. Pero acercar la dependencia a la comunidad es un gran apoyo”, resaltó, agradeciendo que los gobiernos federal, estatal y el municipal estén “trabajando de la mano y se unan para hacer llegar los apoyos hasta donde tienen que llegar”.
Cristina Martínez, delegada de la colonia Indeco, no quiso perderse la primera Jornada de Paz de este año. “Este Gobierno, como bien lo dicen, es un Gobierno del Pueblo y para el pueblo porque atiende a los ciudadanos. Y estos módulos permiten que accedan a los servicios en la colonia, sin gastar un peso porque a veces no se tiene ni para el pasaje. La verdad es muchísimo apoyo para la gente porque además es totalmente gratuito”, aseguró.
La Jornada de Paz permitió a vecinos acceder a consultas, vacunas y apoyos sin gastar en traslados al centro de la ciudad.
Esperando ser atendida, una joven madre llamada Jacqueline Domínguez, acompañada de su hija, vino a preguntar los apoyos que hay para ella, como mujer, y para su hija como estudiante. “Veo excelente que vengan a favor de nosotros. Por ejemplo, en la parte de salud, a veces se nos complicar salir hasta el centro de Villahermosa, porque aquí no hay centro de salud. Yo vengo a ver lo de una beca para mi hija y se me hace más fácil venir aquí, que está cerca de mi casa, que ir hasta allá”, se sinceró la joven madre.
Una vez que el subsecretario de Gobierno, José Pablo Mora Gómez, y la titular de la Oficina de la Gubernatura, Sylvia Aylin Olvera Pérez, declararan formalmente iniciada la Jornada de Paz, al grito de “en sus marcas, listos, ¡fuera!”, un grupo de trabajo fue casa por casa, invitando a los vecinos a acercarse “a donde está la tienda de don Alex”.
Pese a solo contar con motocarros como servicio de transporte público, la zona presenta conflictos propios de las grandes urbes, donde algunos ancianos aprovecharon para ofrecer viajes en triciclo y ganarse unos pesos extra. Aun así, el hogar de los Pérez mantenía las puertas abiertas de par en par, cuando saludaron los servidores públicos.
La mitad de la sala se adaptó como minitienda; la otra parte da cuenta de los logos de la estirpe con fotografías de graduaciones y un pequeño altar dedicado al fundador del clan. Quien les da la bienvenida es doña María del Carmen Pérez, quien tiene abuelo postrado en cama, sobrellevando un padecimiento.
Un servidor público sale “disparado” hacia la Jornada, y a los pocos minutos regresa empujando una silla de ruedas. El abuelo, que estaba al fondo de la casa, se levanta con ayuda de los demás y logra posarse en su nuevo vehículo de movilidad, desde donde regala una sonrisa tímida, pero sincera.
“Las Jornadas están excelentes, más para las personas de la tercera edad que están recibiendo muchos apoyos. Mi abuelito, gracias a Dios, salió beneficiado con una silla de ruedas. Y le damos las gracias de parte de la familia, de todos aquí. ¡Qué bueno que le dieron prioridad a la colonia! Ya estamos en mano de Dios, y del Gobernador, y por eso cambió la situación aquí, hasta en el tema de la seguridad. Ya la colonia está más tranquila”, agradeció conmovida la buena nieta.
Desde su tienda, construida también de lámina, pero impresionantemente alta y fresca, don Alex vio el desfile de vecinos que fueron atendidos desde temprano bajo el enorme toldo hasta las dos de la tarde, sin que se perdiera el ánimo.
Incluso, para él, ha sido un día magnífico, sus ventas despuntaron en martes. Su abarrotera perfectamente ordenada y limpia se llama “Primavera”, pero admite que con las dos décadas que lleva detrás del mostrador, ganándose la vida honradamente, como la mayoría en la Francisco Villa, el negocio se conoce mejor como “la tienda de don Alex”.
“Veo excelente el apoyo a la comunidad. Es la primera vez que nos llegan estos beneficios en grande. Ahora se ve más el poder, vamos a decirlo así. Le damos gracias (al Gobernador) porque nos ha tomado en cuenta, a pesar de que somos una colonia relativamente nueva. Los beneficios son excelentes. Y no lo esperábamos. Pero le voy a decir una cosa más: el valor de nuestra gente no tiene precio”, expuso feliz, tras vender unos Frutsi’s a un par de militares que acompañaron a la caravana.
