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La Verdad del Sureste

Qué pena Nieto


@UTufigno

En esta ocasión me dirijo al extitular de la FEPADE designado por el Senado, Santiago Nieto Castillo, quien fue defenestrado de su cargo por el encargado del despacho de la PGR, Alberto Elías Beltrán. Cuántas palabras reveladoras en un solo párrafo.
    Le pregunto abierto y directo, señor Santiago Nieto: ¿si no pensaba iniciar una auténtica lucha por la defensa de la legalidad y la legitimidad, entonces para qué agitó tanto las aguas? O como dicen allá por mi edificio: ¿para qué tanta ventosidad si nada más va a defecar aguado?
    En pocos días usted levantó de sus asientos a legisladores, partidos políticos, medios de comunicación, académicos y a una buena parte de la sociedad mexicana interesada en la democracia. La forma en que presentó su caso no dejó bocas indiferentes. Las posiciones se dividieron y, en cierto modo, se polarizaron.
    Usted dijo ser “un hombre de leyes” que cree “en el Estado Constitucional de Derecho”. Le voy a conceder que es cierto, pero ahora le replico: usted podrá ser un hombre de leyes, que cree en el estado constitucional de derecho; sin embargo, usted no es un hombre que defienda la justicia. O dicho en modo inverso: usted no es alguien que luche contra la injusticia.
    Yo creo que nadie esperaba que usted se transformara en un Quijote, aunque bien pudo convertirse en un símbolo de la defensa de la democracia y la legitimidad constitucional. Usted contaba, como pocos, con un respaldo suficiente que le aseguraba, al menos, un lugar en los precedentes de la transformación democrática de nuestro país.
    Con su retiro de la legítima defensa de su nombramiento, usted se traicionó a sí mismo. Inicialmente había dicho que acudiría al Senado en términos de la Constitución, y para ello presentó un escrito dirigido a la Mesa Directiva de dicha Cámara, en el cual pidió al senador Ernesto Cordero que iniciara los trámites para que el Senado conociera de su remoción y si, en su caso, habría de objetarse.
    (Ante el pronunciamiento del exfiscal, las horas siguientes fueron como partido de la Serie Mundial: un duelo de estrategias entre los actores involucrados. El debate se antojaba interesante tanto por las implicaciones estrictamente jurídicas como por las posiciones que asumirían los partidos políticos en el Senado. Se proyectaron sumas y restas que reflejaban igualdad. ¿Quién haría la diferencia? Pero llegó el viernes y el revire de Santiago Nieto: que dijo mi mamá que siempre no.)
    En un comunicado que usted compartió, señor Santiago Nieto, reconoció que, al igual que nosotros, no tuvo conocimiento de las razones de su remoción. Y partió de Max Weber para afirmar que su “convicción es combatir la ilegal remoción en términos jurídicos. Sin embargo, en el plano de la responsabilidad, entiendo que me corresponde hacer otra cosa”. ¿Qué otra cosa, exfiscal?, ¿callar ante la atrocidad?, ¿someterse, humillarse?  
    Usted, como hombre estudioso, debe conocer el caso Dreyfus que sacudió a la sociedad francesa a finales del siglo XIX. Como usted recordará, el capitán Dreyfus fue acusado de haber entregado documentos secretos a los alemanes. Con escasas pruebas, Dreyfus fue condenado y desterrado. Poco tiempo después, el verdadero traidor fue absuelto y aclamado por los conservadores.
    En defensa de Dreyfus, el escritor Émile Zola publicó una histórica carta dirigida al presidente francés: “Yo acuso”, una misiva que destacó no solamente por su contenido sino porque también enfrentó los modos de hacer de los medios impresos de comunicación de aquella época y que no son distintos de los actuales
    Por supuesto, señor Santiago Nieto, era poco probable que surgiera un Émile Zola para defender su causa ante el Senado y la opinión pública. Sin embargo, usted mató cualquier posibilidad cuando se inmoló al decir que no podía ser “el motivo de disenso, en el contexto actual de franca crisis institucional”. Se equivoca, no era usted el motivo de disenso, sino la corrupción y el modelo de democracia que queremos en este país.
    El mensaje que usted deja, señor Santiago Nieto, no ayuda en nada a perfeccionar nuestra endeble democracia. Si pensó que las instituciones ganarían con su paso de lado, le aseguro que el único que ganó fue el partido gobernante. Ellos, al igual que quienes condenaron a Dreyfus, son quienes lo van a aplaudir.        

 

  

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