Saltar al contenido principal
La Verdad del Sureste

Quemar las naves


    La historia está llena de sucesos reales e imaginarios. Aprendemos la historia como la recordamos, y la recordamos como la contaron. A veces es tal nuestra confusión que no sabemos si fue primero la historia real o la imaginaria. Esto es especialmente cierto en países que forjan su identidad en pasajes que se  consideran históricos, aunque carezcan de veracidad. Se cuenta que Hernán Cortés decidió quemar las naves en las que llegó a tierra continental ante una amenaza de motín de sus hombres, quienes veían inminente una derrota ante los pobladores de las nuevas tierras. La quema habría sido un mensaje para que los soldados entendieran que no había marcha atrás y continuaran con el plan de conquista. Sin embargo, tal parece que la realidad no fue exactamente así y tampoco es cierto que Hernán Cortés hubiera sido el primero en “quemar las naves”.  Según otras versiones más documentadas, cuando Alejandro Magno llegó con sus hombres a Fenicia, se percató de que la moral de su ejército se derrumbó al darse cuenta de que sus adversarios los superaban en una proporción tres a uno, por lo que ordenó quemar los navíos para quitarles la tentación de emprender el viaje de regreso.  En el caso del conquistador español es posible afirmar -a partir de diversas fuentes- que los hechos no ocurrieron de la forma en que lo aprendimos. Para empezar, no se trató de una lección de heroicidad frente a sus soldados, sino de una traición. Diego Velázquez, gobernador de lo que hoy es Cuba, mantuvo una relación –digamos- de amor/odio con Hernán Cortes e incluso llegó a encarcelarlo en algún momento. A pesar de cierta desconfianza, Velázquez decidió poner a Cortés al frente de la importante expedición que se proponía conquistar tierras continentales (México), pero cambió de parecer. En pleno viaje Cortés se enteró del cambio de opinión del gobernador de Cuba, ignoró la orden y siguió rumbo al continente. Es aquí donde nace la leyenda. Para anticiparse a cualquier comunicación que pudiera tener Diego Velázquez con el rey Carlos V y congraciarse con éste, Cortés decidió enviarle una nave llena de riquezas (¿les suena a corrupción?) e inutilizó los barcos para impedir cualquier comunicación de sus soldados con el gobernador de Cuba. Como podemos ver, “quemar las naves” no fue un acto de heroicidad ni “expresión de una determinación irrevocable”, como algunas fuentes tendenciosas lo tratan de hacer ver. Fue un acto de traición y ambición desmedida, porque ni siquiera Diego Velázquez cometió las atrocidades que hizo Cortés. En la recta final de la contienda presidencial, Enrique Peña parece haber ordenado “quemar las naves” para apoyar a su candidato perdedor, José Antonio Meade, quien no levanta en las encuestas. Sólo así se explica el hecho de que el exgobernador guerrerense René Juárez llegue a la presidencia del tricolor. Una acción desesperada a 8 semanas de la elección. También sólo eso explicaría la negativa que, según una fuente periodística, le expresó Peña Nieto a un grupo de empresarios que le pidió apoyar a Ricardo Anaya como la única forma de frenar a Ya Saben Quién. Los empresarios, según reveló a mediados de la semana López Obrador -con nombres y apellidos-, previamente se habían reunido con Anaya para llegar a un acuerdo y hacer alianza con Peña. La respuesta a los dichos del candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia”, fue dada por un “Consejo Mexicano de Negocios” mediante un desplegado publicado en medios impresos. En dicha publicación, sin nombres que avalen al “Consejo”, se quejan de las “expresiones injuriosas y calumniosas” del candidato de la coalición. Y luego lanzan una amenaza velada: “las condiciones de confianza y certeza jurídica son fundamentales para preservar y promover el ahorro, la inversión, el crecimiento económico y el empleo”.  Dicho de otro modo, los miembros del Consejo también estarían dispuestos a “quemar las naves” a la manera en que lo hizo Hernán Cortés: bajo la premisa de la traición y la ambición sin límites, pues antes que el interés nacional está la protección de sus privilegios. A 55 días de la elección, es una necedad de Enrique Peña quemar un barco que está hundiéndose. Si algún recato le queda, debería comenzar a preparar la entrega pacífica y ordenada del poder.    
¿Te fue útil? Comparte: Facebook X WhatsApp Telegram

Entérate de más