Saltar al contenido principal
La Verdad del Sureste

Recuentos del futuro


@UTufigno

Fecha: sábado 17 de marzo de 2018. Lugar: residencia oficial de Los Pinos, México. Personajes: Enrique Peña y Alfredo del Mazo.

Desde una ventana de la oficina en donde suele atender asuntos particularmente relevantes, el presidente Peña Nieto fija su mirada en los jardines, aunque en realidad no observa el jardín. Las pupilas dilatadas y los labios apretados reflejan preocupación.

En otra parte del país, no muy distante si consideramos la extensión geográfica del territorio nacional, Alfredo del Mazo prepara su equipaje para tomar un descanso –merecido, piensa él- después de lo convulso que han sido los primeros meses de su gobierno al frente del estado de México.

El fin de semana largo del 17 al 19 de marzo es la oportunidad que esperaba para desentenderse un poco de las actividades públicas. Le da tranquilidad saber que al día siguiente, domingo 18, no habrá ningún acto oficial por los 80 años de la expropiación petrolera.

Y justo cuando abre su cartera para confirmar que lleva las tarjetas de cortesía que innumerables amigos le han dado para hospedarse en hoteles recomendados “muy confiables”, recibe una llamada telefónica. Al colgar el teléfono la tensión de sus músculos faciales denota disgusto, aunque trata de fingir sus emociones como muchas veces lo hizo en campaña.

-No tardo, surgió algo importante y el presidente necesita mi consejo.

Al llegar a Los Pinos fue pasado de inmediato hasta donde se encontraba su amigo, su primo, su benefactor. Lo invitó a sentarse en un sillón y pidió a los asistentes que los dejaran solos.

-Alfredo, te he pedido que vengas porque sabes cuánto significas para mí, porque sabes toda la confianza que te tengo y porque sé que no vas a fallarme.

-Señor presidente, soy el más interesado en atender tus peticiones, lo que tú quieras siempre está por encima de mis propios deseos, como cuando me retiré de la candidatura para dejársela a Eruviel.

-Lo sé, Alfredo, por eso te quiero pedir un favor muy especial.

Del Mazo sintió que un escalofrío recorría su cuerpo. Algo había en las palabras y actitud de Enrique que no le gustaba. Rápidamente hizo memoria de qué pudo haber ocurrido para que el presidente se comportara así. Su mente viajó de la campaña del año pasado hasta el presente.

Sabía que los temas delicados de la campaña habían sido cubiertos por las autoridades electorales. Recordaba las muchas veces que festejó su triunfo para convencerse a sí mismo que había ganado las elecciones, incluso cuando el Tribunal Electoral, en un resolución muy cuestionada, validó los resultados.

-Dime, Enrique, estoy para servirte.

-Se trata de lo siguiente: como tú debes estar enterado, nuestro candidato no levanta en las encuestas, por más apoyo que le damos desde los programas de gobierno y la publicidad indirecta que le brindan nuestros amigos de los medios de comunicación. Necesitamos hacer algo urgente porque no podemos permitir que el populismo despache en esta residencia.

Del Mazo supuso que finalmente Enrique Peña le daba el valor político que merecía: alguien en quien podía confiar para tomar las decisiones más importantes en su último tramo de gobierno. Respiró profundo y puso toda su atención en lo que Peña le decía.

-Alfredo, mi gobierno no la ha pasado bien en estos meses, sobre todo desde que tuve que tomar una decisión enérgica por el caso Odebrecht que salió de nuestro control. Aunque ayudé a Emilio (Lozoya) para que no pisara la cárcel, fue imposible cubrir a todos.

-Señor presidente, usted actuó como tenía que hacerlo.

-Y recientemente me están golpeando por los contratos de OHL, algo que tú conoces muy bien desde hace varios años y por lo que yo no voy a pagar.

La incertidumbre se volvió a apoderar de Del Mazo. Peña se incorporó del sillón y ahora miraba hacia el jardín.

-Mi querido Alfredo, tú sabes el valor que para nosotros tienen las familias y por eso te ofrezco que tu familia va a quedar protegida todo el tiempo que dure tu proceso penal.

Al terminar la reunión, Del Mazo se dirigió a su casa de Huixquilucan. Le había prometido a Enrique que ahí esperaría la orden de aprehensión. No esperó, huyó del país.                 

 

 

¿Te fue útil? Comparte: Facebook X WhatsApp Telegram

Entérate de más