REFLEXIONES SOBRE UBER
Villahermosa, Tabasco a 10 de enero de 2019. Cuando llegó Uber a Tabasco, de forma ilegal y tropezada, escribí una columna llamada “Uber, el huachicol del transporte”, en la cual exponía algunos argumentos del por qué esta plataforma resultaba desventajosa para los conductores de taxis amarillos, y como precisamente en la ilegalidad, encontraba su mayor fortaleza.
A pesar de las condiciones de su arribo a la entidad y de la caza que se desató desde la SCT para intentar frenarla, al final la plataforma se posicionó como una opción viable de transporte entre los tabasqueños. A lo anterior contribuyó decididamente el gremio taxista, colmado de unidades inseguras y en pésimo estado, choferes irrespetuosos y cafres, su frecuente indisponibilidad, así como su pasmosa lentitud para actualizarse y competir. Ni que decir del deleznable y riesgoso pirataje.
Después de algunos meses de resistencia por no apoyar mediante la demanda, un servicio que sabía ilegal, fue el mismo taxi amarillo, con sus irremediables defectos, el que me empujó, al igual que a muchos tabasqueños, a volverme usuario de la plataforma.
Si bien hubo una disputa ideológica sobre si Uber entraba o no en el concepto de transporte público, no cabe duda que el tiempo ha terminado por esclarecerla: choferes con jornadas de hasta 14 horas al día, tarifa semanal para el dueño del automóvil (en caso de que el conductor no sea el dueño), pago de seguro para transporte público exigido por la empresa, etc. Si hace como pato y parece un pato, entonces es un pato (o taxi).
Como saldo de tal derrota ideológica, Uber ha traicionado su propia naturaleza, y transitado velozmente hacia un modelo de negocio inflexible con sus socios, volviendo económicamente inviable “manejar en tus ratos libres” como pregonaba la plataforma, pues se debe hacer frente a los costos de permanecer activo en la misma, como es el caso del seguro para transporte público que oscila entre los 30 a 60 mil pesos anuales aproximadamente, o entre tres y seis veces más que el costo de un seguro de auto particular.
Por otro lado, la liberalización que se traduce en la facilidad para volverse socio de la plataforma de transporte, y adicionalmente, para registrar los vehículos que se vengan en gana, puede resultar en la saturación del servicio de taxi y, una vez más, en su inviabilidad económica al desajustar la oferta de dicho servicio con respecto a la demanda.
Es cierto que Uber ha llegado a imprimir una presión positiva en el sector del transporte público, específicamente el del taxi, el cual en un lapso de dos años ha presentado una dinámica insólita pasando por diferentes aplicaciones como Taxi Seguro y Blitz Car, hasta la actual Taxi Plus, que buscan generar nuevos y mejores servicios, basados en accesibilidad, comidad, seguridad y calidad.
Si bien, hoy podemos decir que el saldo es positivo para el usuario tabasqueño, también resulta imperativo que el gobierno le entre a la regulación del servicio prestado por Uber, antes que ese saldo se invierta y terminemos por pagar vía tarifas más altas, las pérdidas del sector que sí está regulado. Es la intervención gubernamental y no una “mano invisible” la que debe actuar para preservar la sustentabilidad de la actividad económica y evitar futuras calenturas en todo el cuerpo social.
Twitter: @MartinezBriceno