La lista definitiva de la Selección Mexicana para el Mundial 2026 ya está sobre la mesa. Javier Aguirre eligió a sus 26 futbolistas y, más allá de algunas ausencias que inevitablemente generan debate, la sensación es que el técnico apostó por la lógica antes que por la popularidad.
No es una convocatoria diseñada para satisfacer a todos. Tampoco pretende serlo. Aguirre privilegió la experiencia en posiciones clave, mantuvo la base del proceso que construyó durante los últimos dos años y complementó el grupo con jóvenes que han sabido ganarse un lugar en el momento oportuno. La presencia de figuras consolidadas convive con futbolistas que disputarán su primera Copa del Mundo, una mezcla que parece buscar equilibrio más que espectacularidad.
Quizá la decisión más significativa es que el técnico parece haber elegido un equipo para competir y no para agradar. Algunas ausencias seguramente serán tema de conversación durante los próximos días, especialmente porque varios de los descartados participaron activamente en el proceso mundialista. Sin embargo, cuando llega el momento de entregar la lista final, los argumentos sentimentales dejan de tener peso y sólo queda espacio para las decisiones deportivas.
También resulta evidente que México llegará al torneo con una responsabilidad distinta a la de otras ediciones. Ser anfitrión implica una presión enorme y una exigencia que no admite excusas. El público no sólo esperará buenos partidos; exigirá una actuación que esté a la altura de un Mundial celebrado en casa.
Ahora termina la discusión sobre quiénes debían ir y comienza la única que realmente importa: qué tan lejos puede llegar esta selección. Porque las listas generan titulares durante unos días, pero los Mundiales terminan definiéndose dentro de la cancha.
Y ahí, finalmente, será donde estos 26 elegidos tendrán que demostrar que Aguirre acertó.