El rumbo de la “izquierda”
Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX) con estancia en investigación en la Universidad de Princeton, fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica
y articulista en la revista económica Trimestre Económico.
La “izquierda”, representada en este caso por el partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), no es una izquierda sólida en sus principios; tras haber pasado por varios partidos políticos (Socialdemócrata, de la Revolución Democrática, del Trabajo, Movimiento Ciudadano) refleja que no es una izquierda con los principios que dieron origen a los movimientos revolucionarios; sino que se trata de una “izquierda” que se ha acomodado en el sistema capitalista, con el que no tiene problemas serios de entendimiento; peor aún, no tiene entre sus propósitos serios y profundos la liberación de la clase obrera ni instaurar el socialismo ni hacer de México una nación más justa, más equitativa, más democrática y más soberana.
El rumbo socialista que la “izquierda” pregonó en otro tiempo está totalmente perdido; ya no está en su discurso la lucha por la liberación de la sociedad para la construcción del socialismo o una sociedad más equitativa. El poder político no ha servido a la autodenominada izquierda como medio para la transformación socialista mediante reformas al poder burgués, como pregonaban ciertas fracciones “reformistas” ni ha intentado la transformación socialdemócrata de México.
Por el contrario, han salido a la luz escándalos de políticos de la “izquierda” que se han vuelto ricos mediante su acceso a posiciones de poder. Entre esos escándalos no olvidemos al “señor de las ligas” y al tesorero “Bellagio”, ambos funcionarios relacionados con Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y otros caciques que se han enriquecido a la sombra del poder público y que se autodenominan de “izquierda”.
Estos señores han hecho del poder político su modus vivendi y han convertido el servicio público del Estado en un jugoso negocio que naturalmente defienden con toda su inteligencia y maña; invierten toda su energía para mantener el poder a fin de seguir viviendo del presupuesto público, olvidándose, por supuesto, de los menesterosos.
El espacio de poder económico y político que el sistema le ha dejado a estas “izquierdas” es la causa de que hoy sus grupos estén divididos en pedazos y que se peleen entre ellos, ya que los espacios por repartir son pocos, los que quieren gozar de las mieles del dinero y el poder son muchos y el sistema juega con ellos con base en la ley de la oferta y la demanda. Por ello algunos de los militantes de “izquierda” cambian continuamente de siglas a fin de acceder a candidaturas y posiciones burocráticas. Hace poco me encontré con un priista que trabaja ahora con bandera de morenista para no perder su chamba en la delegación Cuauhtémoc… La oferta es poca y los competidores también pertenecen a otros partidos políticos.
Como se ve, los de la “izquierda” se han acomodado ante la dificultad que marcó la caída del socialismo a escala mundial cuando se vinieron abajo el muro de Berlín y el socialismo real de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Es decir, han optado por acomodarse al poder público prevaleciente y, al quebrantar los principios que antes decían defender y resultar ahora inofensivos, finalmente han cedido a los propósitos del sistema. En otras palabras, el sistema puede convivir con una “izquierda” así deformada, porque tiene precio.
El cambio de objetivos de la izquierda se evidencia en las pugnas por el poder entre las “tribus” del PRD, cuya nota diaria son los pleitos internos por “chiquilladas”, por distintos puntos de vista, intereses personales en pugna y por la continua sucesión de traiciones, actos inescrupulosos, mentiras y puñaladas traperas entre compañeros de una misma facción.
Por ejemplo, es públicamente conocido el caso de Andrés Manuel López Obrador y muestra la descomposición ideológica de la “izquierda”; ¿cómo olvidar que López nació en las filas del PRI y que, por lo tanto, no es un teórico de la revolución socialista, sino un oportunista que se ha sabido acomodar para vivir del presupuesto público?
Este señor aplica magistralmente la máxima de que es un error vivir al margen del presupuesto y hoy es el presidente de Morena, partido que va a recibir más de 300 millones de pesos en 2016. (De hecho, según algunas voces, López Obrador se nombró presidente de Morena para evitar ser cuestionado por el uso de recursos públicos en los comerciales oficiales de su partido sin tener cargo en el mismo y para seguir haciendo campaña proselitista anticipada para las elecciones presidenciales de 2018).
En el análisis de esta figura de “izquierda”, es posible descubrir también que hoy está tratando de quedar bien con la gente de poder, como la poderosa oligarquía de Estados Unidos; López Obrador y Morena han lanzado una campaña publicitaria en el país vecino en la que se alude al ex presidente Roosevelt. Con esta estrategia política, López Obrador y su partido se exhiben como lo que son, una izquierda inofensiva igual que la de Chile. Malquistar al PRI con los gringos, sugerir que pueden controlar el descontento de las masas mexicanas; que están en favor de los empresas estadounidenses y que no van a dejar llegar al PAN (que le quedó a deber a los norteños) a la Presidencia de México. Así se explica que el discurso de López Obrador ya no sea tan “radical” como antes.
Ésa es la “izquierda” que va a gobernar en Texcoco y que, apenas entrar, mostró una etapa más profunda de su descomposición: el fascismo. Efectivamente, lejos de lanzar un mensaje constitucional (como es su obligación), manejó un mensaje de discriminación y, como otrora lo hicieran los nazis con los judíos, enderezó una campaña agresiva y mentirosa contra los antorchistas. Con su mensaje discriminatorio y anticonstitucional, la falsa izquierda demuestra que la preocupación del nuevo Gobierno morenista no es el progreso de Texcoco, Estado de México, sino acabar con sus opositores.
Pero la actitud fascista de esta “izquierda” descompuesta sólo puede explicarse como una reacción irracional ante el temor de perder posiciones políticas de índole personal o de facción; al temor fundado de que una organización social como el Movimiento Antorchista llegue a gobernar Texcoco y lo haga mejor que los que hoy se codean con el partido Morena y que al comparar lo que hace el Movimiento Antorchista en favor de los texcocanos y la forma en que lo hacen quienes hoy gobiernan este municipio, la gente va a confiar definitivamente en Antorcha y no les dará lugar a estos falsos redentores del pueblo que han traicionado los intereses de la población. Ése es el punto.Por eso tanta rabia, tanta discriminación; por eso tanto odio, que sólo reflejan una lamentable pérdida de la brújula: hoy la “izquierda” está en contra de la clase que otrora decía defender, está en contra del proletariado, en contra del pueblo; prueba de ello es su proceder fascista contra los pobres.