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La Verdad del Sureste

Seguridad presidencial


Se entiende perfectamente que Andrés Manuel quiera marcar diferencia respecto de sus antecesores en temas como el derroche en traslados y “guarurismo”. Lo hace porque él es así (aunque a muchos les cueste trabajo creerlo) y porque gusta de la cercanía con la gente: es la forma que tiene de enterarse de la realidad del país, más allá de lo que puedan decirle sus colaboradores.
    Esa cercanía, que hace que por momentos parezca más rockstar que presidente, genera empatía con quienes se dan cuenta que es una persona sensible, de carne y hueso, que viaja a su lado en un avión comercial y que nunca va a rechazar una muestra de afecto, una foto o una solicitud de apoyo. Todo eso está muy bien y es un gran cambio, pero ¿y su seguridad?
    Andrés Manuel ha reconocido que en ocasiones siente miedo, pero no es un cobarde. Así debe ser porque el miedo nos hace tomar precauciones, como supongo que las estará tomando con su discreto equipo de seguridad. Cuando gobernó la Ciudad de México le funcionó y fue suficiente, aunque los riesgos a que está sujeto como presidente son mayores.
    El jueves pasado, mientras Andrés iniciaba su conferencia mañanera, a través del número telefónico nacional de emergencias se recibió una alerta que refería una camioneta abandonada al exterior de una de las entradas a la refinería “Antonio Amor”, de Salamanca, Guanajuato, zona que es sintomática del “huachicoleo”. Según algunas versiones, el vehículo tenía varias horas estacionado ahí, con las luces encendidas, sin que ninguna policía interviniera.
    Al interior de la camioneta -a simple vista- había un “algo” hecho con tubos, cables y cinta adhesiva, lo que motivó la intervención de las autoridades estatales y federales de seguridad. Al ser informado, el presidente restó importancia al hecho, a pesar de que también habían sido localizadas un par de mantas con mensajes amenazantes para el primer mandatario.
    Una de las mantas, con más errores ortográficos que tinta, contenía las siguientes frases (se mantiene la horrorgrafía original): “…te exijo que ya saques… a la Marina, Sedena y fuerzas federales… si no te boy a empezar a matar gente inocente para que veas que esto no es un juego… hay te dejo un regalito en mi refinería para que vallas viendo como se van a poner las cosas…”.
    El resto de la mañana corrieron todo tipo de versiones: que si se trataba de una bomba, que si el artefacto no contenía explosivo alguno, que si fueron los huachicoleros de la región o los de cuello blanco, que si era obra del grupo “Santa Rosa de Lima”, organización que negó la autoría y la atribuyó al “Cartel de Jalisco Nueva Generación”.    
    Como quiera, alrededor del mediodía un grupo especializado de militares retiró el dispositivo en un contendor especial, cuya revisión arrojó la presencia de elementos explosivos (una emulsión y fulminantes), por lo que se determinó su destrucción controlada. ¿Fue una mera balandronada de alguno de los grupos delincuenciales que ha visto afectada su actividad ilícita?  Aunque se entiendan y compartan las razones por las que Andrés Manuel rechaza los insultantes aparatos de seguridad del pasado, cada vez hay más voces sensatas que le piden refuerce su seguridad, fundamentalmente por lo que representa para la estabilidad institucional. Un equipo de seguridad puede ser eficiente y discreto si hay trabajo de inteligencia previo.
    En una de las etapas económicas más difíciles que tuvo el gobierno de Fidel Castro, el “periodo especial”, tuve la oportunidad de viajar varias veces a la isla bella caribeña. En alguna ocasión me entró curiosidad por tratar de ubicar su residencia en La Habana. Aunque nadie daba una ubicación exacta, tomé algunas pistas y me di a la tarea de recorrer la zona en bicicleta.
    En algún momento llegué a cierto lugar en el que para cruzar había un puente. Observé a una apasionada pareja, una persona que hacía trabajos de jardinería, algunos otros que hacían limpieza. Cuando me decidí a cruzar el puente, la pareja me hizo la señal de alto y pensé: aquí es. Me quedé por la zona y unos minutos más tarde apareció un auto negro en el que viajaba Fidel. Después de que pasó, se retiraron la pareja y los demás trabajadores. Eficiencia y discreción.     

 
        

 

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