SÍ HAY COSAS PEORES… EN MÉXICO
Recién recordaron una frase de Winston Churchill quien, en defensa del predominio de la política para administrar y guiar un gobierno por encima de otros medios, afirmase: “Sí hay algo peor que un político profesional, un político no profesional”; y lo refirieron con respecto al arribo de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos. Pero ¿qué acaso no en México y en nuestras entidades federativas, recurrentemente han arribado –arribazón le llamo- personajes de pésima calidad profesional y política?
¿Podría usted afirmar que Vicente Fox era un político profesional? ¿No resultó acaso un desastre como político y como ciudadano? ¿No nos daba vergüenza las barrabasadas y brutalidades que hacía y decidía? ¿Qué político y de profesional tuvo Fox? Entonces, no hay porqué fijarse tanto en lo que haga o vaya a hacer Trump. Ya sabemos que nos afectarán sus decisiones, pero ¿qué acaso no nos afectaron seriamente hasta el daño terminal las bestialidades de Fox? ¿Puede usted afirmar, hacho el balance del gobierno de FeCal y de lo que va de Peña, que estos “políticos” son profesionales o han hecho algún bien a la nación? La gran mayoría de los habitantes del país, afirma y reafirma, que no; que han sido pésimos “políticos”.
Y vaya usted bajando la canasta: los funcionarios de varios gabinetes estatales ¿cumplen con los requisitos esenciales de un político o simplemente son piezas del ajedrez de la comunidad que hace las tareas de comparsa o testaferros del gobernante en turno?; y otros muchos ¿Qué acaso no son simplemente aupados a los cargos por ser amigos del jefe en el mando sin que cumplan con la calidad requerida?
¿Cree usted que Tomás Yarrington, Mario Villanueva Madrid, Javier Duarte de Ochoa, Humberto Moreira, Guillermo Padrés Elías, Eugenio Hernández Flores, Andrés Granier Melo, César Duarte Jaquez, Luis Armando Reinoso Femat, Jesús Reina García, Pablo Salazar Mendicuchía, fueron políticos profesionales? ¿No les parecen más una parvada de pájaros de cuenta, depredadores de la política o viles peculadores del presupuesto? Y aquellos otros que no han terminado en la cárcel pero que ese es el mejor lugar para que terminen su vida, que con descara universal ocuparon puestos políticos sin ser más que miembros de una casta de degradados como Ángel Aguirre Rivero; o los ex Procuradores que a cual más no han dado un solo momento de éxito a los gobiernos que han servido sino solamente traído desprestigio total al gabinete donde se desenvolvían (llámese, Murillo Karam o Areli Gómez).
Otros como Adriana Ruiz Salinas o Alfredo Castillo Cervantes, quienes notoriamente eran supinos desconocedores de las tareas a realizar en los cargos que les confirieron y resultaron ser un desastre. Y ¿qué decir de aquel que les designó y les dio su confianza? ¿Podemos afirmar de quien los designó es un político profesional si sus designaciones denotan que no son serias ni tienden a beneficiar a la nación?
¿Y aquellos que hundieron a Pemex, como Lozoya Austin, podemos afirmar son políticos o depredadores presupuestiveros?
El sociólogo Max Weber distingue en su librito El Político y el Científico que hay quienes viven de la política y quienes viven para la política.
Dice Weber: “Hay dos formas de hacer de la política una profesión: o se vive “para” la política o se vive “de” la política. La oposición no es en absoluto excluyente. Por el contrario, generalmente se hacen las dos cosas. La transformación de la política en una empresa, determinó la división de los funcionarios públicos en dos categorías bien distintas aunque no tajantes: a) Funcionarios profesionales; b) Funcionarios políticos: que pueden ser trasladados o destituidos a placer y a quienes está atribuido el cuidado de la administración interna en general. El auténtico funcionario no debe hacer política, sino limitarse a “administrar”, sobre todo imparcialmente.” En esa tesitura, olvidémonos de Trump: ¿Es un político profesional Peña?, ¿Lo es Osorio Chong o Videgaray? ¡Para que ir hasta Washington¡