Simplemente Fidel
@UTufigno
Una nota al pie de una fotografía del libro de egresados del Colegio Preparatorio de Belén, en Cuba, decía lo siguiente: “Estamos seguros que llenará el libro de su vida con páginas brillantes”. El año era 1945 y el alumno se llamaba Fidel Alejandro Castro Ruz, o simplemente Fidel.
Alumno brillante y notable orador desde adolescente, Fidel fue elegido como mejor deportista de secundaria en Cuba: campeón en béisbol y atletismo de pista. Con los años, la natación y el buceo se convirtieron en aficiones que practicó hasta donde su condición física se lo permitió.
Sobre Fidel, su hermano Raúl dijo alguna vez: “Tenía éxito en todo. En el deporte, en el estudio y todos los días peleaba. Tenía un temperamento muy explosivo. Desafiaba a los más poderosos y a los más fuertes, y cuando perdía comenzaba al día siguiente”. Y sí, así era.
Los Juegos Olímpicos de Sídney en el año 2000 trajeron una final de ensueño: las selecciones de béisbol de Cuba y Estados Unidos se enfrentarían la noche del 27 de septiembre. El resultado final fue favorable al equipo norteamericano, pero apenas terminó el juego, Fidel convocó en ese momento a los encargados del deporte en la Isla, con un solo propósito: recuperar la medalla de oro para Cuba. Para el ciclo siguiente, Atenas 2004, el béisbol cubano ganaría el oro olímpico.
Durante su estancia en el poder fracasaron cientos de intentos para derrocarlo y/o matarlo, acciones que lo mismo provenían de la Agencia Central de Investigaciones (la CIA) del gobierno norteamericano, o del llamado exilio cubano en Miami, muy particularmente de la poderosa Fundación Nacional Cubano Americana de Jorge Mas Canosa.
Sin embargo, la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la Unión Soviética fueron los hechos que mayormente pusieron a prueba la solidez del sistema construido por Fidel. Mientras en Europa sucumbía lo que se había dado en llamar el “socialismo real” -cualquier cosa que signifique-, Fidel presagió el futuro y en diciembre de 1989 dijo que la Isla desafiaría con ejemplar dignidad a “un mar de capitalismo”.
“Nunca hemos aspirado a que nos entreguen la custodia de las gloriosas banderas y los principios que el movimiento revolucionario ha sabido defender a lo largo de su heroica y hermosa historia, pero si el destino nos asignara el papel de quedar un día entre los últimos defensores del socialismo, sabríamos defender hasta la última gota de sangre este baluarte”.
Entonces, los cubanos supieron lo que venía: una crisis económica sin precedentes y un poco después comenzaría el “periodo especial”, caracterizado por la escasez de petróleo, materias primas y alimentos. De la noche a la mañana, Cuba se quedó sin el 85% de su comercio exterior. Su deuda se elevó y no era sujeta de crédito. George Bush padre se frotaba las manos y decía, como muchos otros, que sería el “primer presidente en pisar Cuba libre”.
Como bien satiriza Eduardo Galeano en su libro “El fútbol a sol y sombra”, Washington y el exilio cubano fallaron siempre que profetizaron que “fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas.”
El momento más difícil de este periodo fue el 5 agosto de 1994 cuando cientos de cubanos comenzaron a juntarse en los alrededores del bello malecón habanero, alentados por un rumor que venía desde Miami: una o varias embarcaciones zarparían hacia La Habana con regreso a Florida. Pronto, miles de personas entre curiosos y eventuales viajeros estaban ahí y comenzaron algunos desmanes.
A las cinco de la tarde Fidel hizo acto de presencia en el lugar a bordo de un jeep militar descapotado. Como por acto de magia, los disturbios cesaron y la gente comenzó a dispersarse. La pura presencia de Fidel fue suficiente. “Este tipo sí que tiene cojones para meterse aquí… no hay nadie que lo tumbe”, se le escuchó decir a alguno de los inconformes.
Y Fidel tomó una medida imprevista por los gringos: dejaría que la gente que quisiera salir de Cuba, lo hiciera. Esto obligó al gobierno norteamericano a negociar un nuevo acuerdo migratorio.
Con la partida de Fidel se cierra la epopeya más brillante de la defensa de la dignidad de nuestros pueblos. ¡Hasta siempre, Comandante!