Sin seguridad no hay libertad
En Villahermosa, la seguridad ha ido mermando. La gente vive cada vez más encerrada en sus hogares, procura no salir de noche a menos que sea necesario, algunos ya padecen delirio de persecución y lo peor es que ya es común ver en los diarios o noticieros como algo normal ejecuciones, asaltos, secuestros o balaceras.
¿En qué momento nos acostumbramos a todo eso? ¿Por qué no hemos levantado la voz? ¿Nos hemos vuelto insensibles?
Hace dos semanas fue asesinada otra persona más en el Puente Solidaridad --que conecta al centro de la capital tabasqueña con populosa la colonia Las Gaviotas--, donde bestias desalmadas asestaron varias puñaladas a un humilde vendedor de dulces, oriundo de Chiapas. ¿Cuánto podrán haberle robado los infames esos a este chico?
Apenas un mes atrás, un trabajador de una zapatería también corrió la misma suerte, y sin ser investigador ni erudito en el tema de seguridad, intuyo que el autor o los autores de esas dos desafortunadas muertes fue o fueron los mismos; alguien que agazapado en la oscuridad de la zona --ahí no pusieron luminarias de esas de las “caras”--, solamente está esperando a una presa para caerle encima.
La pregunta es, al saber del primer asesinato, ¿Qué hizo la policía?, al parecer nada, porque al mes siguiente sucedió lo mismo, cuando su obligación era haber puesto seguridad en el puente, rondines cotidianos para hacer notar su presencia o por lo menos promover la iluminación de la zona, pero nada, nada de eso sucedió y hoy desgraciadamente hay dos hogares más enlutados, sin contar que la semana pasada a unos pasos de esa zona asesinaron a otra persona a balazos.
La semana antepasada también, a plena luz del día –dos de la tarde-- un par de sujetos en una motocicleta asaltaron a un ama de casa que se encontraba afuera de su hogar; las fotos y el video de una cámara de seguridad se hicieron virales en redes sociales, pues a los maleantes se les notó nítidamente el rostro, pero hasta el día de hoy ni sus luces, pese a que vecinos de la zona han señalado que los hampones son ampliamente conocidos. Así en varias colonias.
Es cierto que Tabasco vive una transformación económica que ha generado un proceso permanente de desarticulación de la organización social, pues frente a una realidad en la que ciertas necesidades son cada vez más difíciles de cubrir por medios socialmente aceptados, los medios ilícitos se han convertido en una opción para subsistir.
Y también es cierto que esta delincuencia no se combate sólo con pistolas, más policías en las calles o aumentando y recrudeciendo las penas; requiere, sobre todo, del mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores marginados y excluidos del desarrollo económico. En otras palabras, requiere de la regeneración del tejido social en las zonas de alta incidencia delictiva. Sin embargo, pareciera que ni lo uno ni lo otro sucede. El gobierno estatal se encuentra atado de manos ante la falta de recursos que nomás no llegan de la Federación.
A últimas fechas las autoridades han dado cuenta de una serie de aseguramientos de secuestradores, asaltantes e integrantes de bandas del crimen organizado, pero de acuerdo a la percepción ciudadana, eso no ha sido suficiente para dejar de sentirse inseguros.
Por ello, son urgentes eficaces políticas de combate al crimen, pero también de desarrollo social; es decir, contar con una policía efectiva, pero también reconocer que los efectos de un inequitativo desarrollo económico conllevan a la creación de un clima propicio para la inseguridad.
Por tanto, debe quedar claro que una política que intente abatir la inseguridad sólo podrá hacerlo si se combate efectivamente la pobreza y el desempleo, si se procura mejor calidad de vida en la gente, porque sin seguridad no hay libertad.
TEJIENDO FINO
Del pueblo de Don Gregorio Méndez Magaña saldrá el “segundo de a bordo”, quien ya empieza a tejer fino con su apellido, aplicando hilo de oro en varios puntos para que a partir del 1 de enero de 2019 el gobierno de Adán Augusto López Hernández arranque “bien aceitado”.