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La Verdad del Sureste

Tabasco, el edén perdido

La contaminación de Pemex ha derrumbado la actividad pesquera en la costa tabasqueña


 

Humberto Padgett 
CUARTA PARTE
Villahermosa, Tab., 08 de abril.- La zona comprendida hasta los 2 metros de elevación sobre el nivel del mar tiene una extensión aproximada de 5 mil kilómetros cuadrados. En la zona de la Laguna de Términos, una de las entrantes de mayor longitud, en el nivel de cero a un metro es de 20 kilómetros. En la región del Río Usumacinta el nivel de inundación con la misma altura alcanza hasta 55 kilómetros, proyectándose el siguiente nivel hasta 62 kilómetros tierra adentro. 
    En el área que corresponde al río Grijalva la extensión del primer nivel de inundación es de aproximadamente 25 kilómetros, el segundo nivel es de 32 kilómetros. El Golfo de México es una región con 159 mil 890 kilómetros de ríos. Ahí sobresalen dos de los mayores sistemas de deltas en el mundo: el del río Mississippi, en Estados Unidos, y el de la cuenca del Grijalva-Usumacinta, en México. Este, a su vez, es el mayor de Mesoamérica. Hace algunos años, el huracán Katrina hizo un insospechado giro en su trayectoria. 
    Se enfiló hacia Luisiana, regó los diques con que se pretendía contener al Río Mississippi como si fueran una caja de cerillos y se tragó Nueva Orleans. Varias coincidencias con lo que Villahermosa vivió en 2007 en mayor magnitud, pero de manera reiterada antes y después. Una lluvia insólita arrastró los muros para contener los ríos Grijalva y Carrizal, dispuestos en el otro delta del Golfo de México. La ciudad se hizo de agua en horas. 
    Hace unos días, alguien daría más claves para comparar Nueva Orleans con Villahermosa: Los geógrafos de la Universidad Autónoma de México (UNAM) ubicaron otras zonas en el Golfo de México susceptibles de ser afectados por el nivel del mar: la llanura del delta del Río Bravo; la Laguna de Alvarado y curso bajo del río Papaloapan, Veracruz; los Petenes, Campeche; Bahías de Sian Ka’an-Chetumal, Quintana Roo. 
    Los nortes llegan al Golfo de México cada vez más rabiosos. Resoplan y, cuando empatan con la marea alta, tumban caminos, carreteras, casas. Entonces las comunidades de El Alacrán, Villa Paraíso y otras se quedan incomunicadas. Los viejos del mar recuerdan que no siempre fue así, que antes los temporales eran menos, más cortos, menos intensos. “Recientemente Pemex [Petróleos Mexicanos] hizo una pequeña reparación de la carretera, pero no le puso una protección firme, fuerte y tantito llega otra vez el norte y la vuelve a destruir. 
    No es una cosa bien hecha. Jorge de la Cruz tiene 67 años de edad. Es pescador y su padre, Tranquilino, también fue pescador. Y su abuelo, don Ángel, lo mismo. Todos los hermanos de Jorge, los que viven, son pescadores y los que ya murieron lo fueron. Algo sabe del mar este hombre de cara tallada por el sol y la sal, de cejas largas y gruesas como patas de camarón revueltas por el norte que golpea este pedazo de Tabasco, en el municipio de Cárdenas. “Hubo un sistema de pesca virgen en que pescamos la cantidad de pescado que quisimos. 
    Con poco tiempo, con pocos días, con pocas horas de trabajo en el mar o en la laguna. Eso hace aproximadamente como unos veinticinco o treinta años”. “Hoy, para agarrar ocho o diez kilos de pescado te pasas todo el día, cuando antes en diez, quince minutos lo hacías. La pesca ha desmerecido como un ochenta por ciento”, estima el hombre. A unos metros de esta playa oscura el agua arrojaba borbotones de sierra, tiburón, robalo, cuchumbo, mojarra, sargo, ostión o camarón. Todas esas especies había por toneladas. “Hoy es otra cosa: nuestros hijos emigraron porque la pesca aquí ya no es redituable. 
    Todas, totalmente todas las especies mermaron”. –¿Qué pasó? –pregunto a Jorge. –Las contaminaciones de Pemex hicieron migrar al pescado de la costa. También debemos admitir que sobreexplotamos el recurso. Sobre esto último, Jorge recuerda como en una sola salida a mar abierto volvían al puerto de Sánchez Magallanes con cinco toneladas de pescado sin que hubiera hielo suficiente para refrigerarlo. 
    La comida simplemente se podría. O extraían especies con conocimiento que su precio en el mercado de La Viga, a más de 700 kilómetros en el Distrito Federal, era tan bajo que el traslado en camión simplemente no era rentable. El declive pesquero llegó al grado de que las autoridades ambientales vedaron el otorgamiento de nuevos permisos para la pesca comercial. Ahora son los mismos 4 mil pescadores que se disputan el poco pescado restante. 
    De pez vela ya no hay nada y el sábalo y el tiburón no tarda en desaparecer. Las noticias son más que malas: el lugar prácticamente vive de la pesca. Hace 20 años la belleza del sitio originó un p royecto turístico hecho pedazos, literalmente, por la crecida del océano. Tomado del diario digital SinEmbargo

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