Y Pablo Gómez constantemente recuerda el caso del ‹›Pemexgate,›› donde mil cien millones de pesos fueron triangulados de Pemex, al S.T.P.R.M. y de ahí, a la campaña presidencial de Francisco Labastida en el año 2000, siendo tesorero del sindicato petrolero Ricardo Aldana Prieto, quien hoy se ostenta como secretario general, aun siendo trabajador de confianza de Pemex.
También se recuerda, que, a espaldas de los trabajadores petroleros, Carlos Romero Deschamps, y Ricardo Aldana Prieto, depositaron 480 millones de pesos en una Casa de Bolsa de Nueva York, que se convirtieron en 43 millones de dólares y que la entonces Procuraduría General de la Republica, ordeno su repatriación a México, lo que no hicieron.
Esa triangulación de recursos de Pemex, vía S.T.P.R.M. al PRI, hizo que el entonces Instituto Federal Electoral, IFE, multara al PRI por mil millones de pesos, la multa más alta de la historia mundial, que el trabajador petrolero sometido, permitió se pagara con los dineros del sindicato petrolero. Ah, y por miedo, y por continuar viviendo en su estado de confort, también permitió que el dinero triangulado a la campaña presidencial, 1580 millones de pesos, fueran pagados hipotecando las cuotas sindicales del S.T.P.R.M. por 30 años, y a través de un documento llamado, ‹›reconocimiento de adeudo.›› Hoy, muchos protestan por lo bajito, pero con su silencio se convirtieron en cómplices, en algunas ocasiones, para que su recomendado tuviera trabajo o una ficha para su hijo.
El trabajador también permitió que Romero Deschamps, y Ricardo Aldana, firmaran dos convenios, uno de transacción, para que se les devolviera el dinero sustraído, que fue a través del Convenio 10275-2004, y otro para que se los regresara. Y aun, cuando Pemex tiene que ver mucho, con la economía nacional, con el ingreso público, con la industrialización, y el desarrollo con la ingeniería propia, y muchos aspectos de la vida de México, Pemex les presto, a Romero Deschamps, y a Ricardo Aldana Prieto, en el año 2013, 500 millones de pesos, a pagar a diez años, y sin intereses, aun existiendo deuda externa.
En fin.
