Tocó Payán Velver los sentimientos de un país moralmente en ruinas
El homenajeado este 19 de diciembre con la Medalla Belisario Domínguez, el periodista y director fundador del Periódico La Jornada, explicó que cuando empezó a trazar éstas líneas de texto no dejó de darle vueltas en la cabeza la frase del poema de Quevedo que dice así: “estos muros de la Patria mía”.
Muros, muros, inquisitorios que cayeron como cayó la época medieval y se construían los puentes que condujeron al período de la ilustración que encaminó a la humanidad hacia situaciones de prosperidad, que hoy en México se presenta como la esperanza que nos hace pensar en un país mejor.
En su texto Velver mencionó tres bestias apocalípticas: La primera el medio ambiente que nos arropa ya no aguanta más maltrato y saqueo por parte de una cultura absurda, consumista sin límite, egoísta, narcisista hasta la ruina, enamorada de sí misma y del dinero, que en su afán por devorar se está devorando a sí misma.
La segunda: es la indiferencia o la abierta hostilidad y la agresión con que un mundo privilegiado se comporta frente a las otras tres cuartas partes de la humanidad: los despojados, los perseguidos, los abandonados que huyen de la guerra, la sequía, las inundaciones, la violencia y el hambre, desbordando los caminos de la Tierra en una infinita caravana; que echan mano de sus últimas fuerzas para llegar hasta unas puertas que se les cierran en las narices, ,y hasta las fronteras de naciones más favorecidas que responden con balas, alambradas, desprecio, insultos, deportaciones, campos de concentración y muerte.
La tercera: es el regreso del fascismo, llamado también ultraderecha que renace con alevosía en las cuatro esquinas del planeta. Que hoy resurge con una fuerza inusitada y ponzoñosa, directa o indirectamente alimentada por la política de Donald Trump: un vecino prepotente e impositivo, cavernario, xenófobo y machista.
Y advierte que el gobierno mexicano tendrá que lidiar con el iracundo vecino del Norte y su andanada fascista, haciendo un auténtico despliegue de honor, valor, soberanía, imaginación y habilidad diplomática.
Señaló que el nuevo fascismo ya señaló a su enemigo insignia: los migrantes. En ellos, pero no sólo en ellos, algunos países han encontrado el depositario de su odio.
Desprecio por las instituciones democráticas y, al mismo tiempo, utilización de éstas como palanca de ascenso al poder.
El caldo de cultivo que le sirve al fenómeno de radicalización hacia la extrema derecha es la circunstancia de que las políticas neoliberales han ensanchado de manera brutal el abismo entre una minoría de ricos y una inmensa mayoría de pobres.
Enfatizó en otro rasgo común a los nuevos fascismos y que debería despertar una voz de alarma: no pocas veces acceden a la visibilidad y al poder por medio de mecanismos democráticos, como acaba de suceder en Brasil. En ocasiones se valen de los procesos electorales, de la participación parlamentaria o ministerial, del control heredado de las instituciones y de la politización y manipulación de la justicia.
Sin embargo, reconoció que en México, por fortuna, el panorama que hoy se nos abre va en sentido opuesto y podría significar el afianzamiento de la democracia que ha llevado a muchos en el resto del mundo a ver en este país con una enorme esperanza.
“Que los muros que levantemos en esta Patria mía no sean para separar a los pueblos sino murallas de valor y buen juicio que nos protejan del embate y el yugo de todo fascismo”, sostuvo Payán..
“Que Andrés Manuel López Obrador, un demócrata que llega al poder en una elección sin paralelo y después de una vida de lucha, cumpla con estos objetivos. Y que la sociedad mayoritaria, vigilante, crítica y solidaria que se ha manifestado en estos meses mantenga a raya a las bestias que mencioné y que no permita una recaída en el abismo”, concluyó el discurso cargado de emoción y vertical mexicanismo.