Total, qué tanto es tantito, diría el cinico

El Estado Argentino, socio bobo de las multinacionales

Federación de Trabajadores de la Energía de la República Argentina
    La política energética es inseparable de los lineamientos estratégicos del país en materia de crecimiento. Más allá de algunos discursos que alientan “humanizar al capitalismo”, está fuera de toda discusión que el crecimiento actual sigue pasando por la inserción internacional Argentina a través de su rol de país dependiente de la provisión de materias primas.
    Soya, minería a cielo abierto, la producción automotriz -cuya gestión también está en mano del capital multinacional- son los motores de la actual bonanza de Argentina, que hasta ahora no ha sabido ser utilizada para generar una industria alternativa que genere valor agregado y multiplique la mano de obra ocupada.
    Consecuentemente, la matriz de la política energética Argentina continúa siendo la misma de los noventa, priorizando las necesidades y ganancias de las multinacionales aunque esto signifique por ejemplo, exportar las últimas reservas de crudo para importar al tiempo, casi el 70 por ciento de la nafta que se necesita para satisfacer la demanda interna y ni que hablar de los tendidos eléctricos y de infraestructura en general, para atender los nuevos emprendimientos mineros, con sus puertos y hasta “fronteras privadas”.
     El modelo energético basado en la privatización, segmentación de los sectores y extranjerización fracasó. Este Gobierno niega esa realidad. Hace igual que las anteriores administraciones, con el agravante que la actual ha profundizado este cuadro con sus decisiones, la creación de leyes de ampliación de las concesiones, las iniciativas de favor y acuerdos secretos con las empresas multinacionales para la exploración y explotación (off-shore) de la plataforma marítima Argentina, entre otros territorios nacionales.
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