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La Verdad del Sureste

TRUMP Y CUBA SIN FIDEL


Donald J. Trump es un fenómeno de las redes sociales y de la televisión. Le ofrezco un dato que revela lo que el magnate neoyorkino hizo en redes sociales: en 2012, cuando la campaña de reelección de Barack Obama, en el lapso de 10 meses que duraron las elecciones primarias y las del periodo cuando ya fue candidato Obama, todos los competidores generaron 31 millones de tweet sobre la elección presidencial. 31 millones en 10 meses. Ahora, en 2016, sólo en un día, el 9 de noviembre, día de la elección, a causa del fenómeno Trump se generaron 40 millones de tweets sobre la elección. 40 millones en un día contra 31 millones en 10 meses. 

    Y ese manejo de los medios y las redes sociales que domina bien Trump desde que tuvo su reality show, será, al menos por dos años, el instrumento o la herramienta que más usará. Un ejemplo de ello es su uso sobre el tema de Cuba y las relaciones diplomáticas y comerciales con EE UU. Donald J. Trump ha recurrido al lenguaje que mejor conoce, el de los negocios y el de las redes sociales, para decirle, antier lunes, a Cuba: si no mejora las condiciones del acuerdo por el que Washington y La Habana acercan posiciones desde hace casi dos años, en cuanto asuma la presidencia estadounidense lo podría dar por terminado.
    Trump afirmó que La Habana debe ofrecer mejores condiciones a los cubanos y a EE UU si quiere mantener la normalización de relaciones.
    La mayoría republicana en ambas cámaras del Congreso es tanto un soporte como un dique para la presidencia de Trump. Aunque Barack Obama produjo el giro en la política hacia Cuba por medio de acciones ejecutivas, es muy probable que más de la mitad del poder legislativo rechace una revocación del descongelamiento diplomático. Los representantes y senadores de la Florida, que se reeligieron en bloque, presionarán a favor de una marcha atrás, pero el nuevo liderazgo del Departamento de Estado deberá sopesar sus prioridades.
    Si, predomina el ángulo realista y pragmático de la política exterior de Washington, es probable que Trump continúe la actual estrategia de la Casa Blanca. ¿Concederá mayor centralidad a la situación de los derechos humanos EN Cuba –y en EE UU- u optará por una vía más acorde con el entendimiento proteccionista con regímenes rivales de Europa, como Rusia, que le ha ganado las simpatías de Vladímir Putin?
    En el año 2000 Trump intentó lanzarse por una tercera fuerza política, pero hasta bien avanzada la década hizo contribuciones financieras a campañas electorales tanto demócratas como republicanas. Aquel intento de quebrar la hegemonía bipartidista lo asoció, en un inicio, con las experiencias de Theodore Roosevelt en 1900, George Wallace en 1968 o Ross Perot en 1992 y 1996. Finalmente, ganó la nominación del Partido Republicano, en unas primarias encarnizadas, y fue electo.
    Las promesas de la campaña electoral —el muro, las deportaciones, el Obamacare, el TLCAN, el TPP…— estaban puestas en función de reforzar su imagen populista. En la transición de gobierno, el presidente electo ha moderado algunos despropósitos —ha prometido, por ejemplo, respetar los compromisos internacionales de Estados Unidos—, pero sigue siendo difícil imaginar cómo conducirá su relación con Rusia y China, Europa y América Latina.
    Pero ya le demostró al mundo que no es un político insensible ni distraído: Trump conectó con las bases del Partido Republicano que se sentían abandonadas por sus dirigentes, que rechazan las guerras en países lejanos, los acuerdos de libre comercio, los recortes en el Estado del bienestar y la apertura del país a los inmigrantes; Trump captó el malestar con una economía desigual que ha golpeado a la clase media, y el racismo latente en algunos sectores su país.
    La gente siguió  a Trump por la misma razón por la que decenas de millones de espectadores ven realities shows en tv: por la curiosa. Sus votantes reconocen su lenguaje porque se parece al suyo y admiran su riqueza porque se parece a la que desearían tener.
    Así que no dará marcha atrás en las relaciones con Cuba; cuando mucho las dejará hasta donde están ahora. De tal manera que, su perorata del lunes es para asumir una posición de poder para sacar más provecho en las negociaciones. Y más ahora que ya no está Fidel. Lo que está en entredicho es si la fortaleza patriótica y moral con la que el Comandante Fidel dotó al pueblo cubano, resistirá los embates del poderío yanqui.

 

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