Trump y los bad hombres
Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX)
con estancia en investigación en la Universidad de Princeton,
fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica
y articulista en la revista económica Trimestre Económico.
Dirigente del Movimiento Antorchista en Texcoco, Edo. Mex.
Trump no gasta sus palabras como en la vieja era diplomática en la que se endulzaban para esconder detrás de ellas verdaderas atrocidades.
Antes, el contenido de esas palabras no correspondía con las acciones concretas que llevaba a cabo el sistema norteamericano.
Por ejemplo, se decía que Estados Unidos tuvo que emprender una guerra contra Irak, pues dicho país tenía armas de destrucción masiva y, además, se trataba de luchar a favor de la democracia; sin embargo, la realidad mostró que ni había armas de destrucción masiva en Irak y que quitar a Sadam Hussein tenía que ver más bien con un plan para adueñarse de las petroleras de la región; de gastar el arsenal militar que se estaba echando a perder; de abrir paso a las empresas norteamericanas más famosas como Coca-Cola, McDonald, etc., y no había, como queda claro, un verdadero interés por promover la tan llevada y traída democracia.
Pero Trump ya no participa en ese tipo de juegos de lenguaje y habla con claridad; con la ventaja de que cumple lo que dice, su lenguaje es el del negociante, sus amenazas llevan aparejada la certeza de que se materializarán; dijo que regresaría a los mexicanos que hubieran incurrido en alguna falta a las leyes de Estados Unidos y, en algunos casos, violando todos los procedimientos y los derechos humanos, ha ordenado la realización de redadas; por una falta de tránsito se llama a la “migra”. Hasta ahora van 608 deportados y contando.
En uno de sus famosos “tweets”, Trump escribió que si México no podía con los bad hombres, entonces le ofrecía a México su respaldo.
Esta frase marcó el inicio de una nueva polémica, al entenderse que mandaría tropas a territorio mexicano para combatir a los delincuentes que trafican drogas (sin que se nos olvide que ya está en operación la iniciativa Mérida, que permite a los cuerpos policiacos del vecino del norte intervenir en “el combate a la delincuencia” en territorio mexicano).
En cuanto leí el ofrecimiento del nuevo mandatario estadounidense pensé: si tanta fuerza y disposición tiene Donald Trump para combatir a los bad hombres, de dónde saca que están en México, pues los culpó de hacerle tanto daño a los hijos de los norteamericanos.
El Ingeniero Aquiles Córdova Morán dijo una vez: se oyen de tantos criminales peligrosos buscados en el mundo y que son de México y de Colombia, etc., pero nunca de Estados Unidos; se escuchan noticias en el sentido de que caen capos por acá y capos por allá; sin embargo, no se ven caer por ningún lado los capos norteamericanos; los que circulan, distribuyen y controlan la droga de aquel lado.Por lo general, agarran a una o dos personas en unos “narcotúneles” (personas, por cierto, de semblante humilde, verdaderos chivos expiatorios); pero toda la droga que circula en Estados Unidos no puede pasar por un par de “narcotúneles”; es imposible que las redes de distribución de la droga operen en todo el territorio americano y sean capaces de burlar a todo el aparato militar y de inteligencia de la mayor potencia del mundo. Trump no debería ofrecer a sus vecinos algo que debería servirle para limpiar su propia casa.
Una de las razones que me lleva a escribir sobre este tema es el hecho de que Estados Unidos sea uno de los países con mayor consumo de drogas en el mundo.
94 millones de norteamericanos, el 30 por ciento de su población actual, ha consumido droga alguna vez. Además, se sabe que el consumo de marihuana se duplicó en la última década.
Si a esto agregamos el ambiente que se vive en Estados Unidos (en Nueva York hay bares en los que se puede fumar libremente marihuana), ambiente que empuja a todas luces a los jóvenes a establecer contacto con la droga.
El gran negocio del espectáculo y la farándula, además de dejar dividendos millonarios a unos cuantos, sirve para convertir a ciertos “famosos” en estereotipos de comportamiento y de imagen; varios de ellos han muerto por una sobredosis de drogas.
Sólo por poner algunos ejemplos: recordemos la muerte de Marilyn Monroe; o bien, el caso del propio Elvis Presley.
Y podemos agregar a esta lista de “ejemplos” para la juventud a Withney Houston, a Michael Jackson, a Phillip Seymour, a Cory Monteith, a Amy Winehouse, a Heath Ledger, a Anna Nicole Smith, entre muchos otros. Estos ejemplos arrastran a muchos a incursionar en el mundo de las drogas, lo que los convierte, casi en automático, en seres corrompidos y, por lo tanto, en bad seres; pero Trump, ante esta realidad que ni desconoce ni puede negar, no hace ningún pronunciamiento.
Según la lógica de Trump, tal parece que los norteamericanos son drogadictos debido a los bad hombres, por ende, concluye que si se acaban los bad hombres, entonces se acabarán los drogadictos en Estados Unidos y las redes de distribución de droga, etc.
Muy mala forma de razonar es ésa. Está claro que se trata de un pretexto de Estados Unidos para seguir interviniendo en la política de México; con este insidioso ofrecimiento, nuestro vecino del norte pretende mantener el control, ahora más abierto y franco, de la política y la economía mexicanas.
No se busca, eso sí, cambiar el fondo de la situación de descomposición que priva en Estados Unidos en torno al consumo de drogas y menos en torno al combate de los bad hombres de allá. Por el contrario, quieren seguir aprovechándose de nuestra nobleza y debilidad económica y política como nación para hacer de las suyas y seguir imponiéndonos sus condiciones.
Acabar con la droga en el mundo, no puede resultar de una política limitada a combatir a los bad hombres, que no constituyen la causa del verdadero mal. Por lo tanto, el gobierno mexicano debería rechazar tajantemente la oferta estadounidense.
Lo que está verdaderamente en decadencia es el modelo económico y político; hace tiempo que los encargados de tomar las grandes decisiones en nuestro país evidencian su incapacidad de analizar correctamente el mundo.
Pero dentro de lo malo, siempre debe buscarse lo bueno: la contradicción genera desarrollo y está llegando la hora de que los pueblos se levanten y construyan una nueva sociedad que elimine del planeta la necesidad de la droga para convivir en paz y en armonía sociales.