UBER Y LA MANO INVISBLE DEL MERCADO
Villahermosa, Tabasco a 5 de febrero de 2019. En mi columna anterior esgrimÍ una serie de reflexiones acerca de la plataforma de movilidad Uber y su contexto en nuestro estado, en donde destaqué la necesidad de regular dicha plataforma para evitar calenturas a todo el cuerpo social.
Dicha regulación puede tener diferentes orígenes: desde el Estado mediante los esfuerzos que implemente la recién creada Secretaría de Movilidad (la SCT del actual gobierno); mediante nuevas reglas y directrices auto regulatorias por parte de la empresa internacional; o mediante la “mano invisible” del mercado. Es posible una combinación de las tres, pero abundaré sobre esta última.
En su libro “La Riqueza de las Naciones” publicado en 1776, el economista escocés y padre del libe ralismo económico, Adam Smith, apenas nos menciona a la mano invisible del mercado (aparece sólo una vez y de manera breve en la sección II de su libro IV), no obstante, la trascendencia de este concepto entre los teóricos del ramo se entiende por sus implicaciones prácticas en la economía de libre mercado: los individuos, al perseguir su propio interés, frecuentemente (no siempre, también se pueden crear monopolios) fomentarán el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentasen fomentarlo, decía Smith. Lo anterior, sin necesidad de mayor intervención por parte del Estado.
Como ejemplo, basta con mencionar a los inversionistas quienes, en la búsqueda de obtener ganancias y rentas de su capital, generan inevitablemente empleos y dinamismo económico, a pesar de no ser este su principal objetivo. También la competencia, producto del libre mercado, deriva en eficiencia, equidad e innovación. Nadie puede negar que Uber es un producto de la innovación que ha llegado a competir para generar mejoría en el ramo del transporte: el interés particular de la empresa, el interés particular de los socios conductores y el interés particular del gremio taxista se han configurado para beneficiar al usuario, mediante una mano invisible, la del mercado.
Sin embargo, hoy Uber está más cerca del desorden que de la equidad.
La liberalización del servicio de transporte, abre la posibilidad para que cualquier individuo que quiera participar en este, lo haga con total libertad. Dicha libertad en la que concurrirán muchos intereses particulares, entraña un posible caos: inundar el mercado y a base de sobre oferta, dislocarlo hasta volver al transporte particular una actividad económicamente inviable. Pero dicha inviabilidad, es el comienzo de un nuevo orden para el mercado.
El mecanismo de ganancias de Uber, nos indica que el 30% de cada viaje es para la plataforma y entre un 20 y 30 % son gastos de combustible; dentro del restante hay que considerar gastos de contabilidad, mantenimiento, refacciones, reparaciones emergentes, depreciación, limpieza, así como un nada barato seguro automotriz para transporte público, etcétera. Ante estos gastos y la presión de un mercado inundado, no tardará en haber las primeras víctimas desencantadas del negocio: se creará un momento declinante en el que las ganancias de los socios irán a la baja, hasta ser exiguas e insuficientes para mantener el interés. Poco a poco abandonarán la actividad quienes encuentren menores beneficios; estos serán por lógica los conductores sin auto propio, quienes tienen que hacer frente, además de los gastos arriba mencionados a una tarifa para el patrón, y por consecuencia y alcance, los socios que no conducen su propio auto, ya sea por falta de choferes o por la poca o nula rentabilidad al tener que hacer frente al importante gasto extra que significa un sueldo (y eso, sin pagar prestaciones). Los primeros defenestrados por la mano invisible.
Eventualmente habrá un reordenamiento, en el que, al ser la actividad rentable solo para los socios conductores (por tener mayor margen de beneficios) quedarán en el negocio aquellos quienes obtengan ganancias producto de su esfuerzo y no de sus rentas, y por consecuencia, un mercado menos inundado, más benéfico, redistributivo y equitativo. Al final una mano invisible hará las veces de regulador.
Lo anterior, sucederá si las condiciones de libertad predominan en ese mercado. Pero no debe esperarse que así sea.
Muy al contrario, la empresa Uber y la administración estatal deben hacer lo propio para llegar a un punto de balance para sus intereses, por un lado económicos y por otro de sustentabilidad y gobernanza: la empresa de movilidad comprometiéndose a controlar el número de unidades y el mecanismo bajo el que operan las mismas, ponderando por la calificación de sus choferes, si el socio es el conductor, y la calidad de las unidades automotrices; o quizá controlando también el número de horas o viajes diarios para cada socio conductor. Por su parte la administración estatal deberá, además de avocarse a que las anteriores disposiciones se cumplan, solicitar un padrón de socios conductores y verificar que este se encuentre contenido dentro de las necesidades de movilidad de la entidad, entre otras acciones fundamentales, como la erradicación del nocivo pirataje. No se deben cerrar las puertas a que la competencia siga impulsando mejores servicios, dentro de un marco de sustentabilidad en el transporte público. “Tanta libertad como sea posible, y tanto Estado como sea necesario”.
Twitter: @MartinezBriceno