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La Verdad del Sureste

Urdimbres y Texturas

EL FIDEL REVOLUCIONARIO


Las opiniones se dividen. Unos dicen “murió la bestia”; otros, con el aire nostálgico de la vieja izquierda, rememoran con cierta tristeza el esfuerzo aquel llamado Revolución Cubana,. Y estamos quienes medimos a la figura histórica del siglo XX: A Fidel Castro, el muchacho bastardo que no importándole su origen, forjó con carácter y estudio el dominio del gobierno absoluto en la isla durante 47 años.
    Leer sobre la vida de Fidel Castro Ruz implica hacer un recuento alrededor de su influencia como líder político, actor social. Es el tiempo, su tiempo el de Nikita Kruschev , dirigente de la otrora Unión Soviética; de John F. Kannedy,  presidente de Estados Unidos. Son en sí mismos ya tres dirigentes que hicieron del mundo en 1960 el centro de las tensiones con la llamada Crisis de los misiles, la invasión a Bahía de Cochinos y, entonces, las lecciones de historia universal aparecen para algunos en este momento, en la memoria. Es el tiempo de la irrupción de los hippies, pero ante todo, Latinoamérica es marcada por el impacto de la ola triunfante de la Revolución en Cuba, trazando con ello el camino por donde se supone la autonomía de los pueblos se establecería a la par del destino cubano. No fue así; observamos que lo que vino después dejó en Sur América la delimitación de un terreno de batalla para la guerra fría. 
    Distinto es saber que el chavo de 36 años que provocó aquellos desmanes y tensiones políticas, es el mismo que 47 años después hizo de Cuba un centro de resistencia contra el sistema capitalista norteamericano en su fase imperialista; que ante la adversidad se creció –el famoso discurso aquel donde argumenta: ”la historia me absolverá”- el mismo Castro que fue odiado, señalado de asesino, de reformador a medias, de arrepentido de las reformas que aprobó a regañadientes, para hacer que Cuba no quedara al margen de los procesos globalizadores. 
    Mucho podemos señalar de ese muchacho “aventado” y entrón que después del fallido asalto al Cuartel de Mocada purgó cárcel cierto tiempo y posteriormente fue amnistiado, partió al exilio en México donde se tejerían casualidades que le llevarían a conocer a Ernesto “Che” Guevara, otro nombre ligado a complejos procesos que un estudio del poder, y las implicaciones sociales no serían suficiente para comprender a estos dos líderes tan diferentes. A menos que se asuman conclusiones simplistas.
    Ligado a la existencia de Castro viene la historia de América Latina. Insisto, para algunos la fascinación del líder carismático, del diablo inteligente, que dominó con la Tv y sus discursos a una isla que fue extensión de él mismo; para otros, el ente que controló la vida y destino de disidentes (el marielito) dentro y fuera de la isla, marcando para siempre la historia de familias que en la vigilia de sus miembros esperaban en ocasiones en un silencio forzado, muriendo a la espera de sus encarcelados. 
    En el mero estilo rocambolesco el hecho de levantar y ponerse la boina con cada incursión, para regresar a Cuba y establecer la construcción de un gobierno, es en sí mismo una empresa que sólo Fidel tuvo claro desde el principio, sin importar las veces que embistió para traer abajo a Fulgencio Batista, el dictador.
    Esa claridad que a algunos líderes políticos les hace falta actualmente, es el atractivo de Fidel Castro; no olvido aquella llamada telefónica que se filtró después de su visita relámpago a México durante el gobierno de Vicente Fox Quezada, donde éste le indica: “comes y te vas”. Desde ya se notaba en nuestro país que la política y el Estado habían caído en manos de iletrados, faltos de perspectiva diplomática, y de acción política. “Como usted diga señor presidente”, fue la respuesta del viejo líder cubano, cual lobo sumiso, obedeció. Dicho esto con ironía. 
    El asunto es que nos despertamos sin un actor social de la histórica izquierda, de esa que demostraba carácter y acción. ¿Qué sigue?  En el actual mundo de la vida light es factible que esas lecciones de política se pierdan, pero no está de más observar de cerca lo que un viejo lobo te pueda enseñar, sin que se te pegue aullar. ¡Faltan convicciones y oficio para hacer política, de verdad, pero de verdad!

 

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