Urdimbres y Texturas
OBRAS CON HISTORIA; CAMINITO DE LA ESCUELA
- Una exposición de las portadas de los libros de texto gratuitos en Villahermosa
La cultura indígena y el hombre trabajador. Esas eran las claves del desarrollo ideológico que movió en mucho la educación de principios del siglo pasado, impulso que permitió establecer que la educación es también liberadora. La intención fue rescatar al pueblo de la situación de humillación en la que durante muchos años fue obligado a vivir, y a no actuar. Por eso, el impulso hacia una línea educativa que aumentara la confianza y la identidad se hicieron presentes desde su origen en la conformación de la Secretaría de Educación Pública.
Con José Vasconcelos, el primer secretario de educación, se inyectó esa intención de liberar al pueblo de la inacción intelectual, y se buscó establecer la identidad, la confianza y el amor al país.
No era suficiente el libro del docente. Se planteó desde entonces la necesidad de cubrir, ante un país joven que empezaba a estructurarse desde lo social, político y económico, la importancia de dotar a los infantes de un apoyo bibliográfico que estableciera no sólo la oportunidad para todos, de tener acceso a contenidos de los llamados clásicos. Para ello, José Vasconcelos hizo posible la publicación de los “clásicos verdes” llegándose a producir entre 20,000 a 25,000 ejemplares. En un periodo que va de 1921 a 1924 se imprimieron 400,000 en total. Por cuestiones de carácter político, se dejó de lado el proyecto.
Con Jaime Torres Bodet se establece la estandarización del libro de texto, y desde ahí ya existe una fuerte crítica porque algunos autores y estudiosos consideran que se ignoró la cultura, tradiciones y religión de los pueblos que componen a nuestro país.
En 1959, el presidente Adolfo López Mateos creó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito (CONALITEG), con la intención de unificar un apoyo bibliográfico para consolidar los estudios con base a los programas educativos respectivos al nivel primaria. Establecido bajo decreto del Diario Oficial de 1959 explicó que dicha iniciativa tenía como fundamento el mandato constitucional de proporcionar a los mexicanos una educación obligatoria y gratuita. Ésta última sólo sería posible cuando los alumnos recibieran sin costo alguno sus libros.
Aún sopesando las críticas hacia el Estado como ente autoritario, que unificaba contenidos, que se atribuía funciones de autor, editor, impresor y distribuidor, que no dejó de ser un enorme negocio para ciertos sectores editoriales, tanto extranjeros, como nacionales, se tocó un doloroso nicho de oportunidades para unos, y se habló incluso de un fuerte monopolio del Estado. En fin, que hablar de los libros de textos escolares pudiera abordarse desde distintas perspectivas, porque se imprimen, se consumen; son material pedagógico, y además difusores de ideología y cultura.
“Pintando la Educación” está constituida por 41 obras, exhibidas en el centro cultural Villahermosa. Se pueden apreciar originales de los cuadros que ilustran las portadas de los libros de texto gratuito desde 1959 a 1994, Arnold Belkin, Mathias Goeritz, Jorge González Camarena, Leonora Carrington, Arnaldo Coen, Sebastián, José Luis Cuevas, Guillermo Meza, Rafael Coronel, Luis Nishizawa, David Alfaro Siqueiros. Todos ellos figuran entre los artistas cuya obra soporta el peso ideológico y cultural que se pretendió difundir en la portada de los libros.
Muchos estudiamos con la portada de “La Patria”, de Jorge González Camarena. O bien el libro de Ciencias Sociales reforzaba el sentido social a través del trabajo de David Alfaro Siqueiros; las “mates” estuvieron representadas por la obra de Sebastián. Y así sucesivamente, cada artista según la época y la invitación a colaborar, delineó con su arte la ideología, la cultura y el entorno de los estudiantes mexicanos a lo largo y ancho del país. Las críticas pueden ser severas ante la organización, elaboración, impresión y distribución de los libros de texto, pero no deja de reconocerse la intención de efectivamente lograr, una educación con apoyo bibliográfico. Son, al final de cuentas, las medidas que se estructuraron para un tiempo, a quienes critican esta situación: ¿cómo resolverían el acceso a una bibliografía que permita leer y escribir por primera vez?