Urdimbres y texturas
KANTEPEC: el origen de mi comida (II)
Le contaba en mi colaboración anterior sobre la importancia de preservar la comida tradicional tanto como un hecho cultural como por las características nutricionales y de unidad comunitaria. Los chontales veneraban al dios “Kantepec”, cuya referencia conocimos en un trabajo de investigación y recopilación realizado por el chef Jesús Manuel Hernández, el diseñador Miguel Avendaño y quien esto escribe, como socióloga.
Como resultado de más de dos años de trabajo de campo nació –entre otros productos- “Kantepec: el origen de mi comida”, una exposición fotográfica cuya finalidad primera fue la búsqueda de información y establecer evidencias de la cocina, los ambientes, los procesos de preparación. Nos definimos como un grupo multidisciplinario que busca fotografiar (registrar también) elementos dentro de la cocina tabasqueña con el fin de recuperar nuestra identidad gastronómica.
Mirando desde tres áreas de conocimiento decidimos fotografiar cómo el hecho de alimentarse implica un complejo proceso que encierra desde el lugar, el ambiente, los ingredientes, los condimentos, los instrumentos, hasta las personas, sus expresiones y la manera de organizarse para preparar los alimentos.
Mucho se descubre mirando en la propia tierra, con los ojos de lo cotidiano; sí, pero desde la sorpresa y el silencio de la observación, escuchar con respeto e integrar lo que se aprende de las personas que viven en las comunidades a la vida en la ciudad capital. Mirar de nuevo un molino, unas jícaras, un cernidor hecho de jícara, un comal con las brasas listas para recibir una tortilla de maíz nuevo. Mucho queda en el tintero, mucho en la memoria, la identidad se construye a la par de la ciudadanía, así que no es aceptable esa frase de que “lo tradicional, por viejo desaparece”, en la comida no aplica. La comida tradicional es depositaria de saberes y sabores de las localidades, rancherías y municipios; es una construcción social que une a familias completas, a vecinos y visitantes. La comida es un recurso inmaterial; si no está el ingrediente, no existe. Pero lo más destacable es que si no existe la persona que sabe de procesos culinarios y no los transmite a las nuevas generaciones, la memoria se pierde, y el paladar se altera.
Aún contra toda crítica, solamente quien ha estado cerca de las comunidades comprende porqué se comen tortugas, tepezcuintles, armadillos, iguanas. Antes de emitir un juicio, es fundamental poner atención a cómo viven esas personas, porque al final de cuentas,lo primigenio en la organización social del ser humano fue la comida. Ese paso que viene a humanizarnos no fue precisamente dulce, tierno y sustentable. Por eso el nombre de la exposición hace referencia a Kantepec, el dios olvidado para algunos, el dios sustituido, el proveedor de semillas, del aire, del fuego, al que se le ofrendan viandas, para que la fertilidad de la tierra garantice una siembra generosa, y el origen de mi comida.
La exposición se puede visitar en la galería MDC, de Sara Priego, en la calle de Zaragoza, Villahermosa, Centro.