“No lo conozco”, respondió en principio cuando le preguntaron acerca del dirigente nacional de Movimiento Territorial. Los reporteros insistieron en el tema y de plano el mandatario no se aguantó: “no contesto pendejadas”, dijo en tono hosco.
La investidura del titular del Ejecutivo del estado se tiene que cuidar en todo momento. Como máxima autoridad debe mostrarse receptiva a la crítica o señalamientos de toda índole, ser tolerante y respetuosa de quienes piensan o tienen una opinión diferente sobre los asuntos públicos que no es coincidente con la suya. Aunque las opiniones vengan de un personaje sin credibilidad.
Un mandatario de ningún modo se debe enfrascar en discusiones bizantinas o recurrir a un lenguaje propio de un carretonero, porque el que se lleva se aguanta, dicen. Alonso Que calificó esa declaración de “triste, desafortunada y fuera de lugar”. Aunque este personaje ha sido exhibido por algunos fraudes.
La respuesta del legislador federal, quien no es propiamente un dechado de virtudes, fue contundente. Le recomendó “dejar de tomar trago en estos días”. Aprovechó este desliz para atizarle duro a Merino cuando no había ninguna necesidad de que su imagen saliera maltrecha de esta discusión pública.
Un gobernador es una figura pública de relevancia y está sujeto al escrutinio público, a la crítica. Inclusive a expresiones ofensivas y peyorativas de parte de actores políticos o de ciudadanos.
No le debe dejar ganar por las emociones y soltar improperios sin ton ni son, porque entonces suceden este tipo de cosas y el juicio popular puede llegar a ser lapidario.
Alonso Que es un político que en su momento fue duramente cuestionado por su desempeño como dirigente estatal del PRI. Se llegó a decir en ese tiempo que había pactado, a cambio de dinero, con el gobernador Arturo Núñez. Él lo negó, aseguró que era un infundio, pero en el ánimo de la militancia y la opinión pública quedó la duda. Digo, hay niveles a los que uno nunca debe bajarse en la discusión pública.
Además, Alonso Que anda buscando reflectores para un alicaído PRI, partido al que el balancanense ayudó a hundir. ¿Para qué hacerle el caldo gordo?
PRIMERA PARADA
El ocaso del Partido de la Revolución Democrática (PRD) ha llegado. El jueves pasado el Instituto Nacional Electoral (INE) anunció que el antes partido de izquierda, PRD, perdió el registro nacional ya que no alcanzó el 3% de votos en las elecciones del 2 de junio en que fue aliado de panistas y priistas cuya abanderada presidencial fue la derechista Xóchitl Gálvez.
Este hecho fue calificado por el presidente Andrés Manuel López Obrador como “una lección” para que otros institutos políticos, incluido Morena, no cometan el error de no escuchar el sentir del pueblo.
SEGUNDA PARADA
El PRD fue perdiendo el rumbo, abandonó la mística de su fundación, hizo a un lado a la gente que lo arropó en sus inicios después del fraude con el que el priista Carlos Salinas de Gortari llegara a la presidencia de la República.
El PRD se fue desfigurando apenas pasadas las elecciones del 2012, ya estaba en manos de los Chuchos (Jesús Ortega y Jesús Zambrano), quienes sucumbieron al canto de las sirenas peñanietistas en el “Pacto por México”.
Los resultados están a la vista: no se puede engañar todo el tiempo a toda la gente.
