¡Yabadaba-Javidú!
@UTufigno
El mismo día en que el mundo se sorprendía ante el anuncio de que el músico Bob Dylan se había convertido en ganador del Premio Nobel de Literatura, fallecía Darío Fo, el “maestro del teatro subversivo”.
Darío Fo también recibió el Premio Nobel de Literatura, pero en 1997. En ese entonces la Academia dijo de él: “emula a los bufones del Medievo cuando critica a la autoridad y sostiene en alto la dignidad de los oprimidos”. En una de sus frases lapidarias afirma que “dado que existen oradores tartamudos, humoristas tristes, peluqueros calvos… podría haber políticos honestos”.
¿Qué tuvo que ocurrir para que, al fin, Javier Duarte se separara del gobierno del estado de Veracruz? Porque se rumora, en uno de esos rumores que resultan ser más ciertos que la realidad, que en no menos de dos ocasiones le fue requerida la misma acción desde Los Pinos. Pero se había negado.
A pesar de la inseguridad, desapariciones, crímenes y corrupción que los veracruzanos han padecido durante el gobierno de Duarte, él emprende la marcha cuando así lo quiso, no cuando la sociedad lo demandaba. Pedir licencia a menos de 50 días de que concluya su mandato no sólo es una burla, sino que huele a recurso legaloide para cumplir con una trama acordada.
Tan planeó su salida el ex gobernador que un día antes de hacerla pública en el nuevo noticiero estelar de la televisión comercial, el noticiero matutino, la Fundación Teletón recibió con beneplácito un mensaje del gobierno veracruzano: cubrirían cien millones de pesos que adeudaban (¿suena raro, no?) para un centro de rehabilitación en Poza Rica.
La simulación, el desprecio por la inteligencia y el engaño fueron la constante del gobierno de Duarte, que lo mismo decía que en la entidad que gobernaba el mayor delito era el robo de “frutsis y gansitos”, que se negaba a atender a las víctimas de los delitos que, según él, no ocurrían en el estado.
Duarte creció bajo el cobijo de otro oscuro político veracruzano, Fidel Herrera. Éste fue su formador político e incluso activo protagonista en actos de la vida privada del hoy gobernador en posible fuga. Nadie apoyó a Duarte como Fidel Herrera, y aquél le correspondió de la misma manera.
En su anunció, tan esperado como a destiempo, Duarte dijo que lo hacía para dedicarse de lleno a enfrentar las acusaciones que hay en su contra, que no son pocas: lo persigue la PGR, la Auditoría Superior de la Federación y el SAT.
Ah, y me faltó mencionar que un envalentonado Enrique Ochoa, presidente del PRI, también se subió a la locomotora que amenaza arrollar a Duarte. “Exigimos que haya sanciones ejemplares contra los responsables de cualquier acto de corrupción”, dijo el líder tricolor mordiéndose la lengua.
Su principal detractor y sucesor, Miguel Ángel Yunes, quien también tiene un historial plagado de cuestionamientos, llegó a la gubernatura por el hartazgo de los veracruzanos y por la vaga promesa de actuar en contra de Duarte. El mismo tipo de promesa que Jaime Rodríguez, “El Bronco”, hizo en Nuevo León: actuaría en contra de su predecesor, Rodrigo Medina.
Sin embargo, dudo que el ex gobernador de Nuevo León realmente haya caído de la gracia de Los Pinos -ni tendría porqué caer- ya que eso fortalecería a “El Bronco” en sus aspiraciones para el 2018. En todo caso, Javier Duarte sería un mejor “chivo expiatorio”.
En este teatro del absurdo, los blanquiazules se vieron forzados a tomar medidas en contra del ex gobernador de Sonora, Guillermo Padrés, a quien cautelarmente le fueron suspendidos sus derechos partidistas antes de que se conociera la emisión de una orden de búsqueda internacional para localizarlo y detenerlo, a petición de la PGR. A diferencia de Duarte, el destino de Padrés está en manos del adversario.
Pero ni los Medina, Duarte o Padrés son lo únicos casos de corrupción ni los gobiernos peor calificados. En la semana que concluye se oficializó la incorporación de tres mil miembros del Ejército, Marina y Policía Federal a las tareas de vigilancia en el estado de México, algo que perjudica la imagen del gobernador Eruviel Ávila, pues es aceptar que la inseguridad sigue sin control en la entidad… desde que la gobernó Enrique Peña.