Yo me Rius del PRI
@UTufigno
No hay mal que por bien no venga. Cuando cursaba el tercer año de primaria –sí, aunque lo duden, ya había primarias- enfermé de hepatitis y me curé como se curaba la hepatitis en esa época: con mucho reposo y una buena dotación de dulces. Mis dientes no entendieron el porqué de la medicina azucarada y me convertí en un asiduo visitante del dentista.
Fue casi un mes el que tuve que estar sin realizar actividades físicas; sin embargo, a cambio de ello leí todo lo que me regalaban y todo lo que tenía a mi alcance. Por supuesto, leí más de tres libros y Julio Verne se volvió mi fiel compañero de enfermedad, tanto que temo haberlo contagiado.
Y cuando no tenía libros nuevos o no quería ver sólo texto, descubrí en la casa algunas historietas que contenían dibujos a color que parecían más hechas por un aprendiz que por un experto dibujante. Así conocí “Los Agachados” y “Los Supermachos”, de Rius.
Mentiría si dijera que, a esa edad, comprendía a plenitud la crítica social y política que Rius plasmaba en sus personajes. Pero algo alcanzaba a entender: el 68 y el 71 no estaban muy alejados en el tiempo y mi abuelo tenía una suscripción al “Excelsior” de Julio Scherer, periódico que también pasaba por mis manos, especialmente los domingos.
¿Cómo llegó Rius a la casa? No lo sé porque el entorno familiar no era precisamente crítico del sistema. Pienso que tal vez alguno de mis tíos, estudiantes en esa época, llevaron los primeros ejemplares de “Los Agachados” que tuve frente a mí.
Tal y como lo dijera en sus momentos de lucidez el Subcomandante Marcos, muchos aprendimos política con Rius, y no solamente eso, añadiría. En mi biblioteca hay una buena parte de sus libros, algunos vueltos a comprar ante la desaparición del originalmente comprado. Fue un divulgador fácil de temas difíciles, y eso es de agradecerse.
San Garabato es tan real que Rius sólo necesitó dibujarlo y darle nombres a los personajes: Calzónzin, Don Perpetuo, Gumaro, las religiosas de “La vela perpetua”. Las historias eran el retrato vivo de una realidad mexicana que se niega a cambiar: el abuso del poder, la corrupción, el control social a través de preservar la ignorancia. Un presidente municipal rodeado de “guaruras” que persigue a quienes disienten de él. ¿Hay algo nuevo?
Cuando nacen “Los Supermachos” el PRI estaba en el poder; cuando fallece Rius, el PRI está en el poder y, cosas del destino, justo cuando los tricolores celebran su XXII Asamblea Nacional con miras a la sucesión presidencial del año próximo. De entonces a ahora, ¿algo ha cambiado dentro del PRI? No, salvo el periodo de doce años en que no tuvieron cabeza, la militancia vuelve a mostrar sumisión ante los designios de su jefe máximo.
Hace varias semanas en Los Pinos encargaron un análisis para definir quién podría ser el mejor candidato para retener la presidencia en 2018, bajo una premisa que constituye el eje de todo el análisis: quién, de 10 aspirantes, tiene mejores cartas credenciales para vencer a López Obrador.
Lo planteo de otra forma: la preocupación presidencial no es saber quién puede ser el mejor candidato para enfrentar la inseguridad, al crimen organizado, fortalecer la economía o estabilizar la relación con los Estados Unidos. No. La obsesión se llama Andrés Manuel.
En el documento entregado se analizan distintas características de los 10 aspirantes, siempre contrastándolo con AMLO. Después de la evaluación hecha a cada uno, al final sólo quedaron cuatro nombres. En orden alfabético: Enrique De la Madrid, José Antonio Meade, José Narro y Aurelio Nuño. Los otros seis –incluidos Osorio Chong y Beltrones- quedaron descartados.
El cierre de la Asamblea Nacional del PRI, con aprobación de reforma estatutaria, parece confirmar la inclusión de Meade y de Nuño en el documento que, se dice, Peña tiene en su escritorio.
Si bien ante la Asamblea celebrada este fin de semana en el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México desfilaron otros de los presidenciables, los ojos se centraron en Meade y Nuño pues son los beneficiarios de la ruptura del candado que exigía 10 años de militancia para poder ser candidato. Los agachados aplaudieron.