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La Verdad del Sureste

Zaqueo y los zaqueadores


@UTufigno

De acuerdo con la Biblia (Lucas 19), Zaqueo era un rico publicano y recaudador de impuestos. Según el mismo relato, cuando Jesús dispuso quedarse en su casa a su paso por Jericó, esto generó desconcierto entre la población pues los recaudadores no sólo trabajaban para los romanos, sino que exigían dinero de más para enriquecerse.

El relato bíblico afirma, sin dar mayores explicaciones, que entonces Zaqueo le dijo a Jesús: “Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más”.
Respecto del anterior pasaje hay diversas interpretaciones, pero una queda clara: desde siempre, los recaudadores de impuestos no gozan de simpatía entre nosotros. Mucho menos cuando vemos que el destino final de los impuestos sólo sirve para mantener costosos e ineficientes aparatos burocráticos que en poco o nada nos benefician.

Los modernos recaudadores se han convertido en una suerte de zaqueadores, salvo por un detalle: su voracidad es ilimitada y no hay forma de que, a diferencia del Zaqueo bíblico, devuelvan la mitad de sus bienes a los pobres o “cuatro veces más” a quienes se han sentido defraudados.

Este nuevo año comenzó muy agitado. Si de por sí 2017 se preveía como un año difícil, sin expectativas reales de crecimiento económico y con un vecino impredecible a la cabeza del país más poderoso, el llamado “gasolinazo” terminó por sepultar las esperanzas de quienes habían creído en el hombre del copete y las virtudes de sus “reformas estructurales”. 

Sólo hasta ahora muchos aceptan que las promesas de campaña únicamente fueron palabras huecas y se sienten engañados por quien había dicho que la reforma energética era la panacea para todos nuestros males. Si no lo dijo, con algo de ingenio Enrique Peña pudo haber dicho en su momento: -Adelante, caminante, el futuro es nuestro; no miremos hacia atrás porque podemos quedar convertidos en estatuas de sal, como la mujer de Lot. Aplausos.

Lo que una elección (la del 2012) no logró, sí lo hizo el “gasolinazo”: la unión de la sociedad expresada en el rechazo generalizado a la medida dispuesta desde Los Pinos y apoyada por la tríada de siempre (PRI, PAN, PRD). Aunque lo nieguen y traten de deslindarse entre sí, dichos institutos políticos son copartícipes del atraco a la población desde el mismo momento en que firmaron el “Pacto por México”. 

Después, fueron cómplices de la entrega de lo que quedaba de la industria petrolera cuando aprobaron la reforma energética. Y confirmaron su vocación de zaqueadores cuando apoyaron la reforma fiscal que en los hechos significó exprimir más nuestros bolsillos. Para ellos todo, nada para nosotros.

La crisis económica, reflejada en el “gasolinazo”, es el resultado de muchos factores, pero quizá tres sobresalen: la corrupción que tanto cuesta al país, el despilfarro y el hecho de que nuestros gobernantes viven en un mundo de fantasía en donde si las cosas salen mal no es por culpa de nosotros. Siempre son factores ajenos y externos. La autocrítica no es algo que se les dé. Y tampoco tienen memoria.

En junio de 2010, el entonces diputado Luis Videgaray publicó un mensaje en su cuenta de Twitter, en el que dijo (respeto signos y sintaxis originales): “Y porque no en lugar de subsidiar autos nuevos de 250mil pesos, mejor Calderón deja de subir la gasolina cada mes?”.

Seis años después de la publicación de dicho tuit, el entonces Secretario de Hacienda Luis Videgaray fue enfático al apoyar la liberación del precio de las gasolinas y la eliminación del subsidio a las mismas, a pesar de la “enorme carga política” que tendría la medida. Incluso, pidió al Congreso que se acelerara dicho proceso (para 2017), lo que ya ocurrió.

Lo que no sabía Videgaray es que unas semanas después de esta declaración tendría que dejar el gabinete. Lo que no sabíamos nosotros es que unos meses después de dejar el gabinete regresaría al mismo, pero ya sin el eventual contrapeso que significaba Agustín Carstens.

Con su regreso institucional al círculo cercano de Enrique Peña, Luis Videgaray asumirá desde la Secretaría de Relaciones Exteriores -a la que “llega a aprender”- el control económico del país, de la política exterior y, tal vez, de Los Pinos.  

 

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