19 de enero de 1995, ni olvido ni rencor
Me preguntan y pregunto: ¿Olvidamos esa fecha del 19 de enero de 1995, y ese lugar de Plaza de armas, cuando los perredistas inconformes con la imposición de Roberto Madrazo fuimos desalojados por pandilleros con cadenas, palos y gases lacrimógenos?
No olvidamos, por supuesto, pero no tenemos - ni alimentamos- rencor. Vemos hacia adelante, orgullosos de nuestra histórica lucha, recordando lo que hemos hecho y dejado de hacer como partido, y -más allá- como sociedad. Habitamos un territorio rico en recursos naturales, somos más de dos millones trescientos mil tabasqueños, y desde hace más de 23 años vivimos una polarización que no ha permitido resolver los problemas de fondo del campo y la ciudad, problemas acumulados sexenio tras sexenio.
Por la política económica nacional se abandonó el campo, llegando al caso hasta de importar maíz y frijol; vimos el relleno de vasos reguladores; no se invirtió en obra para grandes y modernos distribuidores viales; en ocasiones la educación pública se dejó en manos administrativa de personas sin escrúpulos; no se invirtió en drenaje para aguas negras y fluvial; tampoco en desarrollos viviendísticos populares, etcétera.
El PRD hizo su parte en la denuncia; pero en autocrítica no fue capaz de organizarse ni de organizar a la ciudadanía, quizá debido a la imagen inducida que se le creo desde algunos medios, como partido proclive a la violencia. Independientemente de los partidos políticos, no hemos tenido la inteligencia y creatividad como sociedad en conjunto para ponernos de acuerdo en lo básico, en lo fundamental, para el desarrollo de todos, para que no falte el alimento en las familias más humildes, o la atención médica a quien no puede pagarla.
Hacia ello debemos enfocarnos, con altura de miras. Necesitamos mejorar en todos los ámbitos: en organización social, en desarrollo político, en cultura, en comunicación, en valores. Y por supuesto en la producción del campo, en vialidad, en educación, en salud, en justicia, en vivienda, en empleo, seguridad, etcétera. También y, por sobre todo, mejorar en ciudadanía (que no es precisamente tramitar y tener la credencial IFE). El ciudadano no espera que se le resuelva todo, sino anda viendo de qué manera hace la parte que le corresponde. El ciudadano no basa sus triunfos personales en los fracasos de los otros.
Tabasco necesita recomponer su tejido social, sin descalificación a ultranza, sin corrupción ni sectarismo. Si no nos avocamos a reflexionar en esto, para la acción necesaria inmediata y mediata, entonces seguiremos lamentándonos de lo que sucede, sin reflexionar que no hicimos lo que era nuestro deber; y seguiremos quejándonos viendo el deterioro y declive de nuestra sociedad.