ADEMÁS DE LA DELINCUENCIA, AHORA...
No es la primera ocasión que se afirma, con datos contundentes, que la llamada estrategia de seguridad nacional es un fracaso. Y lo es desde el momento en que se montó el Gobierno Federal en la aberrante idea de que militarizando las fuerzas policiacas se resolvería el asunto de la seguridad pública.
Una vez tomada esa decisión, el Gobierno Federal trató de substituir a las policías con cuerpos militarizados, no obstante que la Carta Magna (norma suprema a la que está obligado a obedecer y someterse el gobierno) ordena que la seguridad pública se funda en cuerpos disciplinados de autoridades y policías civiles.
La estrategia siguió cambiándole los nombres cada año, en promedio, a las policías: lo mismo le llamaron judicial que ministerial, de investigación, o científica; o policía federal preventiva o policía judicial federal que gendarmería o agencia de seguridad nacional. Crean y desaparecen la Secretaria de Seguridad Pública y la subsumen bajo el mando de la de Gobernación. No había otra estrategia mayor que la de confundir a diestra y siniestra.
Nunca admitieron o previeron que, el mando civil y las fuerzas de orden civil no se avienen bien al mando militar; la policía no admite los rigores que admite el cuerpo militar.
Tampoco previeron, no por ignorancia sino porque detrás de la decisión y su consecución habían pingues negocios y ganancias, que la función de las fuerzas armadas militares nacionales es la seguridad nacional, no la seguridad pública y que, por ende, no tenían experiencia en tareas de seguridad pública ni de policía preventiva: nunca será lo mismo estar en guerra en defensa de la seguridad nacional que perseguir a criminales comunes o a la delincuencia organizada.
Puesta en marcha la “estrategia” y sabedores de que se encaminaban de seguro hacia un rotundo futuro fracaso, ante los impedimentos de substituir a las policías, derivaron en su camino hacia militarizar los mandos policiacos: el 99 de 100 jefes de seguridad pública de los Estados eran militares en activo o retirados.
Y los delincuentes y criminales de bandas organizadas, se mofaban y bailaban de felicidad: tenían campo abierto -al menos- durante los sexenios en que el ejército aprendiera a hacer tareas de policía.
Después vinieron los miles de muertos –más de 60 mil en el nefasto sexenio panista del Vaquero de las Botas cagadas; más de 80 mil en el del borrachales de FeCal-, y los más de 30 mil desaparecidos en los primeros dos años de Peña. Y, obviamente, las reiteradas violaciones a los derechos humanos por parte de un cuerpo de fuerza que es apto para la guerra, no para la prevención y la persecución del delincuente. Y llegó el elevado clamor popular: ¡regresen al Ejército a sus cuarteles!
Ahora el brete en el que está metido hasta el pescuezo el gobierno federal es que: ya desmanteló a la mayoría de las policías –afirma que eso estuvo bien hecho, por estar éstas, infiltradas, ser corruptas e ineficientes- pero no logró fundar una eficiente y que no esté plagada de corruptelas y nocivos hábitos; tampoco logró substituir a las policías civiles por el ejército o la armada -aunque es el ejército sobre quien recae la tarea más fuerte de seguridad pública-. El costo en desprestigio para el Ejército ha sido muy alto.
Si se retornan los militares a sus cuarteles ¿Quién hará la tarea de policía, de prevención del delito y de persecución del delincuente? ¿Las mamás de os panista o las de los priistas? ¿O el Chapulín tricolor?
Lo peor, hoy: tampoco se está oyendo el mensaje de los militares; fíjese bien lo que recientemente afirmó el Secretario de la Defensa: hay un gran desgaste en las Fuerzas Armadas por las tareas de seguridad que realiza en el país para ayudar a los gobiernos estatales y municipales.
“Claro que hay un desgaste, obvio estamos trabajando en todo el país, en toda hora, en todo momento, en la sierra, en las ciudades, claro que hay un desgaste, somos un Ejército proporcionalmente pequeño, pero bueno, seguimos trabajando para todos”.
Cienfuegos Zepeda planteó que el Ejército es “proporcionalmente pequeño” para las tareas de seguridad que hace: “Lo que tenemos son muchas tareas. Si tenemos que hacer más, necesitamos más”: es necesario que se tengan más efectivos castrenses para poder cubrir las tareas de seguridad en todo el país, aun así se tiene un Ejército vigoroso, entregado y atendiendo a la sociedad. Groseramente hablando, ¿no le parece a usted, amable lector, un soberano apretón de genitales a Peña y sus cófrades?
¡No hay peligro! dicen los priistas y panistas: el Ejército Mexicano es leal y obediente. ¿Seguirán obedeciendo los mando medio y superior a quienes les han mandado a exponer su vida y su prestigio por caprichos financieros o de negocios? ¿Confunden los mandos militares a éstos priistas y panistas con la patria? ¿Qué quiso decir Cienfuegos en su discurso con la frasecita: “Lo que tenemos son muchas tareas. Si tenemos que hacer más, necesitamos más”?