Agencia de empleos
Hay una frase común que afirma que “el deporte es lo más importante de lo menos importante”. No estoy de acuerdo. Así como pienso que el deporte olímpico ha servido para medir el pulso de las relaciones internacionales, la importancia que los estados le otorgan a las actividades deportivas es también una forma de medir el desarrollo de la sociedad al interior de los países.
Un gobierno que olvida a sus ciudadanos, que no los involucra en sus procesos, difícilmente les prestará atención en materia deportiva. Incluso en el caso de los Estados Unidos existe este involucramiento entre gobierno y gobernados mediante la peculiar fórmula resumida por el presidente John F. Kennedy: “no pienses en lo que tu país puede hacer por ti, sino en lo que tú puedes hacer por tu país”.
Vecino también de nosotros, Cuba es otro claro ejemplo de lo que se puede hacer en materia deportiva cuando hay conexión entre Estado y sociedad. Por años, Fidel Castro le daba un tratamiento casi paternal a sus más grandes atletas: Alberto Juantorena, Teófilo Stevenson, Ana Fidelia Quirot, Javier Sotomayor, sólo por citar a algunos. En un país con limitaciones económicas, la planificación desde edades tempranas es fundamental.
¿Y en México? Sólo hubo momento en el que se le dio impulso al deporte, particularmente al deporte de alto rendimiento: cuando fuimos sede de los juegos de 1968. En esos juegos obtuvimos nuestro mejor resultado e incluso la única –y quizá irrepetible- medalla de oro en natación. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió con España luego de los juegos de Barcelona en 1992, nosotros perdimos la continuidad; en cambio, España es una potencia deportiva al día de hoy.
Aquí ni siquiera por salud –es más barato prevenir enfermedades que curarlas- se fomenta la práctica de actividades deportivas. Quienes realizan algún tipo de deporte pagan las consecuencias de vivir en un modelo económico que se olvida de la persona: si tienes recursos, pagas el gimnasio o tu entrenador. Si acaso, las universidades públicas se salvan de lo anterior, pero hay que estar matriculado; y las universidades privadas siguen el modelo norteamericano pues “compran” a los deportistas para que las representen.
El deporte tampoco es usado como una forma de encauzar a los sectores de la población menos favorecidos. Comparto la idea de quienes ven en las actividades deportivas un medio para recomponer el tejido social. Un país que no ofrece alternativas viables de educación o de empleo, por lo menos debería aprovechar la práctica del deporte para mantener a los jóvenes alejados de otras tentaciones.
A lo anterior debemos agregar una dificultad adicional: quienes ya participan en alguna actividad deportiva organizada, siempre van a encontrar que el salto definitivo a lo que se conoce como “alto rendimiento” pasa por la burocracia que rige al deporte. Bajo distintos esquemas, los países que toman con seriedad las actividades deportivas designan al frente a personas que tienen conocimiento, responsabilidad y se comprometen con resultados.
La misma noche en que la selección cubana de béisbol perdió la final olímpica ante su similar de Estados Unidos en el 2000, Fidel Castro convocó a reunión para evaluar las fallas y planear desde ya el siguiente ciclo. El resultado: Cuba recuperó el oro en béisbol en los siguientes juegos.
Si a nuestros gobiernos no les interesa fomentar el deporte como una alternativa a los costos de la salud pública o como una manera de aliviar la tensión social, por lo menos deberían ver que hay una coincidencia estadística entre la aprobación del ejercicio del gobierno y los resultados en competiciones deportivas importantes. Pero no, ni eso son capaces de prestar atención.
Alfredo Castillo, el polifuncional peón de Enrique Peña, fue cuestionado desde que éste lo nombró a la cabeza del deporte organizado. Fiel a las enseñanzas de su mentor, Castillo se ha paseado en Río de Janeiro en plan “lunamielero” acompañado de su novia, quien incluso vistió la ropa oficial de la delegación deportiva mexicana.
Después de ver la ligereza con la que Peña decidió el nombramiento del ex comisionado para Michoacán, ahora entiendo porque Alfredo Castillo afirmó que la CONADE es una “agencia de viajes”: porque Los Pinos no es más que una agencia de empleos.