Apuntes sobre educación
El compromiso, mejorar la educación
Sin educación, los pueblos están condenados a seguir una ruta no deseable. Esa ruta es la marginación, la guerra, el fanatismo, la ignorancia, el deterioro de la calidad de vida. Es solo a través de la educación que los pueblos van arribando, en procesos lentos, pero significativos, a mejores condiciones de vida, tanto en convivencia en la paz y tranquilidad, como en condiciones materiales, de mínimas a mejores, para vivir con decoro y dignidad.
A ello se han abocado las generaciones anteriores y a ello nos abocamos la presente generación para dejar mejor sistema educativo a quienes siguen. Es ineludible el compromiso. Y es imperativo ético cumplir con la parte que nos corresponde.
Parto de la premisa fundamental: la escuela pública es uno de nuestros más grandes baluartes. Porque solamente gracias a ella, la gran mayoría de mexicanos, hemos podido estudiar la educación básica, y algunos hasta estudios superiores. Y en esa gratuidad, se incluyen los libros de texto, que sin ellos, lo mismo, muchos mexicanos no hubiéramos estudiado. Por eso seguirá siendo gratuita la educación, y gratuitos, sin duda alguna, los libros de texto, porque son producto de nuestra historia, de nuestras luchas históricas.
Durante años se le dio prioridad a la cobertura. Y siempre nos dimos cuenta que no era suficiente. Que había que direccionar la ruta, en paralelo, cobertura y calidad. Este término –calidad- a veces nos genera inquietud, porque habrá quienes le busquen significados que no corresponden a lo real. Simplemente, significa hacer las cosas de la mejor manera, sin pretextos. Y para ello, en educación, se requiere asumir actitud de capacitación y actualización permanente, de continuar en el desarrollo de las habilidades didácticas, en el desarrollo de la habilidad verbal, en el saber convivir, en el sabernos escuchar, entre otras cosas. Pero sobretodo se requiere de construir una visión de futuro, de cómo quiero ver mi sociedad en el corto y mediano plazo, y a ello habremos de dedicarle tiempo, y los esfuerzos necesarios.
Apenas el martes 17 pasado se efectuó el foro estatal de Inclusión, Valores y Derechos Humanos en la infancia, organizado por el Foro Magisterial Estatal.
Allí en mi intervención pregunté: ¿Qué es lo que viene mostrando esta necesidad de institucionalizar las políticas de inclusión, de valores y de los derechos humanos en los niños? La ausencia de ellos en medida significativa, a tal grado que afecta el tejido social, afecta la familia, la convivencia. Pero esta institucionalización depende que quede grabado en la mente de los ciudadanos, en la mente de los docentes, en la mente de los administradores, en la mente de todos, que debemos ser incluyentes, poner el ejemplo en valores y respetar los derechos humanos.
En una autocrítica feroz: ¿en qué medida nosotros mismos excluimos?, ¿en qué medida no actuamos con valores? ¿en qué medida no respetamos los derechos humanos? De esa respuesta autocrítica, vendrán nuestras acciones.
Ante todo debemos actuar con imperativos éticos. No porque me vean. No porque me descubran. No porque me señalen. Actuar con imperativo ético es ser mejor estudiante. Mejor profesionista. Mejor administrador. Es no tratar de aprovecharme de las circunstancias. Ni aprovecharme de los otros. No aprovecharme de nada, de nadie, para vivir mejor.
Benito Juárez, el Benemérito, lo dice de esta manera: “Libre, y para mi sagrado, es el derecho de pensar... La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos”.
Y José Cipriano De la Luz y Caballero (1800, La Habana, Cuba - 1862 Ibid), educador cubano, lo sintetiza desde el enfoque de la enseñanza: “Instruir puede cualquiera, educar sólo quien sea un evangelio vivo”.