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La Verdad del Sureste

ATROCIDAD HUMANA


La poca efectividad de nuestro sistema de seguridad para aprehender y castigar a los delincuentes ha generado un ambiente de impunidad, el cual ha llevado a que las actividades criminales prosperen en detrimento de la seguridad de los ciudadanos.Un funcionamiento inadecuado del sistema de seguridad pública- ineficiente persecución de delincuentes y/o decisiones judiciales no apegadas a derecho- favorecen la incorporación de individuos en actividades delictivas.
    Tal pareciera una guerra de las sociedades modernas,  como un mecanismo que nos ha hecho perder la capacidad de asombro, en donde los gobiernos se vuelven vulnerables y tiranos, sin embargo, a pesar de las discusiones políticas, el pueblo esta desarmado, sin protección alguna, sujetos a la gran delincuencia que existe, convirtiéndose en blancos perfectos.
    Hoy el “matar” es un poder ejercida por cualquiera, bajo las condiciones que sean y en medio del escándalo que llegue a ocasionar: las muertes que han ocurrido en lo que va del año son un claro ejemplo de lo indefensos que estamos los ciudadanos;ejecuciones que son temas de abordar en la vida diaria en los hogares, en el trabajo, en las escuelas, redes sociales, en el transporte. Temas que a veces se ven como algo normal, como algo cotidiano pero que a la vez genera en la población grande indignación, siendo testigos de cómo la delincuencia va creciendo y con los cambios en el sistema de justicia penal, van desafiando al gobierno.
    Es claro que ningún país en estos tiempos se encuentra libre de violencia, lo que es claro que ya estamos como en las sociedades primitivas cuando los hombres se hacían justicia por sí mismos. Nada había que limitase la ira del agraviado. Las represalias que se imponían eran ilimitadas y, frecuentemente no guardaban proporción con el daño causado.
    Algunos orígenes de este tipo de justicia como venganza vienen de tiempos antiquísimos, como en el Código babilónico de Hammurabi, la Ley del Talión con la célebre fórmula de “ojo por ojo y diente por diente”. Pese a lo bárbara que hoy nos parece, ella representó un gran avance en comparación con la venganza ilimitada anterior, porque estableció al menos una proporcionalidad entre el daño inferido y la represalia de la víctima. Fue, de alguna manera, una limitación en el ejercicio de la venganza.
    En el Antiguo Testamento de la Biblia —Capítulo XXI del Éxodo— se establece que el homicida “pagará alma por alma, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”. En el Levítico (XXIV, 20) se manda que el ofensor “rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente ha de pagar: cual fuere el daño causado, tal será forzado a sufrir”. Y en el Deuteronomio (XIX, 21) se insiste en que no habrá piedad para el malhechor: “No te compadecerás de él; sino que le harás pagar vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie”.
    
Con estos sucesos se pone en riesgo el valor de la humanidad en la totalidad, pues son expresiones que pueden ser el inicio de nuestro fin como sociedades organizadas de vivir en paz y en tranquilidad, y es algo que realmente es de preocuparse, debemos estar preparados para la verdadera guerra que se nos viene día con día, ya que somos testigos de cómo la paz se nos está yendo de las manos, provocando, a la larga, el derrumbe de los elementos que permiten la existencia de la justicia, el progreso, la libertad y la prosperidad.

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