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La Verdad del Sureste

AUMENTA LA RIQUEZA, Y TAMBIÉN LA POBREZA


* Doctor en Desarrollo Económico por la London School of Economics,

integrante del Sistema Nacional de Investigadores.
Profesor, investigador y Director de la División de Ciencias
Económico Administrativas de la UACH
La prensa de esta semana publica notas que dan cuenta de sonados éxitos empresariales en el aumento de utilidades. Cito aquí algunos de esos casos. Según datos de la Secretaría de Turismo, aumentó el flujo de visitantes extranjeros al país: entre enero y mayo llegaron 13 millones de viajeros, 7.2 por ciento más que en el mismo período del año anterior; el ingreso por divisas así generado fue de 7 mil 713 millones de dólares. En otra nota se dice que, en la industria refresquera, en el segundo trimestre, Pepsi Cola México aumentó en 4 por ciento sus ventas. En construcción, el consorcio Pinfra elevó sus ingresos en mil 243 millones de pesos, 81 por ciento más. La empresa española Iberdrola, especializada en electricidad y gas natural, aumentó en el primer semestre en 30 por ciento su flujo operativo (beneficio bruto calculado antes de intereses, impuestos y depreciaciones, el llamado Ebitida); a nivel mundial, México aporta a esa empresa el 18 por ciento de su flujo operativo. El consorcio Ara, en el sector de la construcción, incrementó sus ventas en el segundo trimestre en 23 por ciento, y en 31 por ciento su flujo operativo: la expectativa es que sus acciones subirán en 6.6 por ciento para el cierre del año. El grupo Posadas (que controla los hoteles Fiesta Inn y Fiesta Americana) elevó en el segundo trimestre en 17 por ciento sus ingresos y en 52 por ciento el flujo operativo. En fin, Grupo Carso elevó en el segundo trimestre en 26 por ciento su flujo operativo.
    Más allá de esos casos singlares, como cada día repiten los funcionarios, México es “potencia productora de automóviles”: la inversión extranjera en el sector ronda los 23 mil millones de dólares, y en el primer semestre las exportaciones aumentaron en 11.5 por ciento respecto al año anterior (El Financiero, 27 de julio). Al día siguiente, este mismo medio publicó una nota donde se pondera la capacidad exportadora general de México: “Ventas externas per cápita de México superan a China. En el valor de las exportaciones de mercancías, cada mexicano exporta anualmente un promedio de 3 mil 358 dólares. Esto es casi el doble que los chinos (mil 713 dólares), y 13.3 veces por encima de los hindús (252 dólares), de acuerdo con datos de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y del Fondo Monetario Internacional (FMI)” (El Financiero, 28 de julio). A nivel macro, el PIB del país ha crecido en 3.3 por ciento en el transcurso de la presente década. En resumen, se genera cada día más riqueza; sin embargo, la realidad, contradictoria como es, muestra que no todo es miel sobre hojuelas y revela profundas contradicciones de la economía.
    Ante tanta bonanza, el más elemental sentido común sugiere que debieran existir altos niveles de bienestar, pues hay riqueza bastante para ello, y cada día más. Pero no es así, sino al contrario. El día 24 de este mes la prensa publicó el resultado de medición de pobreza del Coneval para el período 2012-2014, que arroja un aumento en el número de pobres: de 53.3 a 55.3 millones; o sea que en cada año transcurrido, desde la clase media baja se precipitaron a la pobreza un millón de mexicanos. Para completar el cuadro, el 27 de julio el mismo medio informó que, según cifras del Coneval, aparte de los dos millones mencionados, otros 8.5 millones podrían correr próximamente igual suerte pues se encuentran ¡vea usted el eufemismo! “en situación de vulnerabilidad”. Esto, precisa el organismo, porque “Perciben ingresos inferiores al valor de la Línea de Bienestar que es de 2 mil 542 pesos […] Lo anterior quiere decir que si los 8.5 millones de mexicanos no elevan sus ingresos en el corto plazo y continúan en el umbral de la pobreza, la cifra de 55.3 millones de pobres reportados para 2014 podría aumentar en los años siguientes” (El Financiero, 27 de julio). Tendríamos entonces, siempre atendiendo lo que el gobierno admite, que el número de pobres podría saltar a 63.8 millones. Advirtamos que más que la cifra, seguramente maquillada, lo importante a destacar es la tendencia.
El contraste es escandaloso. Por una parte se narran los triunfos empresariales: más riqueza, más ventas, crecientes exportaciones, pero por otra, hay más pobreza y un acelerado deterioro de la clase media. Esta contradicción no es casual, sino expresión de la ley de la acumulación del capital, consustancial al desarrollo de la economía de mercado, operando sin taxativa alguna, dejada a su absoluta libertad. En el terreno teórico, lo que ocurre viene a refutar la llamada teoría de la filtración, según la cual el aumento de la riqueza creada beneficia automáticamente, vía mercado, a todos; basta con que haya crecimiento económico para que la riqueza se distribuya. Pero la realidad, más terca que las sedantes teorías, viene a dar el mentís, pues a la par de los impresionantes éxitos de las grandes empresas, hay un creciente empobrecimiento de la clase media, y aumenta la pobreza. No basta, pues, con el simple crecimiento. El mercado dejado a su libre acción no distribuye; es más bien terriblemente concentrador, característica inmanente a él.
    Consecuentemente, para reducir la desigualdad económica y la pobreza, la realidad nos dice que debe intervenir otro poder que posibilite la distribución, y ése no es otro que el Estado. Y debe hacerlo mediante la aplicación de una política sistemática que se proponga firmemente, no en la retórica ni como simples paliativos al problema, sino como objetivo claro, firme y eficazmente medible, la reducción de la brecha del ingreso. Tal estrategia distributiva debe instrumentarse a través de un sistema fiscal progresivo que obligue a pagar más impuestos a quienes más ganan; una política de incremento salarial, superando el congelamiento de salarios que permite a las grandes empresas acumular ganancias a costa de los trabajadores; una reorientación en el gasto público a favor de los sectores sociales más desprotegidos, y el fortalecimiento del mercado interno sobre las exportaciones. Pero si el Estado, impedido por la oposición de los grandes corporativos empresariales, no interviene y renuncia a la tarea de elevar el bienestar social, en cuyo caso, el progreso sólo será posible con la intervención decidida de la sociedad civil, activa y políticamente educada, actuando como contrapeso al poder de los corporativos. Es la única forma efectiva de revertir, o al menos atenuar, la terrible, y peligrosa, polarización económica de nuestra sociedad.

 

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