Biodiversidad: el saqueo que viene
@UTufigno
Si bien la ciencia le atribuye al meteorito de Chicxulub la extinción masiva de especies animales, los mexicanos debemos agradecer a este evento la formación de sedimentos que dieron lugar a los yacimientos de hidrocarburos que impulsaron nuestro desarrollo en el siglo pasado.
Pero si el meteorito impactado hace unos 65 millones de años en la península de Yucatán fue catastrófico para la vida, otro evento celebrado en la misma zona amenaza con otra extinción: nuestra biodiversidad. Se trata de la decimotercera Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (COP 13 del CDB), desarrollada en Cancún, del 28 de noviembre al 17 de diciembre.
En esta Cumbre Mundial sobre Biodiversidad, “la Cooperación Alemana brinda soporte a las instituciones mexicanas en la preparación de diversos eventos vinculados a la COP 13”. Así, múltiples empresas alemanas, tan diferentes como la industria automotriz y la farmacéutica, entre otras, son “generosas” patrocinadoras.
Nuestro país es la cuarta mayor biodiversidad del planeta y no es raro que Alemania le haya puesto el ojo al entreguismo de nuestros gobernantes para que México sea usado como la puerta de entrada a la región latinoamericana ya que ésta cuenta con los países más ricos en biodiversidad: Brasil, Colombia, Ecuador, Venezuela, países que no han renunciado a su potestad soberana en materia de biodiversidad.
De los cerca de 10 mil participantes en esta Cumbre, los más interesados son los europeos, tal vez porque no hay ningún país europeo que califique como “megadiverso”. Seguramente sólo soy mal pensado pues ¿qué puede haber de malo en una Cumbre donde se habló de “plantitas” y del supuesto cuidado de la naturaleza?
A finales de 2008, Achim Steiner, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, presentó una iniciativa basada en el concepto de “economía verde” como la fórmula para “reactivar los mercados mundiales de manera sustentable”. En otras palabras, “la conservación y el uso sustentable de la biodiversidad” tiene como uno de sus fines su comercialización bajo las reglas del libre mercado.
En segundo lugar, debemos considerar el peligro que implican los derechos de patente sobre un organismo que ha alterado su naturaleza gracias a la biotecnología. No me preocupan los eventuales beneficios que una modificación genética pueda proporcionar, sino la apropiación comercial de la naturaleza que implica abrir más la brecha entre los países desarrollados y los menos favorecidos, donde México sólo sería un surtidor de “materia prima”.
Hace 21 años la Oficina Europea de Patentes (EPO) otorgó la patente de un derivado biotecnológico del árbol de neem (pronúnciese “nim”), nativo de la India -utilizado milenariamente para uso medicinal en casos de hepatitis, malaria e incluso cáncer y prevención del SIDA- al Departamento de Agricultura de los Estados Unidos y a la empresa WR Grace, conocida en Estados Unidos por casos de afectación al ambiente.
El gobierno indio reclamó la decisión y la EPO rectificó al reconocerle derechos a la India. WR Grace apeló bajo el argumento de que su “uso tradicional nunca se ha publicado en ninguna obra científica”. Bajo esta línea argumentativa sería un genio quien publique que debemos beber agua cuando tenemos sed.
Alemania es el primer importador de plantas de uso farmacéutico y el uso de fitofármacos es habitual en dicho país, por lo que no me extraña su particular interés en la Cumbre. Lo que poco se sabe es qué otra cosa hay detrás de ello o a cambio de qué consiguió Alemania tener mano en nuestra biodiversidad.
En abril de 2016 tres diarios alemanes publicaron un informe de la fiscalía de Stuttgart donde se detalla que la empresa alemana H&K vendió más de 10 mil rifles G36 a México durante 2006 y 2007, cuya exportación estaba prohibida. El caso Iguala destapó esta red de tráfico ilegal pues al menos 36 armas alemanas fueron decomisadas a la policía municipal, misma que las usó la noche del 26 de septiembre de 2014.
Mientras se celebraba la Cumbre en Cancún, Enrique Peña visitó de la mano de Julia Carabias la región de Montes Azules en Chiapas, donde al menos 15 comunidades indígenas se pronunciaron contra la presencia de la Gendarmería Ambiental que, tal parece, nació para cuidarle “el changarro” a los alemanes.