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La Verdad del Sureste

El candidato bisagra


Justo cuando Luis Videgaray parecía haber recobrado su fuerza como posible delfín para el 2018, tuvo un “trumpicón” de esos que no dañan el físico pero que hieren profundamente. Su necedad –o intermediación, vaya usted a saber- para traer al candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos fue suficiente para lograr lo que no había logrado la oposición ni los empresarios: su salida del gobierno.
    Desde siempre se sabía de la estrecha relación entre Enrique Peña y Luis Videgaray: desde que fue su Secretario de Finanzas en el estado de México y luego su coordinador de campaña en 2012. Su relación era tan abierta y tan solidaria que hasta tenían amigos comunes, como Juan Armando Hinojosa, de Grupo Higa (el de los jacalitos de Las Lomas y Malinalco). 
    Sin embargo, la amistad no fue suficiente ante las tensiones que se generaron al interior del gabinete presidencial. La imaginería popular atribuye su salida únicamente al vecino distante, pero no; es un hecho que desde hace varias semanas circulaban versiones sobre su salida para dirigirse hacia el estado de México, ya sea como candidato o para coordinar la próxima campaña a gobernador.
    Había algo más que pesaba en contra del ex Secretario de Hacienda. El sector empresarial no lo veía con buenos ojos desde la llamada reforma hacendaria, cuya autoría intelectual pasó primero por la mente de Videgaray y luego se materializó en el Congreso de la Unión con la complicidad del PRI, PAN y PRD, principalmente.
    En este escenario las simpatías de los empresarios han estado -desde hace tiempo- con el nuevo Secretario de Hacienda, José Antonio Meade (por favor, pronúnciese “mid” por aquello del pudor verbal y los juegos de palabras). ¿Quién es José Antonio Meade? Para comenzar, permítame decirle, amigo lector, que el mismo día en que se anunciaba la dimisión de Videgaray, un diario de circulación nacional publicó una entrevista –muy conveniente, diría yo- con quien se convertiría en el nuevo Secretario. En dicha entrevista, Meade defendió a Peña y justificó la visita de Trump porque “fue una intervención que sirvió al país, y que sirvió a los mexicanos”.
    La defensa de Peña, su conocimiento del área financiera, y su perfil amigable ante propios y extraños (por ejemplo, no es raro ver al nuevo Secretario comiendo en una taquería del sur de la Ciudad de México o viajando en transporte público), hicieron de Meade el relevo natural para suceder a quien sirvió de agencia de viajes a Donald Trump. Pero las habilidades de José Antonio Meade no se detienen aquí.
    En un caso que podría ser casi único, el nuevo Secretario de Hacienda ha ocupado cinco cargos a nivel secretaría de Estado de manera consecutiva desde finales del gobierno de Felipe Calderón: Energía, Hacienda, Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y nuevamente Hacienda. Sin embargo, su trayectoria en el servicio público se remonta a las épocas del gobierno de Salinas y, por lo visto, no tiene preferencias partidistas ni ideología, a no ser que él encarne la unión de los azules y los tricolores.
    Supongo que sólo es anecdótico que el padre del nuevo Secretario sea un funcionario priista –e incluso diputado en algún momento- ligado a nombres como José Ángel Gurría o David Ibarra, o que su tío abuelo materno, Daniel Kuri, haya sido miembro fundador del PAN. Bueno, tal vez no es tan raro si pensamos que la esposa de Luis Videgaray, Virginia Gómez del Campo, es prima de Margarita Zavala, como para que todo quede en familia. Éstas y otras razones más –la caída de Peña, por ejemplo- hacen de Meade un candidato ideal para el 2018 en caso de que los tricolores no cuenten con alguien propio que pueda afrontar la contienda presidencial. Pero también sería un aspirante a quien los panistas verían con agrado. Dos en uno. Por lo pronto, el primer reto para el Secretario fue presentar el “paquete económico” 2017 (ingresos y egresos), que prevé un crecimiento económico que oscila entre el 2.5% y el 3.5%, a pesar de que la expectativa del Fondo Monetario Internacional es del 2.1%. Sé que seguramente ni siquiera le dio tiempo de leerlo, pero no tendrá problemas ante priistas y panistas, aunque la responsabilidad del cumplimiento de las metas será suya. ¿Estará enterado? 

 

 

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