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La Verdad del Sureste

Castillos en el aire


Se lleva a cabo el último debate entre los candidatos presidenciales. Los moderadores propuestos asumen una actitud menos protagónica que los periodistas que llevaron el debate previo. Jaime Rodríguez, “el Bronco”, vuelve a ser el centro de la atención, aunque no por sus propuestas. El formato sigue siendo rígido y los tiempos acotados no permiten que los candidatos se explayen. La novedad es que no hay novedad.
    Miércoles 13 de junio. La portada de un medio impreso de circulación nacional alegrará la mañana de Ricardo Anaya. Dicha portada –que no dudo vaya a ser enmarcada por el panista- cabecea: “Gana Anaya 3-1”. La cifra es engañosa, pero no porque parezca marcador de partido de fútbol, sino porque expresa el sentir de “consejeros editoriales y líderes ciudadanos convocados por Grupo Reforma”. Para ellos, el ganador del encuentro fue Anaya.
    Del resto de los medios nacionales destaca el que ofrece una estadística: “36 ataques, 59 propuestas”. Los ataques se centraron en supuestos actos de corrupción. Anaya, como siempre, agotó las cartulinas de las papelerías de Mérida, sede del debate, con una diferencia: si antes parecía llevarlas ordenadas y tener estructuradas sus ideas, en esta ocasión se mostró titubeante y sólo su sonrisa congelada permanecía sin cambios.
    Viernes 15 de junio. José Antonio Meade publica en su cuenta de Twitter: “Aquí tienen la señal que muchos esperaban. Con base en esta encuesta seria y robusta que difundió hoy (David Páramo) estamos en un claro y ascendente segundo lugar y vamos recio hacia la victoria”. Euforia desbordada.
    Tal vez debido a su cercanía con Armando Ríos Piter, “el Jaguar”, quien acaba de obtener un amparo para poder consumir mariguana con fines lúdicos y medicinales.  
    Hagamos un ejercicio y demos por buena la encuesta que el priista llama “seria y robusta” y que anexó a su comentario. Dicha información refleja que el “claro y ascendente segundo lugar”, de 24 puntos al 5 de junio, partió de 16 puntos el 21 de abril.
    Es decir, habría crecido 8 puntos en 6 semanas, y si siguiera con el mismo ritmo, para el día de la elección llegaría a un máximo de 28 puntos. Por cierto, no les dije que en esa misma encuesta, “seria y robusta”, Andrés Manuel tiene 44 puntos. ¿Qué le hace pensar a Meade que va “recio a la victoria”?
    En las épocas en las que los boxeadores mexicanos iban a disputar o defender algún título mundial a Japón, había que ganar por nocaut pues de lo contrario los jueces no les reconocían ningún triunfo. Algo así debe ocurrir en la actual contienda electoral para que no existan las tentaciones de fraude por parte del partido en el poder, y si acaso la tienen, el nivel de votación debe resistir las acometidas de los operadores electorales.
    Para ello, la participación y organización de la defensa del voto es fundamental.
    “Poder del estado” y “fuerza del estado”, son palabras que repiten los priistas como argumento para rebatir las tendencias que muestran las encuestas.
    Si lo analizamos, lo que en realidad quieren decir es que el estado (PRI-gobierno) cuenta con una maquinaria electoral en donde lo importante no es la democracia expresada en el voto del ciudadano, sino la capacidad de compra del voto, de coacción y de la utilización de recursos públicos para los mismos fines. Algo así como lo ocurrido el año pasado en la elección del estado de México.
    Es verdad que las encuestas son instrumentos de medición que han mostrado debilidades en distintos procesos electorales, tanto en México como en el extranjero, por ello la fiabilidad del resultado no debe atribuirse a una sola encuestadora sino a un grupo de ellas, las más serias, a partir de las cuales se determina una tendencia.
    Al día de hoy, la tendencia respecto del primer lugar está muy clara –reconocida por el propio Meade-, así que la disputa está centrada en el segundo lugar.
    Pero, ¿quién quiere ser segundo lugar en una contienda donde únicamente importa ganar?
    Pocos, muy pocos podrían rescatar un capital político a partir del segundo lugar y transformarlo en una especie de fuerza creadora.
    Quien asuma así la presidencia llegará con una enorme carga de legitimidad. Falta poco para verlo.  

 

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