Comes y te vas


Vicente Fox no sólo fue un traidor a la democracia sino también a uno de los pocos rubros que los gobiernos del PRI habían mantenido –más o menos- a buen nivel: el de la diplomacia internacional. Me queda claro que el manejo de las relaciones internaciones y la aparente defensa de la soberanía nacional era una forma de auto protegerse para evitar cuestionamientos externos respecto de los asuntos internos, pero la política del “farol de la calle” le ganó cierto prestigio al Estado mexicano. Hasta que llegó Vicente Fox y, con éste, Jorge Castañeda.
    Bajo los colores blanquiazules se transformó la política exterior y se degradó al extremo de la vergüenza con el famoso “comes y te vas” que Fox le dijo a Fidel Castro –para no incomodar a George Bush- en una reunión Cumbre celebrada en Monterrey. El comandante histórico, todavía fuerte y completamente lúcido, aguantó el insulto y, en tono burlón, contestaba que sí a las múltiples peticiones del mandatario mexicano. Pero luego, ante las mentiras foxistas respecto de la súbita despedida del presidente cubano, éste tuvo que exhibir el cinismo del hombre de Guanajuato. ¿Acaso Fox supuso que estaba ante un ingenuo?
    Cuba y los Estados Unidos, con la intermediación del Vaticano y la participación de Canadá, acaban de dar una lección de diplomacia al mundo. Más de 50 años de desencuentros entre el país que se erige como gendarme del planeta y su “piedra en el zapato” se encaminan a su fin con el restablecimiento de relaciones entre el gobierno de La Habana y el de Washington. El siguiente paso, el levantamiento del ilegal e inhumano bloqueo económico, aunque tiene que pasar por los legisladores de la ultraderecha norteamericana, deberá sucumbir ante la ineficacia de los argumentos de la sinrazón del bloqueo, tal y como lo reconoció el propio Barack Obama.  
    Durante estos más de 50 años, distintos presidentes de los Estados Unidos han ocupado la Casa Blanca y, salvo el caso de Obama, todos llegaron a afirmar que “la caída del régimen de Cuba estaba cerca” y que serían “el primer presidente norteamericano en pisar Cuba libre”. Pero ni George Bush padre, ni George Bush hijo –y supongo que ni George Bush espíritu santo-, vieron cristalizadas sus palabras. En parte, debido a la resistencia del pueblo cubano y a que las condiciones de Cuba eran distintas a las que tenían los países controlados por la Unión Soviética, pero también por una intensa actividad diplomática del gobierno cubano ante la comunidad internacional.     
    Se pueden discutir muchas horas sobre el régimen cubano, pero lo que son incuestionables son ciertos indicadores asociados al Índice de Desarrollo Humano elaborado por la ONU. En el informe más reciente, los países latinoamericanos ubicados en las mejores posiciones son: Chile (41), Cuba (44), Argentina (49) y Uruguay (50), en tanto que México cada año pierde posiciones y ahora se ubica en el lugar 71. Esta realidad debió tener un peso importante para que el Papa Francisco decidiera apoyar el restablecimiento de la normalidad entre los países antagonistas, una tarea que probablemente comenzó cuando Juan Pablo II fue recibido en La Habana por Fidel Castro, en medio de las protestas del exilio cubano en Miami y de la más recalcitrante derecha norteamericana.     
    Entre otras cosas, la política es el arte de la negociación, pero no cualquier negociación: para que sea legítima debe implicar el beneficio de los gobernados y no los intereses personales de los gobernantes, algo que no entienden las cúpulas de nuestra clase política.
    A pesar de que me considero una persona interesada en los asuntos públicos, confieso mi ignorancia sobre la eventual reforma política del Distrito Federal que se pretendía aprobar en la última semana del periodo legislativo.
    Afortunadamente para quienes vivimos en la Capital, las vacaciones del Congreso de la Unión interrumpieron la intención de acelerar la reforma propuesta ante la Cámara de Senadores. Y es que, así como yo, millones de residentes del Distrito Federal ignoran lo que se ha negociado entre las fuerzas políticas mayoritarias para marcar el destino de la Ciudad de México. Me parece que lo menos que se espera de un gobierno “democrático”, es un amplio proceso de información y consulta a los capitalinos.

      

 

 

 

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