La Controversia
Tenemos alas
¿Será eso todo, para nosotros?. Se preguntaba constantemente el niño campesino.
Diario, veía como su padre y sus hermanos con machete en mano, salían muy de mañana rumbo al trabajo. Mamá se despertaba igual de temprano, tenía que hacer el café o el atole, y tostar las tortillas para que desayunaran los que se irían, y ponerle en el morral de cada quien su bola de pozol envuelto en hoja de plátano.
Al medio día, los veía regresar, todos sudados, cansados y agotados. Y cada fin de semana, comentaban que iban a cobrar.
¡Pero no alcanza para comprar las cosas!. Comentaba el padre.
¿Eso será todo para nosotros, no hay nada más allá?. Se preguntaba constantemente el jovencito al escuchar todo.
Su padre y hermanos se iban al trabajo y regresaban a la misma hora diario. No tenían descanso. El domingo de cobro, su ánimo se veía diferente, ellos había comprado botellas para tomar de ellas, el olor del liquido era fuerte, muy diferente al café o al pozol, eso los hacía cambiar en sus rostros y al hablar. El lunes otra vez a lo mismo. Observaba el niño.
¿Y qué haces en el trabajo?. Preguntó una tarde el niño al padre.
Limpiamos el terreno del patrón, para hacer siembras de maíz y frijol. Dijo el padre.
¿Y tú por qué no limpias tu terreno y siembras en él?.
Si lo podemos hacer, pero primero hay que hacer el trabajo del patrón, para que nos pague. Dijo el padre.
¿Y de dónde saca dinero el patrón para pagarte?. Preguntó el muchachito.
Del maíz y el frijol que sembramos en su terreno. Contestó el padre.
¿Y por qué no siembras tu terreno y sacas dinero como el patrón?. Preguntó el niño.
Porque si siembro en nuestro terreno, el patrón se quedaría sin nadie quien le cosechara en su terreno de él, y entonces se enojaría el patrón mucho y dejaría de tener amistad con nosotros; y porque si no trabajamos para él, nadie nos pagaría nada. Contestó el padre.
¿Y cómo cuánto gana el patrón de lo que tú le cosechas?. Preguntó el niño al padre.
¡Deja en paz a tu papa hijito, está cansado y quiere descansar un poco, antes de irse con tus hermanos a darle de comer a los puercos que tiene en el chiquero el patrón!. Dijo la madre.
Pero el padre le volvió a contestar al niño. Gana mucho, muchísimo dinero hijo. Le respondió el padre al niño.
¿Y por qué a ti te paga muy, muy, muy poquito el patrón?. Preguntó el niño. ¿Y cómo sabes tú?. Preguntó el padre. Porque tu le dices a mi mamá que lo que cobras no te alcanza. Justificó el niño.
¡Papi, yo quiero ser patrón de grande!. Dijo el niño.
No hijo, tú serás campesino como yo y tus hermanos, así podrás ganar un jornal diario para que vivas. No tenemos más que hacer hijo, así nos tocó vivir.
¿Y cómo convierte el patrón en dinero el maíz y el frijol?. Preguntó el niño.
Pues lo vende, y le pagan dinero. Dijo el padre.
¿Y por qué tu no haces lo mismo?. Preguntó el chico.
Porque yo no puedo vender la cosecha del patrón. Respondió el padre.
¿Y por qué no siembras tu terreno, cosechas y vendes, para que tengamos mucho dinero como el patrón?. Preguntó insistente el niño, que estaba sentado en el suelo mirando al padre que estaba recostado sobre una hamaca vieja de henequén.
Esa última pregunta no fue respondida por el padre, porque el ladrido de los perros anunció la llegada de alguien por la puerta de atrás del solar en el que vivían.
El padre no tenía grandes extensiones de tierras, pero por lo menos unas 5 hectáreas, en donde pudo haber cosechado, vendido y ganado dinero. Pero siempre creció y estuvo dogmatizado, por tradición familiar, a ser trabajador del rancho del patrón vecino. Y aunque tenía todo para poder cultivar y cosechar, estaban siempre habituados a ser trabajadores, a no disponer de su propia libertad, a ser mandados por el patrón.
Un campesino que tiene la mano de obra y cultiva terrenos de un patrón, tienen y cuenta con la herramienta necesaria para hacer lo mismo y poder ser libre, cuenta con la mano de obra, que es la que realmente necesita todo patrón para poder hacer florecer sus negocios. Y si el de mano de obra la usara para sí mismo, dejaría de estar sometido a intereses de un patrón.
El campesino y el pueblo tienen que descubrir que tienen alas.
Cada idea, cada sueño, cada visión de un ser humano, esas son alas manifestándose y reclamando ser liberadas para empezar el vuelo. Solo tenemos que dejarlas que se abran al aire y empecemos el vuelo.
Cada día, las alas de los mexicanos son cortadas. De eso se encarga el sistema. Lo peor, es que muchos, millones de mexicanos han aceptado que les corten sus alas. Siguen aceptando los hábitos impuestos, para que no tengan ideas, para que sus sueños solo queden en eso, sueños, para que sus visiones no le sepan a nada.
¡Ya no lo permitan!.
Mira mexicano, tú tienes alas, tu puedes volar, y tú tienes todo el poder, porque tú los haces volar a ellos, mientras tú te quedas en el suelo viéndolos volar, pero no te das cuenta que eres tú quien los haces volar.
El niño, quiso con su propio esfuerzo volverse águila; ¡y es un águila que se echó a volar sobre las montañas!.
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