CONVULSIÓN PLANETARIA: LA FILOSOFÍA ES DECLARADA MUERTA
Parece que la moda es hacer a un lado, con un mohín de desprecio, procesos tan complejos como la reflexión, y la introspección, necesarios en un contexto mundial donde la inmediatez de los hechos y la difusión en los medios requiere de una explicación de lo que sucede y porqué.
En su momento el científico inglés Stephen Howking afirmó que la filosofía había muerto, y sólo la ciencia, específicamente la física, podría encargarse de darle una explicación a los seres humanos sobre las interrogantes más trascendentales de la vida.
Y no se hizo esperar, el efecto fue contundente, bastó la opinión de un científico para empezar el desmantelamiento de las facultades de filosofía en algunas universidades. Por cierto, ya pasó recientemente en Madrid, en la Complutense, donde en una carta dirigida al rector, se le pedía que impidiese semejante desatino; en su momento se incluyó a la Universidad Nacional Autónoma de México en ese desmantelamiento, en el tiempo en que el Dr. José Narro fue rector y denunció la intención de organismos internacionales, de hacer desaparecer del cuerpo curricular de asignaturas a la filosofía. El llamado hizo eco en las escuelas de educación media superior, donde curricularmente, fue movida en la ubicación para los estudiantes de bachillerato, dejando asignaturas de procesos cognitivos superiores en niveles básicos, y asignaturas de procesos complejos en años terminales; con esto, el alumno sufría de cierto nivel de confusión, pues entre los años intermedios se dejó de lado la continuidad del pensamiento crítico, que sólo la filosofía es capaz de llevar a cabo.
Vivir el mundo es un continuo ejercicio de introspección, recuérdese que vivimos en continua interacción con otras personas, y lidiamos con nuestras emociones y en algunas ocasiones con las ajenas, ahí cabe la filosofía. Atentados en escuelas, bombardeos en poblados pacíficos, ahí cabe la filosofía. No se trata de declararla muerta e incapaz de ejercer de nana y sermonera de la vida; más bien su objetivo es entender al ser humano, las motivaciones, y cómo desde las diferentes escuelas de pensamiento podemos abordar una situación.
Gracias a ella se hace factible el ejercicio de la ciencia, de brincar con gracia de ella a la epistemología su eterna amiga, para asimilar cómo es posible el conocimiento, de ella abreva la ciencia política para estructurar las tendencias ideológicas de los partidos. Pero, el asunto es cómo abordar desde las ideologías el actual ejercicio político si lo que menos hay es seso político, pero sí abunda mucho el oficio comercial de la política.
La aparición de movimientos convulsos como la xenofobia, islamofobia (repulsión a todo lo que sea musulmán) en la actual Europa, obedece a una serie de transformaciones que el sistema capitalista, como sistema económico está sufriendo. Se llama adaptación desde las entrañas mismas del capital que está mutando, o en términos más cercanos: cambia para crecer y sobrevivir, no para desaparecer.
Si en el sistema colonial se estableció la palabra raza y negro para aplicar la diferencia entre sujeto y objeto, es decir, todo lo que se pueda comprar y vender, incluidos los seres humanos, en los actuales tiempos esa mutación que sufre el capital tiene que ver con un incesante movimiento que no se detiene así pase el tiempo: los movimientos migratorios, ahí cabe la filosofía. Pues el grado de calidad de vida al que han llegado algunos países del viejo continente, hace reflexionar a sus ciudadanos sobre la posibilidad de ver llegar a otros, con otras costumbres, que no son las de ellos, y que llegan a establecerse con su cultura, con su ideología, con su cosmovisión de vida, y eso implica que no quieran perder los espacios que han logrado. Sólo la razón que la filosofía pueda establecer, desde la reflexión, hace posible hallar soluciones a un momento que vive este planeta, que sólo es comparado con el largo, en ocasiones injusto, proceso de la primera revolución industrial.
De muerta nada tiene la filosofía, y sí es útil en las condiciones de supervivencia de los actuales grupos humanos, una tormenta que se lleva la razón y la conciencia del entorno. Necesitamos hacer un alto y reflexionar sobre el sentido de la vida.