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La Verdad del Sureste

Dejar gobernar, un acto democrático


Es necesario respetar los consensos y el voto popular
La política tiene acepciones concretas y sobre ella se maneja una serie de interpretaciones que va desde la doctoral, a la más simple, y de lo más ruin a las más constructivas y positivas concepciones teóricas y planteamientos prácticos.
     Existen reglas, métodos, fórmulas, herencias y cultura, de una política generada a partir de la permanencia del Partido Revolucionario Institucional en el poder por casi un siglo; lo que generó que esa organización política funcionara como la columna vertebral del Estado, toda vez, que durante su larguísima vida se logró la consolidación de la nación.
     Sin embargo, el hecho de ser partido único, hegemónico y totalitario creó un sistema clientelar organizado en sectores con la doble intención es servir y controlar; cuyas dirigencias estuvieran conformadas por los hombres y mujeres más representativos de la sociedad. Era la UNAM, por ejemplo, el semillero de políticos mexicanos, que se preparaban para dirigir los destinos del país.
     Ese partido, que así como los dictadores y jefes de clanes totalitarios del renacimiento, cayó en el error de creer que era el único capaz de gobernar, el que sabía y conocía las artes del buen gobierno y que se le debía la propiedad del país. Por lo que se oponía y resistía a dar paso a la creación de verdaderos partidos, y por lo tanto a escuchar las voces que señalaban los errores en los que incurrían como gobierno y que socavaban la integridad de las instituciones con vicios como la corrupción, la impunidad y la asociación con el crimen que fueron arraigándose. Así se construyó una negra historia en la que los asesinatos y crímenes contra la población hasta el día de hoy permanecen sin resolverse.  
     La historia nos enseña de experiencias como el conflicto estudiantil del 2 de octubre de 1968, donde se habla de cientos de muertos, miles de heridos y otro tanto desaparecidos; la Masacre del Jueves de Corpus, ocurrido en la Ciudad de México, el 10 de junio de 1971, cuando una manifestación estudiantil en apoyo a los universitarios de Monterrey fue violentamente reprimida por paramilitares. Casos ocurridos durante los presidentes Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez, mismos que siguen sin ser juzgados como culpables.
     El surgimiento de grupos guerrilleros como el de Lucio Cabañas, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el Ejército Popular Revolucionario (EPR), la matanza de Aguas Blancas en 1995, y los hasta hoy 43 normalistas desaparecidos en el estado de Guerrero; la muerte de Luis Donaldo Colosio y de otros políticos contemporáneos; la creciente ola de terror generada por el narcotráfico, entre otros sangrientos eventos, fueron síntomas de la debilidad de los gobiernos priístas y el creciente descontento social.
    Que obviamente, los militantes, dirigentes y gobiernos emanados de ese partido, se negaban a ver. Y que lejos de detenerse y revisar sus resultados, buscaron ignorar.  
     Condiciones que dieron pauta al fortalecimiento de una oposición política real, que en su organización y conformación sirvió de acicate para el nacimiento de la Comisión Nacional Electoral (1988), y sus respectivos órganos electorales en cada entidad federativa; lo que indicaba la posibilidad de que se llevaran a cabo elecciones constitucionales, competidas, legales y democráticas. Al mismo tiempo que el pueblo de México se dirigía hacia una alternancia política, por medio del sufragio.
     Tabasco es producto de esos cambios de gobierno logrados a partir de una elección constitucional, y de la voluntad ciudadana; por lo que en el 2012, la alternancia llegó al gobierno del estado, y con ello sus propuestas políticas legítimas.
     A tres años de administración estatal, la gente votó por candidatos de un partido distinto al PRI, votó por que así lo decidió, votó por que confió en que el actual gobernador era el mejor candidato. Por eso votó, y por lo tanto se debe de respetar la decisión ciudadana.  Sus adversarios lo deben de entender y no cerrar con sus actitudes la ruta del progreso. Un progreso que los tabasqueños buscamos y nos merecemos.
     No tenemos que ser sabios para saber que los adversarios del actual gobierno, torpedean la administración, buscando socavar las instituciones y con ello impedir que los distintos programas oficiales logren resultados y se consoliden. Hay nombres de personajes conocidos que en las sombras y de la forma más ruin e ilegal promueven agravios contra la administración con el único propósito de hacer daño, descarrilar los programas, impedir los avances, estorbar. Los nombres de estos siniestros sujetos ya los conocen todos: uno se llama Manuel Andrade Díaz, el otro Roberto Madrazo Pintado, uno más Jesús Alí de la Torre. Es lamentable que no escuchen, ni lean los mensajes de la gente quienes no sólo les negaron el voto en las urnas, sino que ya no quieren más PRI por un buen rato.   

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